COLUMNISTAS EL ECONOMISTA DE LA SEMANA

Viento de frente

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No hay dudas que la situación económica doméstica atraviesa una etapa de grandes desafíos. Frente a esto, los escenarios y pronósticos, en cuanto a qué puede suceder de aquí al final del segundo mandato de la Presidenta Fernández de Kirchnner, se multiplican.

Más allá de las distintas visiones que existan, cuyas diferencias más fundamentales radican en lo que puedan, o no puedan, hacer las autoridades en materia de decisiones de política económica durante los próximos 14 meses, resulta indiscutible que el escenario internacional va a desempeñar un rol central en la dinámica interna durante el corto plazo. Puesto de otra manera, el contexto externo va a tener una importante incidencia sobre las posibilidades de éxito o fracaso de las iniciativas que las autoridades intenten llevar adelante. Por ello, resulta un ejercicio no trivial analizar cuál será el escenario internacional que enfrentará Argentina durante los próximos trimestres.

Si bien hay varios factores externos que afectan el día a día de la actividad económica interna, por razones de simplicidad, hemos centrado el análisis en cuatro ítem principales: 1. Tasa de crecimiento real del PBI brasileño; 2. spread de riesgo soberano emergente; 3. precio internacional de la soja y 4. Poder adquisitivo del dólar norteamericano en Brasil.

Mediante la combinación de estas cuatro variables, hemos construido el “Indice de Condiciones Externas” (ICE). Un aumento de dicho índice debe ser interpretado como una situación en la que, en promedio, el contexto internacional está “empujando” el crecimiento económico en Argentina, y viceversa.

Si se analiza la dinámica del ICE durante los últimos años (desde 1994 hasta hoy), lo primero que salta rápidamente a la vista es el cambio de tendencia que se produjo a partir de 2002. Dicho cambio de tendencia se hace aún más notorio como consecuencia de lo negativas que fueron, en general, las condiciones externas para Argentina durante el período 1998-2001. En dicho lapso, y como consecuencia de la inestabilidad financiera internacional (crisis asiática y rusa), con efectos nocivos en términos de spread de riesgo emergente y precio internacional de commodities, y de la devaluación brasileña de principios de 1999, el ICE se redujo 33,2%.  

También resulta importante destacar el estancamiento que tuvo el ICE durante 2012 y 2013, y la caída esperada para este año (5,3% con respecto a los valores observados, en promedio, durante 2013).

No es casual que dicho deterioro de las condiciones externas haya convivido con una marcada desaceleración de la tasa de crecimiento interna. Por supuesto, con esto no queremos decir que el menor nivel de actividad económica observado recientemente se debió a lo que sucedía con las variables internacionales. Queremos decir que, en el último tiempo, el contexto externo ya no ayudó como antes, y eso se notó en términos de la dinámica macroeconómica doméstica.

Una de las razones por las que el contexto internacional dejó de ser un factor de “empuje” para la economía argentina en los últimos tres años se encuentra en la depreciación del real brasileño con respecto al dólar en el período. En efecto, en términos reales (es decir, teniendo en cuenta los diferenciales de inflación entre ambos países), la moneda de Brasil se desvalorizó 19% con respecto al dólar entre 2011 y 2014. A esta dinámica se le suma, a partir de este año, la caída del precio internacional de la soja. Luego de disminuir levemente durante 2013 (4,1%, en promedio), la oleaginosa finalizaría 2014 con una retracción de precios de 14%.

En cuanto a lo que podemos esperar para 2015, el panorama no luce demasiado alentador. Según nuestros cálculos, ICE se reduciría, en promedio, un 8,2% durante el próximo año, lo que, no representa un “derrumbe” de las condiciones externas, pero sí implica la continuidad de la tendencia negativa que se inició en 2012, y que se profundizó durante este año.

Casi todos los componentes del ICE se deteriorarían durante 2015. En efecto, se espera una caída (respecto a los niveles promedio de 2014) del precio internacional de la soja, que iría acompañada por un incremento del spread de riesgo de los mercados emergentes. Ambos factores están íntimamente ligados a la expectativa de que la Reserva Federal de EE.UU. inicie el proceso de aumento de las tasas de interés de corto plazo en algún momento del 3° trimestre de 2015.

También se espera que continúe la tendencia a la depreciación (nominal y real) del real brasileño con respecto al dólar. En este sentido, es altamente esperable que el “nuevo” gobierno de Brasil busque un precio más bajo para la moneda en el corto/mediano plazo, en especial si tenemos en cuenta que la mayor economía de la región hace un largo rato que se encuentra “atrapada” en una situación de bajo crecimiento económico y, consecuentemente, de alto descontento social y empresarial respecto al set de políticas vigentes.

Si bien no estamos hablando de una caída escandalosa (de hecho, resultaría mucho más moderada que las observadas en 2008 y 2009, en medio de la crisis financiera/económica global), el contexto internacional no sólo no ayudará el próximo año, sino que será un factor que, a todo lo demás igual, jugará en contra del crecimiento doméstico. Esto no implica que lo que vaya a suceder en Argentina en materia económica durante el próximo año pueda ser sólo atribuible a lo que “viene de afuera”. Sí implica que cualquiera sea la política que vayan a poner en práctica las autoridades para “transitar” el final del mandato, éstas deberán lidiar no sólo con los desafíos que impone la propia dinámica interna de las principales variables macroeconómicas, sino también con una situación externa, que, lejos de “ayudar”, va a poner “palos en la rueda”.

* Economista de Deloitte



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