COLUMNISTAS LLUVIA DE INVERSIONES


¿Y ahora, a qué estamos esperando?

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Un emprendimiento inmobiliario por US$ mil millones en la Capital Federal, que se presume será la principal obra urbana privada por varios años espera al arreglo con los holdouts para ser anunciado por un grupo de cuatro grandes desarrolladores. Pero todavía no es tiempo. Otra megaobra, pero por US$ 500 millones, también en Buenos Aires en cabeza de inversores neoyorquinos espera a que se despeje el horizonte, no sólo de buitres. Tres grandes bancos internacionales –Citibank, Deutsche y HSBC– tienen en venta sus operaciones en el país. Los analistas están seguros de que el sector bancario es el que más multiplicará su valor si la economía crece. La ansiedad por la llegada de inversiones es paralela en magnitud a la fe que el Gobierno se tiene para recuperar la actividad y combatir la inflación. ¿Es ansiedad desmedida o demora?
Días más o menos, todo parece indicar que las leyes cerrojo para negociar con los buitres serán aprobadas por el Senado. La Argentina habrá cumplido sus deberes, pero se patea la pelota de las inversiones hacia delante.

Aún resta por ver el "efecto Obama" sobre los proyectos de inversión. No fue ociosa la convocatoria del ministro de Hacienda y Finanzas a los empresarios americanos para que aprovechen a subirse ahora al tren de las inversiones, so pena de tener que pagar más caros los activos. Tampoco los entendimientos comerciales y de financiamiento con agencias oficiales norteamericanas. Entonces, ¿qué está condicionando los anuncios de inversiones en el mejor ambiente de negocios que recuerde el sector privado en dos décadas?

—Brasil. Entre los bancos de inversión hay dos tesis en pugna acerca del papel de la crisis brasileña en el despliegue de iniciativas hacia la Argentina. Una, especula con que el clima político y económico en nuestro principal socio redireccionará interés hacia el nuevo ambiente pronegocios que se respira aquí. Otra cree que aún con un despegue el mercado argentino es pequeño, sin escala y mayormente sujeto a la demanda... de Brasil.

—Especulación sobre precios de los activos. Un ejecutivo de un banco interesado en la red de retail del Citibank, que está a la venta, especulaba que ese proceso se demorará a la espera de que el contexto político y económico mejore, y con ello el valor del banco. Bancos de inversión creen que hay un margen de crecimiento de entre 50% y 100% en las acciones de los bancos, en paralelo con la futura creación de empleo. Como se ve, ese paso está aún lejano. Por el lado de las empresas que buscan comprador,  un banquero explica la demora así: "Hay muchos que están hartos, que quieren irse, y que ahora ven la posibilidad de rajarse. Pero si esperaron 12 años trabajando al filo de la rentabilidad cero, esperarán antes de rifar el valor de la empresa a precios de liquidación".

—Efecto 'fuego amigo' sobre expectativas. La semana pasada, el economista Miguel Angel Broda dio una entrevista a Ambito Financiero en la cual aprovechó para marcar una original postura hipercrítica (pero con onda) hacia el Gobierno. Guardando respeto por los estrechos márgenes políticos y el gradualismo que ello le impone a la hora, desacreditó muchas medidas y visiones del equipo económico, en particular el manejo del Banco Central.  "Vamos bien pero estamos mal", dijo, en complejo vaticinio. No obstante, respecto de las inversiones, expresó: "Hay proyectos, pero no van a llover dólares de corto plazo y tampoco van a llover inversiones en los próximos seis a ocho meses. Así que la Argentina enfrenta un año muy duro en el que debería verse en el último trimestre del año un ambiente de negocios que estimule el amor al riesgo y que estimule la inversión", aventuró.

—Inseguridad de los mandos medios. La debilidad política del Gobierno en el Congreso no pasa inadvertida para los gerentes que tienen a su cargo la concreción de planes de inversión. Una cosa es la decisión de los accionistas y otra la de los "managers", sobre todo para los locales en caso de empresas multinacionales. Por eso fue importante la visita de algunos CEO's de empresas norteamericanas, que garantizan un interés piso. Y por eso también llamativo lo escaso de los anuncios. Los "managers" no quieren poner en riesgo sus bonus o sus cargos por una decisión no bien gestionada, o con un exceso de riesgo político.

—Volatilidad en los mercados. Todavía faltan pruebas para asegurar que la economía argentina arribó a una fase estable. El propio Gobierno actúa como dando por sacrificado 2016 en el altar de la lucha antiinflacionaria. Pero el plan de salida del cepo cambiario y de actualización de las tarifas de electricidad, las inminentes de gas y las posibles de transporte público impactaron con mayor virulencia de la esperada en los precios. Y los arbitrajes entre tasas y dólar, más la esperada sobrevaluación del peso, deja abiertas partidas que los inversores prefieren ver avanzadas antes de bajarle el martillo al país.

Abril, bisagra. En el mes que arranca esta semana, además de cerrarse el capítulo "holdout", podría cambiar la dinámica de precios a partir de pagos a cuenta de paritarias que empiecen a descontar la diferencia en los bolsillos de los precios nuevos con sueldos viejos. La discusión de la reforma al impuesto a las Ganancias se colará con fuerza en el Congreso. Las inversiones, al menos sus anuncios, para mostrar un horizonte futuro de mayor empleo, sería el magno objetivo, algo que cien días no alcanzan a forjar, ni siquiera en el campo de las expectativas.



Ariel Cohen