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WhatsApp is dead?

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WhatsApp is dead, let’s switch to Telegram”. “WhatsApp está muerto, cambiémonos a Telegram”, reza un mensaje viralizado en los últimos días. Un mensaje que alienta a abandonar WhatsApp por una alternativa más segura, libre y de código abierto. Detrás de la exhortación está el fantasma de Facebook y la vigilancia de las agencias de inteligencia, la CIA y la NSA, sobre las redes sociales. En principio, parece que se trata de un problema de privacidad y libertad de expresión, pero es sólo apariencia.

Es difícil interpretar desde acá por qué Facebook pagó 19 mil millones de dólares por WhatsApp y qué consecuencias tendrá. La aplicación que ayuda a bypasear los SMS de las telefónicas no agrega mucho al Messenger que el propio Facebook ofrece a sus usuarios. Entonces, ¿por qué desembolsó semejante fortuna para algo que no necesita?

Resulta muy difícil dar crédito al valor que Facebook le asignó a esta empresa californiana, que hasta la fecha tan sólo fichó a cincuenta empleados, cuando acá la fiebre de precios se asocia a la inflación, la desconfianza y el desmanejo de las cuentas públicas. Vivimos rodeados de discursos que acusan a los formadores de precios de matadores de gallinas de los huevos de oro cuando, en realidad, la gallina de los huevos de oro está en un país del Norte y los huevos salen en forma de líneas de código de redes sociales… El oro de la era digital.

La distancia entre los negocios tecnológicos del Primer Mundo y nuestra triste realidad nos impide comprender cómo funciona la economía y de qué forma directa la lucha entre los gigantes de la tecnología afecta la vida cotidiana. Con el dominio de la PC, la era de la información acontecía sólo para clases medias o altas, pero ahora el teléfono inteligente rompió la barrera y es una tecnología para todos y todas. Dado que Facebook es una red social que funciona anclada en la pantalla de la PC, una aplicación como WhatsApp, también una red social pero nativa de la pantalla del celular, tiene una capacidad sólida de penetrar el nuevo mundo digital móvil.

A Mark Zuckerberg, el CEO de Facebook, no le quedó otra que comprar WhatsApp porque era una seria amenaza para su negocio. No dudó en pagar un poco más de 42 dólares por cada  usuario de WhatsApp porque, comparado con los 144 dólares de los usuarios de su red Facebook, es una ganga.

A WhatsApp, con 450 millones de usuarios activos y un crecimiento de un millón de usuarios por día –alimentado por el aumento explosivo de los usuarios de teléfonos móviles inteligentes en todo el mundo–, no le iba a faltar mucho para alcanzar el nivel de usuarios de Facebook, que ronda los 1.200 millones.

Un usuario rioplatense desconfiará de la nueva quimera móvil, y es comprensible, porque funcionarios DeVidenses y Camporistas le han hecho creer que el viejo 3G y la Televisión Digital Abierta son el futuro, y que el dispositivo digital para el pueblo son las maltrechas computadoritas de Conectar Igualdad.

Este mismo ciudadano quizá no sea sensible a que el país merezca las altas velocidades de transferencia de datos en móviles del 4G o que el pueblo pueda acceder a los iPhones y Androids que estos mismos funcionarios pagan gustosos dos o tres veces el precio internacional. O que las escuelas accedan a velocidades de internet superiores a los 100 Mbps, como ya lo hizo Corea del Sur y Barack Obama lanzó para las escuelas de EE.UU. hace dos semanas.

Zuckerberg, Page (de Google), el resto de los barones tecnológicos y los políticos que dirigen sus países avanzados saben que el futuro será móvil, portátil, y nómade, de una internet inalámbrica de alta velocidad. Es verdad que la globalización no creó un mundo plano, pero en ciertos canales la tecnología tiene la capacidad de aplanar los retorcidos pliegues de nuestro mundo. Si no, pregúntenle a Nicolás Maduro si puede parar los mensajes de WhatsApp.

*Sociólogo. Profesor de la Universidad de San Andrés.



Alejandro Artopoulos