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Una salida tan lenta que exaspera

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Con un tono asertivo, académico y de quirúrgica presunción de certeza, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, rechaza cualquier consideración de la inflación como un fenómeno ajeno a lo monetario. Del mismo modo, explica que la caída del consumo es una consecuencia lógica de los aumentos de algunos precios. Con las tarifas, por caso, los consumidores pagan la factura y restringen otras compras. Sube la luz, consumen menos galletitas.

Ese fenómeno parece explicar ahora el repunte tibio de la demanda de algunos bienes de consumo. Lo aprecian empresarios de la alimentación, en particular los productores de lácteos. “En marzo percibimos que cambió la curva. Enero y febrero tuvo nuevamente caídas pero el mes pasado empezó a levantar. En lo que va del mes, la tendencia se mantiene”, explica un alto directivo.

Probablemente la disponibilidad de más efectivo en el bolsillo contribuyó a una mejora de las expectativas de inflación y de propensión al consumo que detectaron la Universidad Di Tella (20% de inflación anual, tres puntos menos que el mes pasado) y TNS Kantar, con un repunte de tres puntos en el índice de expectativas económicas.

Con timidez, el Gobierno sólo afirma que se salió de la recesión y que está en marcha un proceso de creación de empleo privado. Espera datos más contundentes antes de festejar a viva voz. Ahora sigue traccionando el campo, pero también los mayores ingresos disponibles de los jubilados, a quienes les están llegando las actualizaciones de haberes y los pagos de los juicios previsionales. Aun así, el cambio de humor es mínimo.

Para desesperación del cronograma político de Cambiemos, por diversas razones, donde la caída de precios internacionales de la soja y la crisis de Brasil son las principales razones, la salida de la última recesión desde medidados de 2016 fue la que se sintió en menor medida de los últimos treinta años.

“El actual es el proceso que ocurre a menor velocidad, aunque, como dato alentador, el empleo se está recuperando a un ritmo superior al del propio nivel de actividad expresando, posiblemente, mayor confianza en el futuro", explica Gustavo Reyes del Ieral.

Desde lo interno, afirma, influye el contexto de tasas elevadas y endurecimiento monetario con flexibilidad fiscal aprecian el peso y complican el despegue de las inversiones y de las exportaciones. La semana pasada, el Gobierno avanzó con dotar de impulso a la obra pública y puso primera a todo lo relacionado con la construcción, madre de todos los empleos, y de las apetencias de los sectores medios. La urgencia social es permanente, pero urgente para Cambiemos es que se note, y rápido, todo síntoma de reactivación.

¿Alcanzará a “derramar” en el conjunto cuando el Gobierno sienta ese apremio político? Sobre esas percepciones trabaja el Gobierno. Saben que hay mucho en juego, aunque quieran disimularlo.

El ex presidente de España José María Aznar, tras reunirse la semana pasada con Mauricio Macri, reflexionaba en contra de la idea macerada en el entorno del Presidente de que no es importante un triunfo en las legislativas de este año. La conocida tesis indica que, en realidad, el Gobierno apuesta al turno electoral presidencial, cuando se sentira sin dudas los efectos de la reactivación. “Mi experiencia como presidente me indica que, cuando te va mal, te va mal. Si pierdes una elección, la sufres. No conozco muchos casos que se haya dado otra cosa”, dijo ante un grupo de banqueros. Aznar es quizá el principal referente político de Macri. Y esa verdad de perogrullo del éxito político es lo que desvela al Gobierno. Pero también a los inversores y empresarios atentos a desplegarse en el país.

Mientras los ministros de Finanzas, Luis Caputo, y de Hacienda, Nicolás Dujovne, atendían a funcionarios e inversores en Nueva York y Washington, circularon informes financieros en donde se ponían en tela de juicio las posibilidades políticas que tendrá el Ejecutivo de avanzar en el Congreso con la agenda tributaria si es que no le va bien en las legislativas. La duda carcome a inversores extranjeros, que esperan turno a que la rentabilidad financiera ceda. Pero también a las empresas locales.

Estas tienen menos aversión al riesgo, pero no comen vidrio. Tienen claras las posibilidades que brindan los bajos precios de los activos y por eso siguen siendo principales actores en el mercado de fusiones y adquisiciones nativo. Su agenda es más aguda y focalizada en los costos de producción. En medio de un proceso de transformación industrial tan radical como el que está sepultando a sectores tradicionalmente protegidos, llamó la atención un sondeo de la organización de CEOs Vistage, que, a pesar de evaluar un empeoramiento de condiciones en el último año, el 77% de los directores de firmas pronostican mejoras en la economía, 75% cree que aumentarán las ventas y una inflación del 23,6%. ¿Será la necesidad de la esperanza?