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Yendo por la ramas

Los diarios de Witold Gombrowicz fueron los que más me impactaron en mi vida.

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Los diarios de Witold Gombrowicz fueron los que más me impactaron en mi vida. Detrás de estos vienen los de Jonas Mekas, Ningún lugar a dónde ir, y los de John Cheever. Los de el polaco son diarios de supervivencia en una ciudad al principio hostil, diarios que dan cuenta de la lucha de un escritor por instalar su obra. Los de Mekas son los diarios de un desplazado a través de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. No quiere instalar su obra, quiere instalar su vida. Desde hace mucho que me hablaban de los diarios de Angel Rama, el critico uruguayo que fue central para toda una generación de escritores. Rama tiene un ensayo sobre la poesía gauchesca que es sencillamente fenomenal. Hace poco di con sus diarios. Abarcan el período que va de 1974 a 1983. Rama vive con Marta, su mujer, en Venezuela, exiliado de la dictadura uruguaya. ¿Por qué me gustan tanto estos diarios a los que leo, paradójicamente, casi sin pasión? Tal vez porque Angel Rama, más allá de la literatura, habla de la vida cotidiana, del temor a perder el trabajo, del amor incondicional por su mujer y el terror de que ella muera cuando se le declara un cáncer. Rama reflexiona sobre el lento mecanismo de los acontecimientos que hace, a la larga, nuestra vida. En un momento lo operan del corazón y le ponen una válvula. El dice que puede sentir el tic tac de ese cuerpo minúsculo, extraño, funcionando en su cuerpo. Escribe: “Cuando se hace el silencio en el living, siento que me oyen, ya no me inquieta”.