COLUMNISTAS DIRECTORIO DEL BCRA

Una oportunidad para la reforma

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La reciente salida de dos directores del Banco Central de la República Argentina (BCRA) nombrados por el peronismo abre una interesante oportunidad para hacer al esquema de metas de inflación más sustentable en el tiempo. Antes de apurarse a reemplazarlos, el Gobierno debería evaluar hacerlo en el contexto de una reforma integral de la institucionalidad del BCRA.

La situación actual del directorio del BCRA es muy anormal, ya que siete de los ocho directores están nombrados “en comisión”; es decir, no tienen acuerdo del Senado. En realidad, lo más usual en la historia reciente es que los directores estén nombrados en comisión. Esta práctica fue usada en el pasado para asegurar la dependencia del directorio del BCRA del Poder Ejecutivo, la cual fue de hecho formalizada en la última versión de su carta orgánica.

Al mismo tiempo, el BCRA ha lanzado recientemente un ambicioso programa de “metas de inflación”, similar a los esquemas que han resultado tan exitosos en el resto del mundo.
El gran problema del nuevo esquema es que, como la mayoría de las políticas públicas argentinas, su sustento institucional es muy débil y es muy probable que sea revertido por el próximo gobierno. ¿Quién garantiza hoy que, por ejemplo, si Sergio Massa es electo presidente en 2019, continuará con este esquema? ¿Quién garantiza siquiera que mantendrá a los directores actuales? En la práctica, cada presidente ha nombrado y removido directores a gusto. ¿Quién garantiza siquiera que el próximo presidente nombrará un directorio de prestigio como el actual? El directorio durante los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner daba vergüenza por su pobreza intelectual y, en algunos casos, moral. 

El resultado de este despropósito institucional está a la vista. La Argentina nunca ha podido reducir la inflación a niveles razonables por un tiempo prolongado fuera del autoimpuesto corsé de la convertibilidad. Sin embargo, otros países, que en el pasado tuvieron problemas inflacionarios parecidos al de la Argentina, sí lo lograron.

Para hacer que el proceso desinflacionario sea sustentable en el tiempo se requiere un cambio en la carta orgánica del BCRA que se realice en el marco de un acuerdo con los partidos de la oposición. Esta reforma tiene que dar independencia formal al BCRA para lograr las metas de inflación. ¿Qué implica, en su esencia, que el directorio del BCRA sea independiente del Poder Ejecutivo? Implica que sus directores puedan tomar decisiones para cumplir sus objetivos sin temer ser removidos, y que un presidente no pueda nombrar más que unos pocos directores durante su mandato. En Chile, por ejemplo, el Banco Central tiene cinco directores, que duran diez años cada uno, pero los mandatos de estos vencen cada dos años en forma escalonada. Es decir, un presidente en Chile sólo puede elegir a dos de los cinco directores durante su mandato. Las designaciones en comisión también deben ser eliminadas de la carta orgánica.

El cambio de la carta orgánica y el acuerdo en el Senado de los directores tiene que hacerse con consenso. Esta es la única manera que sepamos que el principal partido de la oposición, el peronismo, se va a comprometer a mantener el esquema de metas de inflación si llega al Gobierno. Una manera de darle cabida es que pueda nombrar a algunos directores afines (siempre que se respeten ciertos requisitos de formación académica o experiencia práctica relevante, para evitar el mamarracho del último directorio del reciente gobierno peronista). Volviendo al ejemplo de Chile, allí existe una ley (no escrita) mediante la cual tres directores suelen ser afines a la coalición en el gobierno, y dos a la oposición. Sólo un cambio en la institucionalidad del BCRA sustentada en acuerdos interpartidarios nos permitirá suponer que la baja de la inflación será duradera y no otro experimento fallido más de la Argentina.

*Ex Economista Jefe para América Latina en Bank of America Merrill Lynch).

Marcos Buscaglia