—¿Cómo evalúa la situación en Oriente Medio después de la
tregua entre Israel y el Líbano?
—Es extremadamente compleja. Existe una desbordada expectativa por parte del mundo
árabe ya que creen que es posible borrar a Israel del mapa. Cada vez que Israel no se defiende de
manera categórica, vuelve a resurgir esa ilusión. La resistencia que ofreció Hezbollah hace pensar
que se volvió a incrementar ese sueño. Sin embargo, en la medida en que están volviendo los
libaneses al Sur y ven la destrucción que Hezbollah generó al atacar a Israel, sin ninguna
provocación contra el Líbano de por medio, se preguntan qué sentido tenía esta guerra, qué
beneficios les aportó Hezbollah. De modo que el panorama está bastante poco claro. Me da la
sensación de que en el Líbano aumenta la tendencia a rechazar a Hezbollah como un cuerpo extraño
que ha querido crear un Estado dentro del Estado.
—Sin embargo, está la sensación de que a partir de los
bombardeos en el Líbano, Hezbollah obtuvo más apoyo de la población civil.
—Hubo un doble movimiento. Con el cese del fuego, muchos líderes árabes que habían
estado en contra de Hezbollah comenzaron a elogiarlo porque encontraban una especie de
reivindicación de su honor lastimado en guerras anteriores. Pero con el tiempo esto se revirtió.
—¿Por qué?
—Hubo un gran desprestigio por parte de esta guerra y se puso en evidencia que la vieja
fórmula de tierras por paz, es decir que Israel entregue tierras a cambio de que le den la paz, se
ha convertido en tierras por misiles. Israel se retiró del Líbano y comenzaron a dispararle misiles
antes de la captura de los solados. Además, en vez de que la retirada de Gaza significara paz y
estimulara a seguir entregando territorios en Cisjordania, empezaron a mandar los cohetes. La vieja
demanda de que Israel devuelva territorios a cambio de la paz se ve que no es cierta, es una gran
mentira, una excusa. Lo que se quiere es generar guerra tras guerra en un clima donde se exalta la
muerte. Y todo eso se le está volviendo en contra. Creo que el panorama está tomando un giro
diferente, y yo lo veo con cierta esperanza. Puede que Hezbollah sea realmente desarmado y que el
Líbano recupere la soberanía sobre todo su territorio y que vuelva a imponer un clima más pacífico
en esa región.
—¿El conflicto entre ambos países se originó por la captura
del soldado israelí o simplemente se trata de una extensión del enfrentamiento entre Israel y
Palestina?
—Son dos cosas separadas. A Hezbollah no le interesa mucho la independencia palestina
porque justamente con esta guerra lo que hace es demorar la creación del Estado palestino. La
dirigencia de Hamas tampoco está interesada en un Estado palestino porque si fuera ése su objetivo,
entonces habría aceptado lo que ya se avanzó desde los tratados de Ohio en adelante. Hamas rechaza
todo lo que se ha firmado anteriormente por parte de la autoridad palestina. Rechaza que Israel
exista; por lo tanto, no hay con quien negociar un arreglo que permita la creación del Estado
palestino. Por otra parte, el ataque de Hezbollah contra Israel se ha hecho desde territorios que
Israel ya ha desocupado completamente. Con estos ataques lo que se hace es crear del lado israelí
la sensación de que mientras más tierras se entregan peor se pone la situación.
—¿Por qué cree que Hezbollah y Hamas no tienen voluntad de
negociar?
—Porque el objetivo real es borrar a Israel del mapa. Israel es el único Estado del
mundo acosado por una amenaza de exterminio total. Hablan del genocidio israelí porque murieron mil
personas pero lo que se propone el mundo árabe musulmán es destruir a Israel y asesinar a la
totalidad de su población.
—¿Por qué razón querrían hacer desaparecer a Israel del
mapa?
—Israel es odiado no porque sea un Estado judío sino porque es la modernidad, que
perturba el clima medieval que existe en Oriente Medio. Entonces, lo que tiene Israel, que es la
igualdad de la mujer, un estado de derecho, justicia independiente, alternancia del poder,
elecciones, investigación científica, prensa independiente y muy crítica, absoluta libertad de
expresión, tolerancia religiosa, todo eso, no existe en el mundo fundamentalista, entonces esa
presencia de Israel es una irritación intolerable. Por eso tiene que desaparecer, por sus
características de modernidad.
—¿Esto está en relación con la idea de que Israel es el
representante de Estados Unidos en esa parte del planeta?
—Hace mucho que se dice eso pero se olvidan de que Estados Unidos no siempre fue un
aliado de Israel. Hasta la guerra de 1967 no tenía armas americanas. Estados Unidos, incluso en la
guerra de la independencia, no le dio un apoyo muy eficaz a Israel, se lo dieron más la Unión
Soviética y Checoslovaquia. En la Guerra de los Seis Días, las armas que se usaban eran francesas.
