COLUMNISTAS LA INTERPRETACIÓN DEL VOTO PORTEÑO

Una victoria con sabor amargo

La elección en la Ciudad había sido pensada como un trampolín para la candidatura nacional de Macri pero terminó siendo una disputa trabajosa y extenuante que encendió luces de alarma en el PRO. 

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Foto:DyN.

El PRO de Mauricio Macri finalmente ganó la única elección que no podía perder. Pero la victoria le dejó un sabor amargo. De la expectativa de superar los 10 puntos que pretendían, la diferencia fue extremadamente ajustada. Y Martín Lousteau, un candidato que carecía de una fuerza política homogénea, con menos recursos, sin la billetera de un Estado detrás y con contradicciones internas entre la estrategia local y nacional, terminó por dejar al favorito Horacio Rodríguez Larreta al borde del sofocón.

Si la derrota de Miguel del Sel encendió una luz amarilla para Macri, el resultado de la Ciudad de Buenos Aires la transformó en rojo titilante. La pelea porteña fue demasiado desgastante, había sido planeada como un trampolín para fortalecer las aspiraciones nacionales y terminó por ser una batalla trabajosa y extenuante.

El problema es que el resultado porteño golpea en el desafío más complejo del PRO, en su capacidad de mostrarse como una fuerza capaz de vencer al peronismo. Sin perder un instante, Macri necesita ahora sortear la avenida General Paz, carcomer la resistencia de Sergio Massa que aún le retacea los votos opositores que necesita para ampliar su protagonismo en la provincia más importante de la Argentina y acortar la diferencia con Daniel Scioli para llegar a la segunda vuelta en la carrera presidencial.

El próximo presidente de la Nación está obligado a conquistar a los votantes independientes, a aquellos que se sienten menos capturados por una fuerza política o por un candidato en particular. De ahí la inesperada promesa de Macri por mantener a YPF dentro de la órbita estatal. Rodríguez Larreta exhibió en la Ciudad de Buenos Aires una limitada capacidad para ampliar su margen de votantes y seducir a quienes en la primera vuelta se habían inclinado por otros candidatos. Macri deberá leer los errores y aciertos de la campaña porteña si quiere mantener firmes sus aspiraciones. El territorio bonaerense, donde se define el 40 por ciento de los votos nacionales, es mucho más áspero para Macri que el electorado porteño.

El ballotage en la Ciudad de Buenos Aires le envió a Macri, además, un mensaje interno. Los radicales de la Ciudad de Buenos Aires, que apoyaron a Lousteau, le demostraron capacidad electoral y, por lo tanto, fortalecieron su protagonismo dentro de la alianza nacional que lo apoya. ¿Aceptará Macri abrir el círculo amarillo y dejarlos entrar para el diseño de la estrategia nacional? De una forma u otra, el nuevo escenario promete tensiones. Macri tiene apenas tres semanas para diluir las dudas del resultado porteño antes del ballotage nacional.



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