COLUMNISTAS BALBUCEOS

Victorias de Víctor

Atando y desatando los nudos de mi vida recordé cómo mi tío Víctor se ganaba la vida reparando pelotas de cuero cortadas o pinchadas, y luego cómo derivó a fabricar y vender trofeos celebratorios de las justas deportivas, uno de los cuáles le encargué para celebrar mi triunfo imaginario en un torneo de pesca inexistente y con el que pretendí ganar el respeto y la admiración de mi hija. Ese trofeo celebraba, de todos modos, mi primera y única excursión de pesca, mi primera salida adulta, cuando mi padre me llevó junto a él y a unos amigos y me dio para que desenredara su línea, engalletada hasta lo imposible. Ahora creo que esa excursión  era tan falsa como mi trofeo,  el pretexto que mi padre y sus compañeros de militancia habían encontrado en tiempos de Onganía para pescar el signo de la acción política. La simulación y el fraude son una marca humorística que mi familia no ha perdido, y por eso ahora recuerdo la última vez que vi a mi tío Víctor.
Un domingo nos avisaron que fuéramos a despedirnos porque luego de una mala operación Víctor agonizaba en un hospital de Pompeya. Estaba en terapia intensiva y su fiel esposa Marta le secaba la frente y los labios con un pañuelo. Víctor tenía los ojos cerrados y balbuceaba: “Fui feliz, todo el mundo me quiere, vinieron todos a verme”. Entonces Marta dijo: “Víctor, acá está tu hermana Noemí”, y Víctor tomó su mano y dijo: “Noemí, te quiero mucho, fui muy feliz”, y luego Marta dijo: “Y acá está Are, tu cuñado”, y Víctor le dijo: “Are, te quiero mucho, gracias por venir”, y luego Marta dijo: “Acá está Dani, tu sobrino”, y Víctor me dijo: “Dani, hola, te quiero mucho, fui muy feliz”, y entonces le tocó el turno a mi madre y Marta dijo: “Víctor, acá está Malvina, tu hermana”. Y Víctor dijo: “¿Quién? No la conozco”, y mi madre, en un retorcimiento de angustia, le agarró la mano y dijo: “Soy yo, Malvina, tu hermana, ¿cómo no sabés quién soy?”. Y él lanzó su risita agónica y dijo: “Ya sé, Malvina, era un chiste”.

dguebel