COLUMNISTAS ENTREVISTA A GUILLERMO JAIM ETCHEVERRY

“Vivimos en una era de la pedagogía compasiva”

El ex rector de la UBA advierte que la educación argentina está atravesando una fuerte crisis, tanto en desigualdad de oportunidades como en calidad de enseñanza. Asegura que los alumnos leen poco y que los docentes no tienen nivel. Critica a los medios online por debilitar la capacidad de fijar la atención de los lectores.

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Foto:Néstor Grassi

Termina el año y los argentinos, entre nuestros múltiples problemas, no podemos dejar de abordar el de la educación, que no sólo nos preocupa hoy sino que afectará, obviamente, el futuro de nuestros hijos.

El doctor Guillermo Jaim Etcheverry es ex rector de la Universidad de Buenos Aires, miembro del Conicet y, entre otros cargos, fue decano de la Facultad de Medicina. Profundamente dedicado a la educación, Jaim Etcheverry no sólo ha ocupado numerosas cátedras sino que es también autor del best seller La tragedia educativa, que en 1999 recibió el premio al mejor libro sobre educación del año.

—¿Quién no va a estar de acuerdo en que la educación, la formación de las nuevas generaciones, es uno de los grandes problemas que tenemos que enfrentar? –explica–. ¡Lo malo es que no se hace nada! Hemos comentado muchas veces que si les preguntamos a los padres argentinos cómo evalúan la educación en el país, el 70% contestará que “mal” o “muy mal”. Sin embargo, cuando se les pregunta si están satisfechos con la educación de sus hijos, ¡el 70% responde afirmativamente! ¡De modo que hay una percepción acerca de que hay una crisis en la educación pero nadie la siente como propia! Sin embargo, todas las evaluaciones que se han hecho acerca de la calidad educativa muestran que tenemos aquí un grave problema con respecto a la tarea educativa. Entonces, ¿a quiénes les va mal en pruebas como la PISA (Programa para la Evaluación Nacional de Alumnos. Program for International Students Assesment), la de la Unesco etc.? ¿Quiénes son esos chicos si los padres están satisfechos en la escuela primaria o media? ¿Son ricos, son pobres? ¿Se trata de escuelas privadas, públicas…? ¿Acaso son chicos huérfanos? He hablado muchas veces del país de los huérfanos porque nadie parece reconocer a esos chicos como hijos propios! Aquí hay un problema muy grave y es esa paradoja, esa discordancia entre lo que se ve como un fenómeno que afecta en general al país y, por otro lado, pensamos que nos hemos salvado de esa crisis. Me parece que ahí está el núcleo del problema. Es un poco la tesis que yo defendía en los años 90, cuando publiqué La tragedia educativa. Han transcurrido quince años y, sin embargo, las cosas siguen igual, la situación no ha cambiado. La gente no percibe cuánto le ha afectado la crisis educativa. Piensan que son “los otros”. Por ejemplo, el programa PISA que le mencionaba recién se realiza entre estudiantes de 15 años y se cumple en más de sesenta países de todo el mundo. La Argentina ingresó en ese programa en el año 2000 y, desde entonces, cada tres años se realiza ese estudio en chicos que “están” en las escuelas, en las aulas. Pero para interpretar resultados, también debemos recordar que esos chicos ya no están hoy en las aulas. ¡Nuestros chicos terminan la escuela media a los 17 años y solamente terminan cuarenta de cada cien que ingresaron! O sea que hay sesenta que están fuera de la escuela. Entonces, por los resultados que vemos, observamos que corresponden a chicos que han quedado, pero muchos ya no están.

