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…Y ya lo ve, es la gloriosa Othacehé

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Hace unos años, previo a las elecciones presidenciales de 2007, el Centro de Estudiantes y Graduados de Argentinos en Estados Unidos me invitó a una charla que iba a dar Elisa Carrió en el Inter-American Dialogue. Como yo vivía en Washington decidí ir. En ese entonces, Lilita iba segunda lejos en las encuestas y minimizaba la influencia de los barones del Conurbano. Cuando se le preguntaba por un intendente, ella decía “los medios lo agrandan, ése es un pobre tipo.” Lilita estaba a sus anchas buscando generar confianza con su imagen de incorruptible. En medio de su conferencia le pregunté si tenían gente suficiente en cada una de las escuelas para fiscalizar sus votos. Me contestó dando vueltas sobre la pregunta y entonces decidí repreguntar hasta que me dijo que sí, que no iba a ver problemas que cubrirían todo el país. Recuerdo que la respuesta a mi pregunta la publicó algún periodista de La Nación que estaba haciendo la cobertura de la campaña de la chaqueña y cuando leí que Carrió aseguraba la fiscalización nacional de su candidatura me quedé cavilando con pena ya que cuando finalizó la conferencia, la escuché a Lilita en un pasillo rodeada de unos pocos diciendo que en realidad tenían un fiscal por escuela y no por mesa.

Cuando se afirma que la política es territorio, no se está formulando un axioma vacío. Controlar un territorio implica controlar sus recursos, su espacialidad y su fiscalización. Eso es lo que entiende Massa cuando aparece fotografiado con Othacehé más allá de la presunta imagen negativa que puede emanar del hecho. Pero además, Massa entiende que nada se construye de la nada misma. A la hora de la supervivencia, los “barones del Conurbano” son los actores más ecológicos del sistema político, siempre se reciclan. Por un lado, Massa entiende que largar por goteo a los medios el pase de dirigentes kirchneristas a sus filas es funcional a su objetivo en una democracia de audiencias. Los medios levantan la noticia semana a semana y él sólo se expone cuando la situación amerita demostrar que mientras el país se hunde en una crisis él se va perfilando como el hacedor de lo que viene. Pero, por otra parte, Massa sabe que a la hora de los bifes, a la hora de las elecciones, necesita una plataforma para movilizar recursos y controlar territorio. Es muy lindo sacarse fotos con artistas, pero para ser presidente hay que construir ladrillo a ladrillo y, como decía Perón, los ladrillos se hacen con bosta.

Ahora bien, miremos el entorno en el que están ocurriendo estos pases. Hay algo nuevo que le está sucediendo a la administración central que, a su vez, es percibido por dirigentes provinciales y municipales: el Gobierno está perdiendo el control sobre la agenda. Esto implica que los temas le son impuestos y que su margen de maniobra es sumamente exiguo. La devaluación y la aceleración de la inflación previa a las paritarias configuraron un contexto donde se necesita una reacción rápida y racional que insuma cierto costo político para ser creíble. El anuncio de un plan de subsidios para estudiantes universitarios o un aumento para jubilados es huir otra vez hacia adelante. Pero ya no hay más horizonte adonde huir, ya no hay “billetera mata galán”. La gente comenzó a percibir que el Estado no es fuente de recursos infinitos porque ve que sus pesos no tienen respaldo. En este entorno, los gobernadores comienzan a hacer la calesita mediática (primero el de Misiones, después del de Corrientes y así) en busca de un cambio de actitud en la Casa Rosada. Sí, después se desdicen, pero el daño está hecho. Así estamos, la política es territorio, Massa suma a Othacehé, el Gobierno pierde la agenda y la gente percibe una crisis. ¿Y Lilita? Carrió ahora le echa la culpa al “pejotismo”. Al parecer, los barones del Conurbano no eran tan pobres tipos…

*Politólogo (Universidad de San Andrés) @martinkunik.



Martin Kunik