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Vidal sobreactúa la calma

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Foto:Captura de video

Con una sonrisa que impuso como marca de fábrica durante la campaña electoral, María Eugenia Vidal atravesó la que fue, acaso, la semana en la que lanzó más noticias positivas en torno a su gestión.
El anuncio sobre el boleto estudiantil gratuito, un reclamo histórico y con historia (baste recordar La Noche de los Lápices), fue un mojón en ese sentido. El avance de la depuración policial también abreva en el mismo eje para arriba. Y habrá más: lanzamientos de obras y la implantación de una tarifa social especial en el Conurbano para el pago de la energía figuran en la minuta de mensajes optimistas.
Sin respiro, Vidal defiende en público y hasta en privado cada uno de los pasos de su “equipo”, ese término tan PRO, y el del gobierno nacional, empezando por Mauricio Macri. Pero no todo lo que brilla es oro.

No lo admite, pero está muy preocupada por la situación social, caliente en varios bolsones del Gran Buenos Aires.  Hacia adentro, destaca a Carolina Stanley, ministra nacional de Desarrollo Social (a quien considera propia) y no tanto a algunos miembros del Gabinete económico. Hacia afuera, rescata el diálogo y colaboración mutua con todos los intendentes del Conurbano con contadas excepciones, como los peronistas Ferraresi (Avellaneda) y Magario (La Matanza), por nombrar a dos.

Reconoce que la relación con los movimientos sociales es oscilante. Con algunos, como el Evita de Emilio Pérsico y el “Chino” Navarro, se pone de acuerdo rápido y los considera serios. Sobre otros, baja la comisura de su ancha boca como forma de mostrar intentos de aprovechamientos que en ocasiones lindan con la extorsión.

Es sin embargo la seguridad y el rol policial su gran obsesión y lo que más la alerta, no sólo políticamente. Amenazas, intimidaciones y hasta secuestros virtuales, con ella y varios colaboradores como víctimas han sido a veces difundidos. Ello llevó a un cambio total de su custodia, empezando por el jefe de la misma, cuyo nombre permanece en las sombras justamente por precaución.

Vidal ya casi tiene listos los canastos para la mudanza de la vivienda familiar que ocupaba con su ex marido y sus tres hijos. El destino, como anticipó PERFIL en febrero, es una residencia en la Base Aérea de Morón. Ya sin esposo, claro.

Las prevenciones no son sólo personales o familiares. Se le borra la sonrisa perenne  cuando afirma que la Bonaerense no puede seguir funcionando como lo ha hecho en las últimas décadas. “Voy a ir a fondo. Y no me da miedo hacerlo”, se le escuchó decir.

Por eso se reunirá con Carrió para despejar dudas en torno al jefe policial Bressi, acusado por Lilita de tener vínculos con un jefe narco. La inquieta que en medio de una pelea como la que está dando, ciertas “manzanas podridas” expongan las dificultades para cambiar estructuras delictivas dentro de las propias fuerzas de seguridad. Asegura que no habrá protección, para nadie. Y adelanta que recibirá apoyo de fuerzas nacionales, en coordinación con Patricia Bullrich.

La inquietud de Vidal podría agravarse si se confirmara un rumor que circula por pasillos selectos de la Casa Rosada y de La Plata. Según la especie, un tramo de las filmaciones de la noche de José López en el monasterio de General Rodríguez mostraría que algunos de los policías intervinientes no actuaron como se dijo y por lo que se los ascendió. “Así como hubo un ascenso extraordinario, si hubiera pruebas de un accionar incorrecto se procedería a las sanciones que correspondan”, sostuvo una fuente oficial. Sería grave.



Redacción de Perfil.com