COLUMNISTAS FRANCIA

Una victoria posible no es necesariamente sustentable

Hoy, la Francia de la libertad e igualdad, y la del J’accuse de Zola van al ballottage por su destino manifiesto.

En Aude, Occitania, la insignia en la Iglesia medieval recuerda a sacerdotes, monjas y campesinos. “Justos” que escondieron niños judíos durante el Régimen de Vichy. Uno de ellos sería arzobispo de París años después.

Hoy, la Francia de la libertad e igualdad, y la del J’accuse de Zola van al ballottage por su destino manifiesto. Emmanuel Macron, un intelectual joven con origen en un socialismo desvencijado por sus propias contradicciones y traiciones, supo ocupar el centro del ajedrez político, combinando igualdad e inclusión de la izquierda tradicional con una mirada liberal de integración con mercado y globalización. Del otro lado, la derecha nacionalista reciclada que se desmarca de la exageración xenófoba  pero no del fantasma de un Dreyfuss corporizado en refugiados e inmigrantes que junto al paneuropeísmo expían la culpa de las tribulaciones de la 5º república. La memoria se hace “líquida” en tiempos de crisis. Las causas profundas un “lujo de los intelectuales”, o una “jactancia”, según un carapintada  devenido político.  En un “blend” de amnesia, y el rechazo masivo de un segmento de galos a una UE “para pocos” medra y manda Marine Le Pen. Una como otro, se nutren de un electorado que repele el vacío de la política mainstream.

Es esperable que supere la performance de su padre en el 2002 cuando por derecha e izquierda le marcaron la línea Maginot a sus aspiraciones presidenciales. Pero aunque el flirt con la sombra de un Frexit resulte tentador a la luz del ascenso del populismo de derecha en EE.UU., Gran Bretaña y Rusia. Hay que separar  la paja del trigo: lejos del federalismo que dice representar, un ¿sistema? en el que se gana con dos millones y medio de votos populares menos que el contendiente es una ilegítima manipulación territorial.

 El diseño francés, sin Colegio Electoral, y con segunda vuelta imposibilita ex profeso que tal candidato se consagre. El referéndum británico no erigió primer ministro a Nick Farrage. Sí expresó el deseo de salir de la UE de una nación que forjó históricamente lazos con su esfera de influencia por fuera de ésta, y la  incomodidad de segmentos “puenteados” por la globalización que se replica en Francia. Pero tanto en el Brexit como en los seis puntos extra que obtuvo Marine Le Pen en los comicios municipales hay un subtexto que interpela por la flexibilidad real del votante, cuánta soberanía política está dispuesto a ceder, según lo que esté en juego. Tanto el republicano Fillon como el candidato socialista Benoît Hamon cerraron filas con Macron para el ballottage. Sin embargo, su probable victoria no le augura un futuro venturoso. Las condiciones que alimentan el crecimiento del FN crecen proporcionalmente al número de refugiados, y a los ajustes y restricciones que impone la permanencia en la Eurozona.

Si se advierte que Mélenchon, candidato de  izquierda –fuera del combate pero con 20% de escaños– cosecha como Le Pen el voto euroescéptico y antiglobalizador, quien fuera ministro de economía de Manuel Valls por decisión de Hollande en 2014 tendrá que lidiar con un 40% de franceses que se perciben destituidos por las élites empresariales e intelectuales con las que es asociado.

Sin proyección nacional – “En Marche!” es un bebé de un año– deberá armar una coalición con fuerzas tradicionales cuyos caciques lo resienten por advenedizo.
Más allá del domingo, permanece la incógnita. ¿Cómo revertir el lado oscuro de una globalización que empuja a millones de su lugar de origen potenciando un conflicto de pobres contra pobres locales por despojos de empleo en una crisis que la misma genera? ¿Qué respuestas hay cuando no hay margen para más Estado de Bienestar en una Unión Europea sujeta a la racionalidad del ajuste?
Los sectores que se benefician con la “aldea global” sacan los pies del plato toda vez que toca distribuir los frutos gracias a la inmunidad del poder adquirido. Si se aspira a un gobierno sustentable habrá que comprometerlos a priorizar a los excluidos con crecimiento, pero también fiscalidad progresiva y reinserción laboral.

*Geógrafo UBA, Magister, UNY.