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Universos paralelos

Hay un pequeño texto de Borges de 1985 que encontré perdido en la web, en el que habla de Pessoa y le propone ser su amigo (en la inmortalidad).

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Empiezo un libro que se llama Una breve historia de casi todo, donde Bill Bryson explica que puede haber otros universos además de éste, aunque si los hay –y si las teorías actuales son ciertas– no habría forma de tener contacto ni comunicación con ellos. Serían, si no entendí mal, algo así como realidades paralelas disjuntas con la nuestra. Es verdad que los científicos suelen ser más precisos que los políticos, pero tampoco es cuestión de creerles todo, y menos a los divulgadores científicos como Bryson.

 De todos modos, la idea de los universos disjuntos e incomunicables se puede aplicar metafóricamente a la literatura. ¿Viven distintos escritores en realidades paralelas? Por supuesto que esto no puede ser absoluto, pero me refiero a la posibilidad de que dos obras destacadas y contemporáneas se desarrollen con total independencia entre sí y sin que cada autor tenga conocimiento del otro. Me hice la pregunta leyendo un libro muy entretenido y muy esclarecedor que traje de Chile, los Papeles personales de Fernando Pessoa con selección, traducción y prólogo de Adán Méndez, tal vez la mejor introducción a la vida y la obra de Pessoa que se pueda encontrar en castellano. Méndez resume con gracia y elige con cuidado, sin dejarse abrumar por su admiración al poeta, pero evitando la alta chismografía con la que se suele divulgar la literatura prestigiosa.  Pessoa (1988-1935) y Borges (1899-1986) no fueron contemporáneos estrictos, pero podrían haberse conocido. Al parecer, esto último no ocurrió, pero tampoco estoy seguro de que se hayan leído. En fin, estoy casi seguro de que Pessoa no leyó a Borges. La recíproca parece desmentida por un pequeño texto de Borges de 1985, que encontré perdido en la web, en el que habla de Pessoa y le propone ser su amigo (en la inmortalidad, seguramente, o en algún universo paralelo a ella en la que se reúnen los escritores muertos). Sin embargo, no hay referencias a Pessoa en el gran diario de Bioy Casares. Está claro que los dos amigos (estos en la Tierra) no solían hablar de Pessoa ni lo tenían como referencia.

Pessoa y Borges fueron educados en inglés y afirmaban descender de judíos portugueses. Hay mucho en común entre ambos, al punto que tienta decir que Borges fue una versión de Pessoa en un mundo paralelo, esa realidad porteña disjunta de la lisboeta pero igualmente marginal en la cultura europea de la época (me parece que Lisboa era todavía más marginal que Buenos Aires). En ese texto, que puede ser perfectamente apócrifo pero no deja de ser verosímil, dice Borges: “Escribiste para ti, no para la fama”, y está claro que ambos pertenecen a la clase de escritores en conflicto con la gloria (Borges alcanzó la fama en vida y Pessoa después de muerto), aunque ese conflicto no es un rechazo total. En la selección de Méndez hay un párrafo en el que Pessoa habla de todo lo que va a poder publicar una vez que le concedan el premio Nobel, pero sería erróneo adjudicar el desprecio de la gloria a la mera coquetería. Tanto Pessoa como Borges sabían que es muy difícil ser famoso sin ser un cretino en alguna medida. La fama que premiara eventual y merecidamente la obra les daba vergüenza. Hoy sería imposible: corresponde a un escritor sentir orgullo de ella y saber administrar los beneficios resultantes. No es un mundo para Pessoa.