—Esto es algo que quería consultarle, doctor Jaim Etcheverry. Parecería que esa especie de indulgencia permanente, por ejemplo que no haya repitencia, hace que el chico…terminará el colegio pero eso no significa que termine de instruirse, de formarse…
—Por supuesto. Aquí hay dos problemas: uno, de cantidad y otro, de calidad. La Argentina tiene poca gente educada y en nuestra fuerza de trabajo tenemos muy pocos con la escuela media completa… un poco menos que el 50%. En los países desarrollados esa cifra llega al 70% o al 80%. Lo mismo ocurre en la educación universitaria. Nosotros tenemos (en las fuerzas de trabajo) 14 de cada 100 personas entre 18 y 65 años con una educación universitaria completa. Pero, por ejemplo, Corea tiene 44; Estados Unidos, 40…de modo que tenemos un problema de cantidad de gente educada. Tenemos un problema de distribución de la Educación. Hay aquí una gran desigualdad. Obviamente, nuestro mejor nivel socioeconómico recibe más años de educación que los de peor nivel socioeconómico. Además, tenemos un problema de calidad… Le explico: la calidad educativa es un problema muy complejo pero, por lo menos, después de 12 años de escolaridad (primaria y media), entendiendo lo que se lee, teniendo cierta capacidad de abstracción, ubicándose en tiempo y espacio… bueno, es lo mínimo que se puede pretender después de estar 12 años en la escuela. Ahí es donde están los problemas. Nuestro país tiene graves problemas de calidad en esa línea y, volviendo a la prueba PISA que mencionábamos recién, en la última realizada se comprueba que, en el nivel 2, PISA distingue a los alumnos en seis niveles: el 1, que es el más bajo, y el 6, que es el más alto. El 2 es considerado como un nivel mínimo para desenvolverse en el que “los estudiantes comienzan a demostrar la comprensión de la lectura que les permitirá participar de manera efectiva y productiva en la vida”. Y en matemática, el nivel 2 “… son las competencias básicas que se requieren para participar integralmente en la sociedad moderna. Es decir, lo mínimo”. Bueno, en la Argentina los que se caen de ese nivel mínimo constituyen el 54% en comprensión de lectura. Es decir que, más de la mitad de los chicos de 15 años, tienen dificultades para comprender lo que leen. También los Operativos Nacionales de Evaluación demuestran exactamente lo mismo.

—Muchas veces hemos hablado con usted de la falta de lectura en nuestros jóvenes. Me refiero a lectura de textos, de libros…
—Precisamente lo que muestran estas pruebas es que los chicos no entienden lo que leen. ¡Fíjese lo que significa el 54%! Comparativamente, en Australia el porcentaje es del 14% mientras, reitero, nosotros presentamos el 54%!
  El doctor Jaim Etcheverry revisa estadísticas:
—En Australia, 1,4 de cada 10 tiene dificultades para comprender. Aquí, esto ocurre con casi 6 de cada 10. En Canadá, los números dan el 11% frente a nuestro 54%. Le reitero estos números para que tengamos una idea clara de la grave crisis educativa que estamos pasando. En matemática la situación es todavía más grave: en la Argentina, el 67% está por debajo del nivel 2. O sea que 7 de cada 10 están en un nivel mínimo para participar integralmente en la sociedad moderna. En Australia están casi en 14%.

—Frente a estos números y también frente a la injusticia que representa para el chico que se esforzó, ¡la “no repitencia” no parece un método adecuado como para incentivar a nadie! Sería una especie de doble engaño: al chico y a la sociedad.
—¡El tema de la no repitencia y la falta de aprendizaje aparecen porque vivimos en una era de pedagogía compasiva! La idea del “pobrecito” y, reitero, de la pedagogía compasiva, etc. Es cierto que hay gente con muchas dificultades pero el problema (y en esto insisto) no pasa por los chicos con graves dificultades (escuelas en medio de “la nada”, historias que ya conocemos y que es urgente resolver…) sino que, en todo el mundo, en las pruebas de calidad los que pertenecen al 25% más rico de la población, los que van a las escuelas mejor equipadas y los hijos de los profesionales son los que, obviamente, más rinden.

Esto ocurre en todo el mundo. Ahora bien, en Argentina los hijos de profesionales y los que van a las escuelas mejor equipadas tienen un promedio de nota que está por debajo del promedio de nota que tienen los hijos de los más pobres y más desprotegidos de treinta países. Es decir que la “elite” argentina está peor educada que los más pobres de treinta países. Y frente a esto me parece que es ¡importante reaccionar! Todos pensamos que el ambiente en el que nos movemos está brindando una buena educación. ¡Y no es así! Acabamos de verlo claramente en los números que he mencionado. Fíjese que, el año pasado, cuando se conocieron los resultados de la prueba PISA, el diario Haarez de Israel publicó, a toda página, un titular que decía lo siguiente: “Los hijos de los barrenderos de Shanghai son mejores alumnos que los hijos de los abogados de Israel”. Como se imaginará, esto causó un gran revuelo en Israel, que depende en gran parte de la ciencia y de la técnica para sobrevivir. Pero es muy importante darse cuenta de estos graves problemas educativos. En nuestro caso, vivimos en una especie de conformismo en el que parecería que, ¡si pagamos, estamos más a salvo! Esto no es necesariamente así y tenemos graves problemas aun en la gente que, presumiblemente, logra los mejores resultados (y estos mejores resultados, como usted verá, son peores que los de otros treinta países)

