COLUMNISTAS UNIVERSIDAD

Una mirada sobre las graduaciones responsables

En distintas universidades públicas y privadas se vienen implementando proyectos para crear conciencia en los egresados y sus familiares sobre la importancia de celebrar sin crear perjuicios.

Ceremonia. El acto de finalización del ciclo es un momento soñado por muchos de los estudiantes. Actualmente, se busca generar políticas para disfrutar esa meta.
Ceremonia. El acto de finalización del ciclo es un momento soñado por muchos de los estudiantes. Actualmente, se busca generar políticas para disfrutar esa meta. Foto:Gentileza: universidad nacional de Mar Del Plata
En los últimos años, en las instituciones universitarias de la Argentina se vienen suscitando festejos con excesos durante las graduaciones, en los cuales se producen varios perjuicios. Antes, el ritual de los alumnos que se recibían representaba la superación de todas las demandas que supone el paso por la universidad. Pero últimamente se ha ido vaciando de contenido, convirtiéndose en una serie de actos con indeseadas consecuencias para las personas y el entorno, que se dan a la cita de aquello que a priori es una fiesta.
Estos festejos, con el tiempo, han adquirido un mayor grado de violencia. Desgraciadamente, y con alguna frecuencia, afectan la salud de los graduados y los desperdicios se descomponen en espacios públicos que son lugares de convivencia para vecinos y transeúntes. Asimismo, se estima que se arrojan aproximadamente 4 kilos de alimentos por alumno, que equivalen a 12 platos de comida, y por último, la limpieza de esos espacios demanda cerca de mil litros de agua por hora, lo que representa la misma cantidad de agua que necesitarían casi veinte personas diariamente para cubrir sus necesidades básicas de agua segura y controlada.
De este modo, el ritual del festejo deja de lado su aspecto central, su sentido, y termina convirtiéndose en una batalla campal que genera riesgos de salud, desperdicio de alimentos, contaminación del espacio público y el consumo de muchos litros de agua para la limpieza.
Resulta paradójico que el momento cúlmine de la formación universitaria tenga como postal la exaltación del mal gusto y la decidida desconsideración a las personas, el medio y los bienes. Además, resulta llamativo que los propios amigos y padres del graduado sean los propiciadores de tal desatino.
“Sé el cambio que quieres ver en el mundo”, con sabiduría y simpleza nos enseñaba el maestro Gandhi. En este sentido, es necesario crear conciencia en la comunidad universitaria respecto del compromiso social que representa el cuidado de la integridad de las personas, de los bienes del Estado y del ambiente. Esto significa adoptar medidas que cambien este hábito, sobre todo teniendo en cuenta que estamos en un mundo con inequidades sociales y recursos naturales finitos.

La respuesta de las universidades. Entre los programas emprendidos orientados a valores de solidaridad y ética, con el objetivo principal de prescindir del desperdicio de alimentos, con disímiles estrategias y apelando a consignas creativas, distintas casas de estudio comenzaron a poner manos a la obra. Así, la Universidad Torcuato Di Tella lanzó una campaña para evitar el derroche que ocurre durante los festejos de graduación bajo el lema “No me tiren, soy comida”.
En idéntico sentido, la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en conjunto con el Centro de Estudiantes, organizó la campaña “Festejos responsables, recibite con un 10” con el objetivo de dejar de desperdiciar comida sin necesidad de renunciar a celebrar. Lo propio ocurrió en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP y el Banco Alimentario de La Plata, que se asociaron para poner en práctica el proyecto “Festejos responsables”. El objetivo de la propuesta es transformar la tradicional celebración en una acción solidaria y responsable, recuperando alimentos que serán donados al Banco Alimentario de La Plata. También lo ha hecho la Universidad CEMA, con la iniciativa “Festejos de graduación sin tirar alimentos”. Así se fueron sumando la Universidad Nacional del Litoral, la de La Pampa, la de La Matanza y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires, entre otras.
Frente a estos desafíos, que implican –por un lado– un trabajo en lo institucional y normativo y –por el otro– uno en clave cultural, la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata se puso al frente de lo que parece al inicio una sencilla tarea, pero erradicar hábitos, aun los más elementales, en ocasiones no lo es. Los ejes apuntan a una convivencia sana, y pone una alerta tanto en el desperdicio de alimentos como en el innecesario consumo de agua. Nació así: “Que tu egreso sea un festejo, no un derroche”.
Los programas dirigidos a no desperdiciar alimentos plantean una alternativa de canje de la comida que se iba a tirar por un kit de cotillón, y de este modo, la comida recuperada puede ser donada y distribuida a quienes la necesitan.

El potencial del festejo responsable. El festejo responsable, aunque es una práctica social micro, tiene mucho potencial. De hecho, las vivencias y experiencias de las personas que pertenecen a la comunidad universitaria son relevantes para la afirmación de sus escalas de valores y comportamientos ambientales.
La celebración, así concebida, implica que la universidad desempeñe una función educativa informal de los futuros profesionales. Una educación para cambiar la sociedad, que contribuya a la mejora de la calidad de vida de las personas y de su entorno promoviendo nuevas pautas y conductas solidarias y ambientales.
El reto es crear bases para una cultura más pacífica, surgida de aprender a pensar y actuar de otra manera, que posibilite un desarrollo equilibrado y armónico individual y colectivo y con el entorno natural

Lo importante. Celebrar una ocasión tan especial como la graduación es algo importante, tiene el fin de enriquecer el recuerdo de un momento, el comienzo de la vida profesional de un alumno a través de gratas experiencias vivenciales como un momento positivo y de alegría. En definitiva, el festejo tiene importancia porque es una oportunidad de expresión lúdica. Y una actitud basada en el juego tiene una dimensión del desarrollo humano que puede ser trasladada a todos los órdenes de la vida, con potencial de transformación para una sociedad más solidaria y más ecológica.

*Decana Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Nacional de Mar del Plata. / **Directora del Grupo de Investigación de Economía Ecológica, Universidad
Nacional de Mar del Plata.

Monica Mabel Biasone* / Marcela Bertoni**