Cuando se hacen conocidos dejan de ser efectivos, pero esto no quiere decir que desaparezcan.
Los cuentos del tío se reciclan, mutan, se acomodan a las
necesidades de las futuras víctimas,
cambian y no dejan de existir.
Los estafadores se esconden detrás de la buena presencia y de oficinas que luego se esfuman sin dejar rastros. Una buena historia con un lado ventajoso para el cliente a atrapar, paciencia y poder de oratoria son suficientes para que la trampa esté lista.
Hay cuentos que llegan vía e-mail: los estafadores envían
correos masivos como si fueran de un banco y le preguntan al cliente si quieren cambiar su
contraseña o actualizar sus datos. Así obtienen la clave y vacían la cuenta. “En algunos
casos investigan a los clientes. En otros, actúan al voleo porque saben que alguien va a caer en la
trampa”, sostiene Ezequiel Sallis, especialista en seguridad informática de la consultora I
Sec.
Otra forma es enviar un mensaje de texto dando un número 0800 y pidiendo que llamen. Graban el mensaje original del banco y una opción pide el número clave.
Hay otros que requieren otro tipo de organización. Una mujer encontró, para su sorpresa, que su terreno estaba publicado para la venta en una inmobiliaria. Se descubrió que una banda buscaba terrenos baldíos y casas vacías y conseguía copias de las escrituras. Con un documento falso y con la complicidad de un escribano, fraguaban una venta a un integrante de la banda.Después publicaban en una inmobiliaria la propiedad y esperaban que apareciera un comprador, que sólo compraría una escritura fraguada.
Otra organización decía vender maquinaría agrícola y camionetas doble tracción a muy buen precio antes de que fueran rematadas por la Aduana. Publicaban avisos en Internet, tenían línea telefónica y una secretaria. Establecían contactos con dueños de campos. Cuando la víctima llegaba a Buenos Aires, para ganar su confianza, le ponían un custodio para que se sintiera protegido. La compra, afirmaban, había que hacerla en efectivo. Los estafadores les decían que tenían que ingresar al Congreso con el dinero a terminar unos papeles para “destrabar” la maquinaria. El comprador esperaba en el bar junto al custodio, quien al rato iba a comprar cigarrillos. Nadie aparecía nunca más.
También hubo casos de
oficinas instaladas para búsquedas laborales. Los
interesados en conseguir trabajo debían pagar 30 pesos para “gastos administrativos”.
Llamaban una y otra vez esperando tener la suerte que nunca llegaba. Hasta que un día ya nadie
respondía. La oficina estaba vacía.
A la hora de alquilar hay que estar muy atento. Una modalidad de estafa frecuente es que una persona con documento falso alquile un inmueble, pero en vez de habitarlo tome varias señas para subalquilarlo. Se hace humo con el dinero de muchos y no hay nadie a quien reclamar.
Hay estafas que requieren menos logística. Amparándose en la poca luz de la noche y en el
cansancio de la víctima, hay taxistas que cuando reciben un billete de 10 pesos, disimuladamente lo
cambian, y le dicen al pasajero que es “trucho”. Por no discutir el usuario se queda
con un billete falso y vuelve a pagar.
“Lo importante es que la gente haga la denuncia cuando es engañada”, recomienda el jefe de la División Defraudaciones y Estafas de la Policía Federal, comisario Fernando Fernández. Estos estafadores no suelen ser violentos, visten bien, no son de escasos recursos ni de bajo nivel cultural. Muchas bandas fueron desbaratadas, pero siempre hay una nueva historia para contar.


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