COLUMNISTAS GRECIA

Yanis Varoufakis o la rebelión de Sísifo

PERFIL COMPLETO

El día que asumió su cargo prometió no aceptar préstamos impagables y aseguró que los más pobres no pagarían el costo de la crisis. Después se subió a su Yamaha, se calzó una campera de cuero y manejó hasta el ministerio. “Se terminó la época de las políticas de austeridad”, declaró ante sus colaboradores. En pocas semanas inauguró un estilo: el del político que no usa corbata, camina por la calle y explica cada paso que da. Su nombre es Yanis Varoufakis, tiene 54 años y es, según sus propias palabras, “el ministro de Economía de un país quebrado”. Para muchos se trata del hombre que puede salvar a Grecia.
Varoufakis creció en el seno de una familia típicamente roja. Su padre fue encarcelado por comunista a fines de la década del 40 y su madre simpatizó con el Pasok cuando este partido todavía era el símbolo de la socialdemocracia. Se licenció en la Universidad de Essex y fue profesor en Cambridge. Sin embargo, cuando Margaret Thatcher ganó su tercera elección en 1987, abandonó Inglaterra. “No podía soportarlo más”, dijo, y se mudó a Sydney donde continuó su carrera académica. Finalmente, encontró lugar en una compañía de juegos online. El presidente de la empresa, lector de sus textos, lo convocó a sumarse como consultor y Varoufakis aceptó el reto. Para él se trataba de una panacea porque era “una empresa sin jefes, en la que no se delegaba, no se daban órdenes y nadie intentaba decirles a los otros qué tenían que hacer”.
Cuando en 2010 el entonces primer ministro griego Georgios Papandreu pidió el rescate a la Unión Europea y al FMI, Varoufakis abrió un blog y comenzó a escribir su “plan maestro” para salir de la crisis. Al poco tiempo, sus posteos se convirtieron en una modesta proposición para resolver la crisis de la Eurozona: el libro que escribió junto a James Galbraith y Stuart Holland, donde plantea la necesidad de un New Deal a nivel continental.
A diferencia de la mayoría de los economistas ortodoxos, Varoufakis, que se define como un “marxista liberal”, propone que la Unión Europea absorba la deuda de los países periféricos a través de una unidad fiscal más potente. Para él la crisis griega no reside en el despilfarro de tiempos pasados sino en el desarrollo de una deuda ilegítima y en la implementación de las políticas de austeridad. Sus pensamientos le granjearon la simpatía de Alexis Tsipras, líder de la Coalición de Izquierda Radical (Syriza) y presidente del país, que decidió convocarlo para liderar la cartera económica el pasado enero.
Como era previsible, en Europa se lo considera un bicho raro: Angela Merkel lo acusa de populista y los socialdemócratas lo llaman demagogo. Hace sólo una semana, Christine Lagarde, la mandamás del FMI, llegó a saludarlo de la siguiente manera: “Hola, te debe encantar este momento. La jefa de los criminales dándole la mano al otro bando”.
Sus planteos, sin embargo, están lejos del extremismo del que se lo acusa. No propone más que una salida dentro del euro con unas condiciones dignas para su país, evitando nuevos recortes sociales. La otra vía, la de los mercados, sumiría a Grecia en una situación más acuciante que la actual y podría abrir la puerta a los neofascistas.
Meses atrás, Varoufakis pronunció una frase que lo pintó de cuerpo entero: “Grecia debe dejar de imitar a Sísifo”. Es decir, debe evitar que los ciudadanos carguen la pesada piedra de la austeridad hasta lo alto de una montaña una y otra vez.
Ahora mismo, el gobierno griego intenta cerrar un acuerdo con Europa. Varoufakis está obligado a conseguirlo sin aceptar nuevas presiones. Cruzar más líneas rojas y apelar a la austeridad que le piden podría suponer el fin de la esperanza de Syriza.
El verdadero problema es cómo se reparte el peso de la roca de Sísifo. Los griegos parecen estar decididos a no soportarla en soledad.     

 *Escritor y periodista. Jefe de redacción de La Vanguardia (periódico del Partido Socialista).



Mariano Schuster