New York, The Guardian. La ex CEO de Hewlett Packard, Carly
Fiorina, acaba de tirar una bomba: dice que fue despedida porque es una empresa manejada por
hombres, que no saben relacionarse correctamente con una mujer.
La echaron del directorio de HP el año pasado, por considerar que no había manejado bien los
negocios internos de la compañía, en medio de la fusión con Compaq, una de las máximas competidoras
de la empresa de tecnología.
En sus primeros comentarios a la prensa, Fiorina le dijo a la cadena de televisión CBS que la
cultura eminentemente machista de HP era la culpable de su despido.
“De alguna manera, creo que los hombres entienden la necesidad de los hombres de ser
respetados pero no lo entienden para las mujeres”, dijo Fiorina. “Me desilusiona decir
esto, pero es innegablemente verdad”.
Hablaba con la prensa en el marco del lanzamiento de su autobiografía “Tough
Choices” (“Decisiones difíciles”), que salió a la venta recientemente en los
Estados Unidos.
El libro se publica en un momento clave, en medio de un escándalo por el uso de tácticas de
espionaje en el directorio de HP, que le costó el puesto a otra mujer ejecutiva, la ex CEO Patricia
Dunn.
La autobiografía de Fiorina explora repetidamente el tratamiento de las mujeres en los
negocios. Señala que justo antes de irse de HP, seis mujeres vicepresidentas dejaron la compañía.
Protesta en contra de las mentiras que circulaban entre los directores y que aseguraban que ella se
llevaba una maquilladora y un peinador en los viajes de negocios, y que había pedido la
construcción de un baño de mármol en su oficina.
“Me describían como “glamorosa”, o “llena de diamantes”, lo que
frecuentemente se traducía a “la típica chica superficial que trabaja en marketing”,
escribe. “En Silicon Valley, desde que llegué hasta bastante después de que me fui de HP, me
llamaban la “minita” o la “perra”.
Por lo exitosa que era, frecuentemente era utilizada como un modelo a seguir: en 1998 fue
elegida como la mujer más poderosa del mundo de los negocios por la revista Fortuna. Los titulares
la describían como la primera dama de los negocios y la ponían junto a Hillary Clinton, como las
mujeres con más influencias.
Pero Fiorina dice que se encontró con barreras constantes en su lucha por llegar a la cima. En
el principio de su carrera, mientras trabajaba en AT&T, le preguntaban frecuentemente qué hacía
trabajando, y si no prefería usar su tiempo para estar con su marido y con sus hijos (aunque no los
tenía).
En un momento en que se sentía poderosa, justo después de haber sido nombrada CEO de HP, le
dijo a la prensa que “el techo no existe”. Pero la realidad es que era constantemente
atacada por ser demasiado ambiciosa como para tener hijos.
“Cuando finalmente llegué a la cima, después de pelear durante toda mi carrera por ser
juzgada por mis logros y mis resultados, me di cuenta que mi apariencia y la percepción de mi
personalidad serían siempre lo primero que la gente vería”, escribe.
Al principio de su carrera, lloraba todas las mañanas mientras esperaba el colectivo para ir a
trabajar. Más adelante, mientras trataba de completar la fusión entre Compaq y HP se recitaba a sí
misma el Padre Nuestro, como forma de tranquilizarse.
Cuenta que ordenó una investigación entre los miembros del directorio de HP, después de
sentirse “violada” por las cosas que se habían filtrado a los medios. Esa
investigación, dice, enojó a los directores y puede haber contribuido a la pérdida de confianza.
Nunca se supo quién había filtrado la información, pero más adelante se enteró que había sido
una persona de menor rango en la compañía.
Traducción: Carolina Thibaud
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