COLUMNISTAS ARTE Y DEMOCRACIA

Zonceras nada inocentes

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Hace unos días recibí en mi despacho la notificación de una investigación de oficio del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) sobre la cuenta @drapignata de la red social Twitter. Como ya indiqué en radio, televisión y Twitter, yo no la administro, pero disfruto de su humor negro y sarcasmo.

Mi primera impresión al recibir la carta fue reírme frente a algo tan absurdo, pero después  empecé a preocuparme. Me preocupa que un organismo estatal, cuya función es ser un observatorio contra la discriminación, dilapide los recursos de todos los contribuyentes en perseguir expresiones de humor que permiten las nuevas tecnologías. Y más me preocupa que esto pase en un país donde la discriminación es alarmante, al punto tal que los chicos en los colegios se matan (literalmente) porque no aceptan sus diferencias.

Utilizar el aparato estatal para censurar contenidos de internet, es algo propio de un Estado autoritario. Para citar algunos ejemplos, países que bloquean el acceso a redes sociales son Bangladesh, Irán, Libia, Malasia, Pakistán, Túnez, Turquía, Turkmenistán y Uzbekistán.

Esta persecución a la libertad en las redes sociales es algo a lo que tenemos que estar muy atentos. Puedo citar como antecedente lo que ocurrió en diciembre del año pasado, cuando Entre Ríos aprobó un proyecto del diputado justicialista Rubén Almará, que pretendía limitar el uso de las redes sociales en la provincia que gobierna el kirchnerista Sergio Urribarri.

Considero que las redes sociales son la verdadera democratización de la comunicación y de la información, porque permiten a usuarios comunes ponerse a la par de grandes medios de comunicación, empresas, políticos y gobiernos haciendo uso de su derecho a la libertad de expresión. Las redes sociales sortean todos los filtros de los medios y permiten que los mensajes lleguen sin distorsiones. Tal y como queremos decirlos.

Los que tenemos algunos años, recordamos los secuestros de números de la revista Humor que hacía la dictadura militar y también al Capitán de Fragata Jorge Bitleston, interventor del Instituto Nacional de Cinematografía, cuando dijo que “todas las películas sin valores artísticos o que no presenten ningún interés como diversión y que atenten a los sentimientos nacionales serán prohibidas parcial o totalmente”.

Los tiempos cambiaron y 30 años de democracia nos enseñaron algo, pero si un organismo del Estado se dedica a la persecución de manifestaciones culturales en medios digitales, pienso que en algún punto este país presenta rasgos de autoritarismo que aún no hemos podido erradicar.

El humor (y sobre todo el humor político) por más duro y corrosivo que sea, es un fuerte antídoto contra el abuso del poder. Y, además, la ironía puede tener una importante dosis de crítica de época. Aunque esto requiere cierta dosis de raciocinio para evitar la interpretación literal de personajes de ficción como el sicario Boogie, el racista Micky Vainilla o la discriminadora de niñitos ibéricos Susanita.

El arte es por naturaleza irreverente y no se adapta a la norma establecida. El arte sólo tiene lugar en sociedades tolerantes. Las sociedades que censuran la creación artística son aquellas que sienten un profundo desprecio por la libertad.

*Ministro de Cultura de la Ciudad.



Hernán Lombardi