COLUMNISTAS UN PAIS EN SERIO

Voto cantado

Un tango dedicado a Lozano. El choripán de Massa con Giuliani. Bullrich y el aborto.

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. Foto:Cedoc Perfil
Estoy en mi oficina, en mi productora, mirando Jurassic Park, cuando entra Carla, mi asesora de imagen, con la vista clavada en su iPad, mirando datos de encuestas que le acaban de enviar.
—La polarización es grande –dice, sin saludar, sin mirarme siquiera, siempre con los ojos clavados en la pantalla de su tableta.
—¿Qué querés decir? –pregunto sin entender muy bien a qué se refiere.
—No sé si sabías que dentro de una semana hay elecciones –me dice–. Por ahí tendrías que poner algo de eso en tu columna política. Algo así, ponele: “¡Ultimo momento! Primicia exclusiva: hay elecciones”.
—No empieces con el gaste, ya sé que el domingo que viene hay elecciones, ya sé que se hacen las PASO, y ya sé a qué te referís con la polarización…
—¡Qué buen periodista que sos!
—Basta de burlas, te lo pido por favor –digo–. ¿Vos decís que la grieta sigue funcionando?
—Por supuesto, ¿qué te pensabas?
—No entiendo cómo es que podemos estar tan divididos los argentinos. Si nos uniéramos, podríamos lograr grandes objetivos. Como hicimos los seres humanos en la época de los dinosaurios.
—¿Qué decís?
—Claro, gracias a que nos unimos, los seres humanos logramos terminar con el terrible flagelo de los dinosaurios. Que en la época de la Prehistoria eran algo así como los motochorros de hoy: los principales causantes de la inseguridad.
—Hay algo que no me queda claro –me interrumpe Carla.
—¿Qué cosa?
—No entiendo si estás diciendo todas estas estupideces porque viste mucho Jurassic Park o porque escuchaste muchas declaraciones de Horacio Rodríguez Larreta sobre la Prehistoria.
—¡Dejá de maltratarme! Yo te hablo bien y vos…
—¿Cómo que me hablás bien? –pregunta Carla–. ¿Vos escuchaste las boludeces que estás diciendo sobre los dinosaurios?
—No son boludeces: gracias a que los seres humanos nos unimos, logramos terminar con los dinosaurios. Y no sólo eso: también logramos terminar con otros grandes males de la humanidad, como los dragones, los elfos, los gnomos, el minotauro y los centauros.
—Te faltó Papá Noel…
—A Papá Noel lo salvamos a último momento –aclaro–. Pero sólo le dimos permiso para que apareciera en Navidad. El resto del año se tiene que quedar bien escondido, sin joder a nadie.
Carla me mira fijo. Por primera vez saca la mirada de su iPad y se me queda mirando con una mezcla de odio y de resignación.
—¿Vos de verdad pensás que estás capacitado para escribir una columna política? –pregunta, finalmente.
—Por supuesto –respondo–. Y es verdad lo que decís: hay mucha polarización y la grieta es profunda. Pero hay formas de combatirla.
—¿Cómo? –pregunta Carla que, definitivamente, parece resignada.
—Como hace Massa, que trajo a Rudolph Giuliani, el ex alcalde de Nueva York, el creador de la “tolerancia cero”.
—¿Y vos pensás que así puede terminar con la grieta y ganar la elección? –vuelve a preguntar Carla.
—Y, no sé –respondo–. Lo que sí sé es que para un político preocupado por la inseguridad, la llegada de Giuliani significa lo mismo que para un rockero la llegada de Roger Waters.
—Ah, ya entiendo. Como la avenida del medio no parece ser tan ancha como le gustaría, Massa fue a Nueva York en busca de la “ancha Quinta Avenida del medio”.
—Es que para cerrar la grieta a veces hay que recurrir a algunos productos importados –admito–. Importados de Venezuela o de Nueva York, da lo mismo.
—Esperemos que el asunto quede allí –agrega Carla–. Y que para el tramo final de la campaña no se le ocurra traer a Arnold Schwarzenegger y a Sarah Palin. Aunque creo que no hace falta.
—¿Por qué no hace falta? –pregunto.
—Porque acá tenemos a Esteban Bullrich, que es casi un Tea Party criollo.
—¿Un pato criollo, dijiste?
—Sí, también.
—¿Vos decís? –pregunto–. ¿No estás exagerando un poquito?
—¿Exagerar? ¿No escuchaste las declaraciones donde mezcló el aborto con el Ni Una Menos? ¿No sabés que dijo que habría que decirles Ni Una Menos a las nenas que estaban en las panzas de sus mamás?
—Tenés razón, el Tea Party es un poroto al lado de eso. Pero tampoco es el único que hace declaraciones bestiales.
—Por supuesto que no, estamos en campaña, todos tienen derecho a decir barbaridades –opina Carla.
—¿Todos? –pregunto.
—Y todas. Mirá si no Fernanda Vallejo, que afirmó que Boudou es un prócer, luego de que Cristina lo dejara afuera no sólo de sus listas, sino también de todo su armado político.
—Bueno, mirá que ahora a Amado lo sobreseyeron…
—Sí, de una causa. Pero tiene varias más. Además, no es un político que sume muchos votos, la verdad. Aunque reconozco que, además de Fernanda Vallejo, Boudou tiene otros apoyos políticos de peso.
—¿Quiénes?
—D’Elía, Esteche, la Mancha de Rolando…
—¿O sea que Fernanda Vallejo vendría a ser una D’Elía que quedó adentro del kirchnerismo? –pregunto.
—Ponele.
—Es un buen material para mi columna política –digo.
—Lo tuyo es muy fácil –me dice Carla.
—¿Por qué? Yo soy un periodista responsable, comprometido con mi tiempo…
—Sí, claro, siempre criticando todo pero nunca te la jugás por nada –me recrimina Carla.
—¡Eso no es verdad! –respondo, enojado–. En esta elección decidí jugármela de lleno. Y por eso compuse un tango para Claudio Lozano.
—¿Un tango? ¡Esa es música de viejos!
—Ese es mi candidato –insisto–. Voy a votar por él.
—Bueno, al menos nadie va a acusarte de exitista ni de estar detrás de la millonaria pauta del lozanismo…
—Voto de acuerdo a mis convicciones, por eso voto a Lozano –digo, enérgico, dejando claro qué es lo que pienso.
—Y a mí me parece que tu actitud es un poco infantil –ahora la que se pone enérgica es Carla.
—¿Infantil? Bueno, seré infantil.
—Deberías meditar un poco más lo que hacés –Carla se pone ahora más comprensiva y contenedora–. Te conviene más mantenerte al margen de la elección y no decir a quién vas a votar.
—¿Vos decís?
—Sí, aunque está bien, hacé lo que quieras. Después de todo, el país es infantil, la política es infantil, la campaña electoral es infantil, las consignas son infantiles, todo es infantil.
—¿Todo? –pregunto–. ¿Estás segura?
—Bueno, todo no –concluye Carla–. El único que no es infantil es el dólar, que ya llegó a los 18 y es
mayor de edad. Y lo peor de todo es que está todo el tiempo alzado.n