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Una noche, una película

Estoy al tanto de la existencia de regímenes de lo decible y lo indecible; y de las condiciones de posibilidad para figurarse ciertas formas del pasado, para otorgarle ciertos sentidos.

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Estoy al tanto de la existencia de regímenes de lo decible y lo indecible; y de las condiciones de posibilidad para figurarse ciertas formas del pasado, para otorgarle ciertos sentidos. Estoy al tanto también de que existen estancamientos en la representación, repeticiones oportunistas, cultivos rumiantes del más de lo mismo. Y a la vez, dicho esto, me pregunto: ¿qué quiere decir exactamente que un tema está agotado para la literatura o para el cine? ¿Cómo distinguir, llegado el caso, la saturación objetiva de un decir histórico y político de las meras y anecdóticas fatigas personales?

Pasé casi una hora y media respirando con la respiración de otro, con la ansiedad y con los ahogos de otro, con la resolución o la irresolución de otro. Casi una hora y media: lo que dura La larga noche de Francisco Sanctis, la tan valiosa película que hicieron Francisco Márquez y Andrea Testa a partir de la novela homónima de Humberto Costantini. Es verdad que no me enteré de nada que no supiera, ni pensé nada que no hubiera pensado antes. Pero, ¿de dónde sale esta pretensión de que el arte deba ser necesariamente comunicación de ideas, ilustración de pensamientos, revelación conceptual? Lo cierto es que estuve casi una hora y media sumergido en una ciudad admirablemente construida con la forma de una jaula inexorable. Marcado por la experiencia de La larga noche de Francisco Sanctis, los pasos en la noche del artificio de sus calles vacías no dejan hasta ahora de resonar en mi recuerdo.