COLUMNISTAS ANTICANDIDATOS

Una señora aburrida, contra un millonario rodeado de modelos

La imagen con la que llegan Clinton y Trump al final de la campaña es pésima. Ninguno debería haber sido candidato.

Muñecos Hillary y Trump
Muñecos Hillary y Trump

Es el discurso del anticandidato. Hillary Clinton se presenta como una mujer políticamente correcta, mientras que Donald Trump, con su brutal sinceridad, parece hacer saltar en pedazos la hipocresía. La corrección de la candidata demócrata está en cuestión por diversos escándalos que han afectado la posibilidad de jugar coherentemente con esa imagen. Trump enfrenta los problemas con una frontalidad que comunica sinceridad. Comparemos dos escenas: durante el escándalo Lewinsky, Bill Clinton presentó excusas a la Nación en un acto en el que reunió a varios pastores para que rezaran por su salvación. Después de esa reunión piadosa, no hubo propósito de enmienda.  Siguió siendo el de siempre.

Cuando fue acusado por hechos semejantes, Trump presentó sus excusas a las personas que podían considerarse heridas por esos hechos, pero no recurrió al respaldo de ningún clérigo. Los líderes exitosos reflejan los sueños de la gente de un país. Fijémonos en las imágenes que han proyectado los dos candidatos y preguntémonos a cuál querría parecerse un joven común estadounidense: a un millonario desordenado, rodeado de modelos que parece disfrutar de la vida, o a una señora formal, bien ordenada, que parece bastante aburrida. No decimos que sean así, pero es la imagen que proyectan.

Un estudio de Gallup acerca de cómo son los electores que respaldan a Clinton y Trump no encontró que existan entre ellos diferencias sustanciales en términos económicos o sociales. Al igual que lo que hemos estudiado en otros casos en América Latina, quienes más promueven este tipo de campañas no son personas muy pobres, sino más bien activistas de clase media y de clase alta, que por distintas razones se sienten marginados y que creen que no ocupan el lugar que deberían tener en la sociedad.

Resurge la vieja teoría de Peter Heinz acerca de la incongruencia de estatus: los más resentidos son los que, teniendo posibilidades económicas, sienten que no tienen el reconocimiento que merecen. Heinz dice que, en su momento, esta incongruencia explicó el surgimiento de los grupos armados de la década del setenta, y ahora es la base de los anticandidatos.

En los países europeos no existen campañas políticas que giren en torno a temas sexuales porque se supone que son temas que tienen que ver con la vida privada de la gente. Los cuestionamientos tienen que ver con temas políticos y con la fortuna más o menos clara de los políticos. En los Estados Unidos, país fundado por peregrinos y al que emigraron masivamente campesinos europeos calvinistas en el siglo XIX, el sexo es un tema de discusión pública y el enriquecimiento se encuentra en el ámbito privado. Trump pateó el tablero y tuvo actitudes tajantes, brutalmente sinceras sobre ambos temas, que conmovieron un orden pacato que todos saben que es hipócrita.

El Financial Times dirigió una carta a sus suscriptores pidiendo el voto para Hillary Clinton. Es la primera vez en décadas que vemos un texto en el que se dice que la candidata a la que apoyan está llena de defectos, que la mayoría no cree en ella, pero que es necesario apoyarla porque Trump es peor.


*Profesor de la GWU.