COLUMNISTAS LA SALUD PRESIDENCIAL

Valles anímicos

Una funcionaria de alto rango admite un reciente bajón en Cristina detrás de la supuesta laringitis.

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Foto:Dibujo: Pablo Temes

El lunes 7 de julio hablé con la Presidenta. Su voz sonaba normal. Así que ya estaba recuperada de la faringolaringitis aguda severa que le habían diagnosticado y por la que no encabezó los actos del 9 de Julio”, señala una funcionaria de alto rango dentro del Poder Ejecutivo Nacional. Agrega: “El problema en verdad era que por esos días Cristina estaba atravesando uno de esos valles anímicos que la afectan de tanto en tanto”.

Uno de los asuntos que más deben perturbar a la Presidenta es la situación del vicepresidente. La necesidad de mantenerlo escondido durante la sesión en la que se aprobó la inmunidad de los bancos centrales de los países que inviertan en la Argentina –episodio narrado en detalle en la columna de la semana pasada– dejó secuelas dentro del oficialismo que no habrán de cerrar así nomás. Hay una circunstancia que, hasta ahora, es clara: Cristina Fernández de Kirchner se siente obligada a sostener a Amado Boudou a toda costa. Ella sabe que cometió un error de apreciación política al haberlo elegido para ser su vice sin consultar a nadie. Esa es una factura que ya le cobran varios sectores dentro del oficialismo, preocupados por los efectos adversos que la crecientemente compleja situación judicial del vicepresidente les puede ocasionar en sus futuras campañas electorales en cada uno de sus distritos.

El horizonte judicial luce complicado para Boudou. El llamado a indagatoria por el asunto de los papeles falsos de un auto que compró hace veinte años no es un tema menor. Si se presta atención a los registros del juzgado de Claudio Bonadio, se verá que cada vez que el juez llamó a alguien a indagatoria lo hizo basado en un cuerpo de evidencias tal que derivó en el procesamiento del indagado. Por eso es cada vez mayor el número de legisladores del Frente para la Victoria que piensan que es imprescindible que el vice pida una licencia. Por su parte, los senadores de los distintos sectores de la oposición están trabajando acuerdos para fijar una postura común: con Boudou al frente de la presidencia del Senado ningún opositor participará de sus sesiones. Se sabe que el vicepresidente está preparando el campo para una eventual licencia. De ser así, su idea es cercar con toda su gente a su sucesor, Gerardo Zamora, para inmovilizarlo y no darle espacio político.

“Cristina está embelesada con Kicillof, y eso es un problema”, reconoce esa misma funcionaria que aludía a la salud de la Presidenta. La narración que hacen los empresarios que por alguna razón han debido verse con el ministro de Economía es desopilante: “Empieza reconociendo que del tema específico del que debemos hablar no sabe nada y, cuarenta minutos después, comienza a sermonear y a dar una clase como si fuera un experto en lo que hasta hacía un rato desconocía”, cuenta uno de los hombres de negocios que vivió esa experiencia.

Una de las que más padece a Kicillof es la ministra de Industria, Déborah Giorgi, quien, preocupada por la caída de las ventas en el sector automotor –que fue una de las claves para mantener el nivel de actividad industrial en 2013–, se ocupó en presentar varias iniciativas para frenar o al menos atenuar ese proceso. Sin embargo, ninguna de ellas pudo pasar el filtro de Kicillof y, por ende, quedaron en la nada. “No hay mucho para hacer a fin de resguardar al sector y, encima, lo poco que hay para poner en práctica es frenado sistemáticamente por el ministro”, señala una voz desde la cercanía de Giorgi. Por eso, todo se orienta ahora a pedirles a los empresarios del sector que pongan el hombro. “Ganaron mucha plata en estos últimos años; ha llegado la hora de que hagan un poco de sacrificio”, es el discurso que baja desde el Gobierno. El embelesamiento de Fernández de Kirchner con Kicillof genera mucha preocupación no sólo a los integrantes del gabinete sino también a los gobernadores. Es que el proceso de continua caída de la actividad económica repercute directamente sobre las fuentes de trabajo en cada una de las provincias y complica el futuro electoral de muchos de esos mandatarios. Las reducciones horarias y las suspensiones de personal se van haciendo más comunes en un número creciente de rubros. Encima, la inflación sigue su curso imparable. Aun cuando se tomaran en cuenta sólo los datos del Indek, el aumento del índice de precios es alto. En los primeros seis meses del año ya lleva acumulado casi 15%. La Presidenta sigue sin advertir la verdadera dimensión de esta contingencia. Tal como insiste en señalarlo el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, en sus conferencias de prensa matutinas, el Gobierno persiste en poner el foco en la disputa que hay entre los índices oficiales y los de las consultoras privadas que, a modo de promedio, difunden los legisladores de la oposición. Capitanich – es decir Cristina Fernández de Kirchner– debería darse cuenta de que ésta es una disputa que no tiene sentido porque la gente vive día a día el duro impacto que la inflación produce sobre sus bolsillos. Es esa realidad la que ha terminado por unificar los reclamos salariales de todas las organizaciones sindicales: la CGT de Antonio Caló, la CGT de Hugo Moyano, la CTA de Hugo Yasky y la CTA de Pablo Micheli.

A modo de alivio, el Gobierno ha celebrado los acuerdos con China que se firmaron en estas horas. Hay comprometidas allí inversiones muy importantes para, entre otras, las obras de las represas hidroeléctricas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner en Santa Cruz y para la renovación del Ferrocarril Belgrano Cargas, proyectos imprescindibles para el desarrollo de nuestro país. Sin embargo, en medio de la euforia gubernamental los empresarios se empeñaron en difundir una preocupación que los inquieta: temen que la moneda de cambio de estos acuerdos sea la entrada masiva de productos chinos a bajos precios, imposibles de igualar para la industria argentina. ¿Otro cuento chino?

Producción periodística: Guido Baistrocchi.



Nelson Castro