COLUMNISTAS BRICS

¿Una política exterior peronista del siglo XXI?

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La IV Cumbre de los Brics, reunida en la ciudad brasileña de Fortaleza el martes último y que convocó a los jefes y jefas de Estado de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, acordó la creación de dos estructuras financieras del bloque. La primera, el Banco de Desarrollo de los Brics, una especie de Banco Mundial versión 2.0 dirigido a las necesidades de las naciones en desarrollo dentro y fuera del grupo, que funcionaría a partir de 2016; y la segunda, pautada por el Acuerdo de Reservas de Contingencia, es una suerte de Fondo Monetario Internacional (FMI) que, como el organismo financiero creado en 1944 en Bretton Woods, ofrecerá a las economías en desarrollo fondos de estabilización para hacer frente a dificultades en sus balanzas de pago o ataques especulativos contra sus monedas.

Un día después, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se sumó a la  cumbre en Brasilia, que reunió a los mandatarios de los países miembros de los Brics, con los de dos agrupaciones del continente americano: Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) y Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Fiel exponente del tradicional pragmatismo peronista, Fernández de Kirchner buscó allí sumar a la Argentina como miembro de los Brics, impulsada por una doble motivación: la de formar parte de un bloque que concentra el 25% del PBI mundial, maneja el 18% del comercio, conforma el 45% de la población mundial y ocupa la tercera parte del territorio del planeta, una influencia internacional que favorecía la atracción de nuevas inversiones externas a un país anémico de ellas, y la de conseguir el acceso argentino a este club para, supuestamente, también recibir los préstamos del Banco de Desarrollo de los Brics.

Sin embargo, por el momento, ambas motivaciones tropiezan con un obstáculo: ni Brasil ni el resto del grupo de estos países son partidarios de ampliar el cupo de miembros. Antes bien, la VI cumbre de Fortaleza es una inequívoca apuesta a la profundización, en un contexto de desaceleración económica de los Brics tras el pujante desempeño de la década anterior. De la resolución de este dilema hamletiano ampliación-profundización, típico de todos de los procesos de regionalismo ampliado, como pudo observarse tanto en la integración argentino-brasileña devenida en Mercosur y luego en Unasur como en el que forjó finalmente la Unión Europea, dependerá de si el foro Brics será o no funcional a las expectativas de una política exterior cristinista. Una iniciativa diplomática que, como otras versiones peronistas, oscila entre gestos de acercamiento relativo hacia Estados Unidos, como el polémico acuerdo de YPF con la petrolera Chevron, y de alejamiento relativo, entre ellos el reciente acuerdo con China para provisión de reservas del Banco Central, el memorándum con Irán para hallar a los culpables del atentado a la AMIA y, por qué no, el deseo de ser un miembro de los Brics.

*Doctor en Historia. Profesor en la Flacso y las universidades de Buenos Aires, San Andrés y Torcuato Di Tella.



Francisco Corigliano