—Sí, y de pronto aparecen paradojas históricas como la de aquellos inmigrantes que llegaron a la Argentina desde 1857 y soñaban con dos cosas: la casa propia y aquello de “¡m’hijo el doctor!”
—Bueno, tal vez hoy se sueña con “m’hijo el doctor”. El problema es que no se hacen sacrificios. Antes se hacían sacrificios para que el hijo fuera “doctor” y a la vez “supiera”. En los años 1920 o 1930, ¡la Argentina tenía menos analfabetos que Italia y que España! Y eso fue el resultado del esfuerzo educativo que se hizo en el siglo XIX. Me parece que ahí está claro. En este momento, tenemos un grave problema, y los países que nos rodean (sobre los cuales nosotros creíamos ejercer una superioridad que nos enorgullecía) nos están superando aceleradamente. Los últimos estudios efectuados en chicos de primaria (tercero y sexto grado) que se hicieron en 2013 muestran que los chicos de los países vecinos están progresando aceleradamente. En el primer estudio de 1997, Argentina estaba segunda después de Cuba.

—¿Y después del ’97…?
—Luego, en 2013, observamos por ejemplo que en lectura, en tercer grado de la primaria, la Argentina ocupa el puesto Nº 8. El primero es Chile, luego Costa Rica, Uruguay, Perú, México, Brasil y, antes que Argentina, también aparece Colombia. Estamos hablando de “lectura de 3er grado”. Y en “lectura de 6º grado”, Argentina ocupa el séptimo puesto. El primero está ocupado por Chile. Luego vienen Costa Rica, Uruguay, México, Colombia y Brasil.

—Por esto también resulta incomprensible la cantidad de feriados que se han establecido. Si no me equivoco, el año que viene tendremos 17 feriados y se añaden otros dos fines de semana largos a los que ya tenemos hoy. Además de constituir una medida demagógica (¡país rico en el que todos hacen turismo!), el alumno pierde el impulso de la continuidad escolar, ¿no es así?
—Por supuesto. Es una pausa… y nos convierte en “¡un país en pausa!”. En educación esto es sumamente grave porque, efectivamente, se pierde el impulso de la continuidad. Por eso la existencia de la cantidad de días de clase. Me parece que eso es central. Entonces, en esos tres elementos: la cantidad de gente educada que tenemos (que es poca); la gran desigualdad en la distribución de la educación (la gente con más medios recibe más años) y la importante diferencia en problemas de calidad, el hecho de que los que más tienen reciban más años no garantiza que tengan una mejor calidad, tal como lo demuestran las cifras. Así es que me parece que éste es el núcleo del problema que estamos enfrentando.

—Usted no solamente fue rector de la UBA sino que ejerció como docente durante muchos años, ¿no es cierto?
—Cuarenta y siete…

—Y si hablamos de los jóvenes (ya no de los niños) en un período tan largo…
—Sí, la caída es sorprendente. En la Universidad yo dictaba una materia de primer año, Biología Celular, y veía entonces a los jóvenes recién llegados con una caída de nivel que iba haciéndose sorprendente. Y fíjese que, necesariamente, ante tantas dificultades el docente va bajando el nivel. Se ve obligado a adaptarse a estos hechos, a las grandes dificultades que tienen estos chicos.

—Quizá me equivoque, pero el abuso de los medios electrónicos a nivel universal (los chicos no solamente hablan sino que filman, fotografían, etc., a través de sus celulares) ¿no es un factor de distracción constante?
 —Esto no sólo ocurre en los chicos. En los mayores, también. Creo que se relaciona con la dificultad de la concentración. Estos medios han producido un debilitamiento en la capacidad de fijar la atención. Hoy todos estamos acostumbrados a vivir en un “chatting” permanente y en no fijar la atención. ¡Todo tiene que ser cortito y rápido! Y la educación ¡NO ES “cortita y rápida”! Es, en cambio, larga y lenta. Y me parece que éste es uno de los problemas centrales. En muchos casos, la sociedad actual es una sociedad “contracultural”. Va en contra de los valores predominantes. Fíjese que la única posibilidad que tienen los chicos de sustraerse a esa banalidad superficial y grosera es la escuela. La escuela sigue planteando la posibilidad de habilitar el tiempo “lento”. El tiempo humano en el que vivimos hoy es un tiempo “veloz y rápido”. Nos deslizamos por la superficie de las cosas y el ser humano tiene otro tiempo! El tiempo de la reflexión, del pensamiento, de la imaginación. Y esto es urgente demostrárselo a los chicos. Hay que volver al trabajo que significa la concentración. Fíjese que todos los instrumentos que usamos para vivir rápido son instrumentos que se crearon en un “tiempo lento”. Fueron fruto del pensamiento de científicos y tecnólogos que luego lo desarrollaron. Por eso los chicos tienen derecho a que les mostremos que ese tiempo lento “está”. Y “está” porque también, reitero, es un tiempo humano que debemos visitar. De no ser así, sólo estaremos formando consumidores.



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