Había un embargo norteamericano contra Israel. Por otro lado, es una falsedad que Israel representa
a Estados Unidos. En todo caso, representa a Occidente, a la modernidad. Israel es el Estado más
demonizado en las Naciones Unidas. La nueva comisión de derechos humanos ya ha acusado a Israel
continuamente de todo, dejando de lado otras situaciones gravísimas de violación de derechos
humanos en otros países, como si el pequeño Israel fuera la causa de todos los problemas del mundo.
Esa misma estrategia la usó Hitler en la época del nazismo. Es decir, los judíos eran el cáncer,
los culpables de todos los males que padecía Alemania.
—¿A qué se debe esta “demonización” de
Israel?
—El tema es que acá hay un sector, que es el islamo-fascismo, al cual se está uniendo
la izquierda fascista de todo el mundo: Chávez, por ejemplo; países latinoamericanos, africanos,
que están en contra de la ilustración. De un lado, están los países que están por la libertad, la
democracia y el respeto a los derechos individuales y del otro lado, el fascismo. Esta es la
división de aguas y al frente de todo está Israel.
—A partir de lo que usted dice, da la impresión de que el
problema entre Israel y un sector del mundo árabe responde más a un choque cultural que a intereses
políticos y económicos.
—Más que culturales, yo diría ideológicos. Es un choque ideológico entre quienes
quieren la libertad, la democracia, el pluralismo, la tolerancia, y quienes quieren lo contrario:
el pensamiento único y la uniformidad.
—¿El conflicto palestino-israelí puede trasladarse a otros
países de Oriente Medio?
—Hace rato que se ha trasladado. En realidad, Hezbollah es un brazo de Irán en Oriente
Medio. Siria atacó a Israel desde Hezbollah, es tan hipócrita que desde el año ’73 no ha
cruzado ni un solo tiro con Israel. La frontera sirio-israelí es la más tranquila de Oriente ya que
Siria no quiere atacar a Israel porque sabe que Israel le va a devolver el golpe de una manera
apabullante, y la dictadura que se sostiene en Siria está basada en una minoría muy pequeña y, por
supuesto, caería muy fácilmente.
—¿Cuál es la solución para esto?
—Crear un Estado palestino que esté al lado de Israel y con el cual conviva
pacíficamente. Pero esa solución que es tan fácil no se implementa porque hay una decisión que
predomina sobre ésa, que es la destrucción de Israel. Entonces, esto no se va a lograr hasta que de
una vez por todas se imponga la convicción de que Israel es imborrable.
—¿Se puede estar en desacuerdo con la política del Estado de
Israel y a la vez estar a favor del pueblo judío?
—Uno puede estar en contra de la política del gobierno argentino y amar profundamente a
su país. Esta doble moral con la que se juzga a los judíos y a Israel es justamente lo
discriminatorio. Se exige que Israel tenga siempre una política perfecta, que no se equivoque en
nada. Todos los gobiernos cometen errores graves, y los gobiernos se cambian y en Israel hay
gobiernos que cambian. El de Siria no cambia nunca. Entonces, se puede criticar a un gobierno pero
no estar en contra de un país y pedir que el país sea borrado del mapa.
—Ya que hizo referencia a la Argentina: ¿Considera que en
nuestro país hubo cambios en relación con el caso AMIA a partir del gobierno de Kirchner?
—Al principio daba la impresión de que Kirchner, muy cercano a diversos grupos de
familiares de las víctimas, iba a tomar medidas fuertes para evitar toda esta situación. Pero lo
que en realidad ocurrió, después de la destitución del juez Galeano, fue que una de las decisiones
más importantes de este juez, que era pedir a Interpol la captura de más de una docena de
funcionarios iraníes sospechosos de haber participado o de haber brindado apoyo logístico a los
atentados para que fueran interrogados en Argentina, cayó porque, cuando se reclamó a Interpol que
siguiera con su procedimiento, dijo que el juez que lo había pedido ya no estaba más en funciones.
En la actualidad, me da la sensación de que los jueces que están a cargo del caso no se atreven a
hacer lo que deberían hacer. Es evidente que el Gobierno argentino no lo quiere hacer, que más bien
está en la línea de Chávez, del sector que no está justamente del lado de la ilustración sino del
otro lado. Y por lo tanto, creo que se ha producido un gran retroceso.
—Sin embargo, el Presidente ordenó abrir los archivos de la
SIDE.
—Sí, pero los jueces que están a cargo de esto no dicen haber encontrado nada nuevo. Se
ve que en la SIDE no había nada. Tal vez no hace falta abrir demasiadas cosas de la SIDE. El
problema es que se ha estado evitando poner el dedo en los verdaderos culpables.
—¿Por qué?
—Tienen miedo de enfrentarse con Irán ya que es un país muy poderoso. Y hay que tener
mucho coraje cívico para eso.
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