COLUMNISTAS A CINCUENTA AÑOS DE SU MUERTE

Vigencia de Ezequiel Martínez Estrada

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El próximo 4 de noviembre se cumplirán cincuenta años de la desaparición física de Ezequiel Martínez Estrada. Transcurrido todo ese tiempo, nos preguntamos: ¿qué quedó de su interpretación de la Argentina y de América Latina? ¿Fue un ídolo caído, como el mismo escritor le confesaba a Tomás Eloy Martínez unos meses antes de morir? ¿Fue un pesimista recalcitrante, un amargado, o simplemente un hombre angustiado por un país y un continente que vivía y vive de crisis en crisis?

Yendo de lo general a lo particular, se puede decir que Martínez Estrada fue uno de los primeros argentinos en comprender el poder y el alcance del imperialismo norteamericano y su proyección sobre lo que en los 60 se llamó “Tercer Mundo”. En tal sentido, fue uno de los pioneros del razonamiento que indica a ese país no sólo como un imperio económico y político, sino como la avanzada (al igual que los nazis) de una especie de genocidio cultural, esta vez sobre aquellos pueblos colonizados por España y la entente anglofrancesa. Probablemente Martínez Estrada se equivocó en sus alcances, en los resultados de la revolución tecnológica, y en las consecuencias políticas, sociales y económicas que sobrevendrían después. De todas maneras, ¿quién podía suponer en los 60 que el imperio de Washington iba a ser más fuerte y poderoso entrando el siglo XXI?

En cuanto a la Revolución Cubana, está claro que su entusiasmo inicial generó inmensos aciertos de su parte, particularmente la verdadera intuición de sus protagonistas principales. Que el Che se iba a transformar en un mito y que Fidel Castro iba a ser un líder mundial se cuentan entre sus aciertos más importantes. En cambio –elemento poco valorado por la crítica– también Martínez Estrada acertaría en el sentido de que al institucionalizarse la Revolución perdería su impulso inicial, cerraría el debate de ideas, y la lógica política suplantaría sin más a las transformaciones más importantes, en este caso la creación del “hombre nuevo” que proclamaba el Che.

Más allá de lo comentado, su principal aporte ha sido realizar una radiografía exacta de la Argentina (no asumida por casi nadie). Nuestro problema es básicamente cultural, hemos dilapidado dos siglos enmascarando la crisis sin resolverla, y en palabras de Martínez Estrada en su libro Sarmiento, hemos evitado la detección del mal, la formulación de los problemas, empeñándonos sólo en las soluciones de coyuntura. ¿Cuál sería el problema que hay que asumir? Fundamentalmente, entender que los que han venido de otras tierras y sus descendientes deberían o deben dejar de vivir como saqueadores de su propio territorio. En definitiva, que el triunfo de la barbarie con formas civilizadas quede sofocado no en un proyecto nacional muy próximo a experiencias monocolores fracasadas en el mundo, sino a un sentido de patria donde el argentino se apropie afectivamente de la Argentina. Esta es la tarea pendiente y que de alguna manera intentó hacer comprender Martínez Estrada. Cuando se escriben estas líneas sigue predominando lo inverso: la polarización política, el absurdo moral, la corrupción y la ineficiencia. Por ello, si el diagnóstico es correcto, su figura resulta apropiada para interrogarnos acerca de lo que fuimos y lo que somos.

En definitiva, Ezequiel Martínez Estrada no sería un “ídolo caído”, sino el disparador de un debate pendiente y necesario. Porque lo entendemos así, el 4 de noviembre a las 19 hombres de distintas tendencias, como Horacio González, Eduardo Grüner, Marcela Croce y Jorge Dubatti, entre otros, se reunirán en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA para reflexionar acerca de su vida y su obra (Centro Cultural Paco Urondo, 25 de Mayo 201, a las 19).

*Profesor de Historia e historiador.



Luis Fernando Beraza