COLUMNISTAS FICCIÓN Y REALIDAD

Una foto de nuestro tiempo

El 13 de enero de 2012, el crucero Costa Concordia, de la compañía italiana Costa Crociere, dejó de flotar.

El 13 de enero de 2012, el crucero Costa Concordia, de la compañía italiana Costa Crociere, dejó de flotar. Ese día la nave encalló, abrió en su casco numerosas vías de agua de grandes dimensiones y quedó fuertemente escorada en aguas someras frente a la isla italiana de Giglio, en la costa de la Toscana, en el mar Mediterráneo, con las graves consecuencias de 32 muertos y 4.198 evacuados.

Un mes después, Vicente Verdú analizaba la tragedia en un largo artículo publicado por el periódico El País. El trabajo venía ilustrado con una fotografía firmada por Filippo Monforte y su mancha ocupaba media página de alto y casi una y media de ancho. Guardé esa foto. Lo curioso en ella, aquello que me llevó a conservarla, fue su carácter fantasmal o, mejor, hiperrealista, como un cuadro de Richard Estes. Como es sabido, los artistas hiperrealistas buscan inquietar, movilizar la mirada frente a lo real para que la conciencia asista a los detalles que lo cotidiano oculta; en este caso, invadir el campo de lo real alumbrando aún más que la propia fotografía. 

¿Qué escondía esta toma o qué exhibía que mi mirada no alcanzaba a percibir? Jean-Luc Godard lo puso ante mis ojos en una secuencia de su última película, Film Socialisme.

La mayor parte del film, desde su inicio, está rodada en un crucero. La nave atraviesa el Mediterráneo en un viaje real y virtual. A bordo descubrimos al filósofo Alain Badiou dando una conferencia en una sala vacía del barco como probablemente hayan estado las escasas salas de cine donde se exhibió la película. Otra pasajera, Patty Smith, deambula por la cubierta o cruza uno de los salones del barco rasgando su guitarra y canturreando algo ante la total indiferencia de los demás turistas. Un joven fotógrafo, que entra y sale de escena, en un momento enfrenta a la cámara y se pregunta: “¿Qué causa la luz?”. Y la respuesta que aventura podría ser la trama de la película: “La causa la oscuridad”.

La oscuridad de este tiempo atraviesa toda la película y viaja en esa nave cuyos pasajeros van por la vida a oscuras, a la deriva, en un barco que también lo está a pesar de seguir un trayecto fijado. Atolondrados frente a las tragamonedas del casino de a bordo; narcotizados en la discoteca de noche o entregados a la mística de una misa oficiada en la misma discoteca de día; esperando en la cola del desayuno o compartiendo, hacinados, la comida en un correlato con tedio y sin ansia de un comedor social; practicando en masa una sesión desprolija de aerobic o cayendo ebrios en la piscina. La misma oscuridad a bordo que en tierra firme en esa Europa que Godard dice que no hay que hacer ni construir porque está hecha hace mucho tiempo. Esa es la gente que no se ve en la foto de Filippo Monforte pero que está en ella; la gente que nos retrata a todos. Y la pude ver cuando, en la película, al llegar a un puerto, los pasajeros comienzan a descender y, en el lateral de la escalera, se lee el nombre del crucero: Costa Concordia. Godard rodó el film en 2010, dos años antes de que la nave naufragara.

El barco hundido de la foto, el mismo en el que filmó su obra Godard, está en el fuera de cuadro de la película ratificando su tesis, y el film, a su vez, está fuera del campo visual de la fotografía de Monforte explicando la tragedia.

Un niño, al final de la película, pone su atención en el reloj de una mujer y la interroga al advertir que éste no tiene agujas. “Pero tiene tiempo”, contesta ella, “no lo vemos pero está”.

Pareciera que, como ese reloj, el mundo también se mueve sin agujas. Ciudadanos perdidos de una Europa que, al decir de Godard, está construida hace tiempo, entre otros por los griegos, de quienes somos deudores de mucho de lo que tenemos y a quienes los nuevos constructores no dejan de reclamarles deudas. Pero tenemos tiempo, y el tiempo es el otro detalle que en la foto tampoco salta a primera vista.

*Escritor y periodista.