COLUMNISTAS PREMIOS

Una mujer inolvidable

Fue en un oprobioso y melancólico verano de los tiempos previos a la adolescencia, que mayormente pasé encerrado en un pequeño departamento que mi familia poseía en Miramar. Los desatinos de la especulación inmobiliaria de la zona habían llevado a que la sombra de los edificios cayera sobre la arena a eso de las tres de la tarde, hora en que yo bajaba a leer con la protección solar provista por los concejales enriquecidos. En ese verano tuve a mi primera mujer desnuda. Era la empleada doméstica, que dormía en el cuarto que ocupábamos mi hermana y yo, y que temprano en la mañana salía de la cama y, luego de estudiar si yo aún permanecía dormido, o quizá luego de comprobar que su espectáculo tenía destinatario, se quitaba el camisón y procedía a vestirse lentamente. Ese paso, el paso de la desnudez a la protección, invertía el procedimiento que podía observarse en infinidad de mujeres en la playa, pero al mismo tiempo, como estaba destinado sólo a mí, multiplicaba sus efectos.

Ese verano, además, conocí a una de las mujeres más importantes de mi vida: Nefer Nefer. Me la presentó un librero cuando, ante la pregunta de mi madre acerca de “qué puede leer un chico de su edad”, me entregó con cierta vacilación los dos tomos de Sinuhé, el egipcio, una novela publicada en 1945 por el finlandés Mika Waltari, y que en 1970 ya podía considerarse una antigüedad y un saldo. De hecho, dos o tres años más tarde, yo jamás me habría atrevido a reconocer la fascinación que me produjo aquel libro venturoso, prefiriendo en cambio opinar acerca del debate entre David Viñas y Julio Cortázar respecto de quién estaba más cerca del Che Guevara. Sinuhé, el egipcio es una novela extraordinaria por muchos motivos, y una lección de literatura para aquellos que no necesitan pensar que una obra está destinada al Premio Nobel…

Y Nefer Nefer te espera en la próxima columna.



dguebel