COLUMNISTAS DE CARA A LAS PRIMARIAS

¿Y si gana?

Si Cristina Fernández es consagrada parlamentaria, la realidad política global puede llegar a sufrir considerables cambios.

Ella. CFK apareció sin demasiado maquillaje y sin gritos. Actúa con humildad.
Ella. CFK apareció sin demasiado maquillaje y sin gritos. Actúa con humildad. Foto:Cedoc Perfil

Uno de los grandes defectos del macrismo es tener una dosis narcisista de autoestima exagerada donde se mezcla cierta mirada soberbia de la realidad con una inconveniente condición de iluminados. 

Desde el año pasado insisten en que no hay ninguna probabilidad de que pierdan en las elecciones próximas. Si se refieren al interior del país o a la Capital Federal parece que no se equivocan, que todos los indicios los favorecen. En primer término por la atomización del peronismo, en segundo lugar por los caudillos que se han despegado de la que fue la primera dama muy caprichosa en sus designios y en tercer lugar porque los gobernadores no quieren perder los favores y los buenos puentes con la Casa Rosada.

Pero en la provincia de Buenos Aires las cosas no están tan seguras. Y si esto fuera cierto, si no ganan y es consagrada parlamentaria Cristina Fernández, la realidad política global puede llegar a sufrir considerables cambios. El populismo volvería a tener otra oportunidad.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, viene sosteniendo que Cristina Fernández exacerbará un “discurso violento y mentiroso”. Sin embargo, hasta ahora la ex presidenta sorprende con encuentros masivos sin gritos, sin promesas, sin demasiados maquillajes, sin mostrarse dueña del mundo, como acostumbraba. Actúa con humildad, comprensiva de los dolores del público, preocupada por el futuro y denunciando al “gobierno de los ricos”, como si no se le conociera su inmensa y oscura fortuna. Incluso esta performance “apacible” y dulcemente comprometida la copian sus seguidores en la Capital Federal.

En sus declaraciones, Peña apunta a una dirección cuando dice que Cristina Fernández conserva el mismo nivel de adhesión que tenía Menem. “Después de dos períodos de gobierno sigue habiendo gente que la apoya”, afirmó ante colegas del diario Clarín. 

Hay que tener cuidado con estas afirmaciones. Porque, pese a que Menem o los que lo acompañaban levantaron un monumento a la corrupción durante sus mandatos, en 2003 el caudillo riojano consiguió en las elecciones cuatro millones y medio de votos. Contrafácticamente, si no hubiera habido ballottage y Kirchner no hubiera especulado con esa circunstancia, Menem se sentaba por tercera vez en el sillón de Rivadavia. Para vergüenza nacional, porque era evidente que la coima y los negociados habían estado a la orden del día en sus dos mandatos anteriores. Y lo impactante es que a muchos argentinos eso no les importaba. Para ellos, Menem les garantizaba los falsos e hipócritas paraísos vividos en la década del 90, sin importarles que la convertibilidad fuera un invento de laboratorio que en algún momento reventaría.

Hoy las encuestas vuelven a reflejar ese fenómeno de apego a lo que fue, a la imagen salvadora cuando las cosas no están funcionando bien en la actualidad. El 60% de los encuestados asegura que no le importa que los presidentes, junto con su corte, se hayan corrompido en gran dimensión con tal de que le asegure la subvención, los planes y otros regalos, mientras la economía se pulveriza.

El momento de las próximas elecciones legislativas deja una impresión preocupante. La inflación se ha comido y se come lo ganado en las paritarias, la falta de empleo es evidente así como la ausencia de changas y mucho de lo prometido por Mauricio Macri y María Eugenia Vidal no se ha cumplido. Las inversiones no llegaron. Y tampoco llegarán hasta que se sepan los resultados definitivos de esta próxima confrontación electoral.

El espejo de la cotidianidad muestra, más allá de la buena voluntad de algunos funcionarios del gobierno, que el 70% de la población gana menos que el ingreso promedio.

Los últimos datos confirman que algunos pocos sectores como construcción y automotor salieron de la recesión. Pero aunque mejoren las condiciones estadísticas, la pobreza seguirá creciendo si el Estado no se moviliza más.

*Periodista y escritor.