“El corazón es más la víctima de las emociones que su
origen”, asegura Marcelo Cetkovich, jefe del Departamento de Psiquiatría del Instituto
de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Aunque en apariencia inocente, la frase esconde toda una
forma de interpretar el modo como funcionan las interacciones de los distintos órganos en el cuerpo
humano.
Lejos está la época en que Aristóteles sostenía que la razón anida en el
corazón; ahora, por el contrario, se cree cada vez más que
ese
órgano más bien sufre los avatares de la mente.
Sin embargo, aunque hacía bastante tiempo que se sospechaba, hace menos de una década que los
investigadores se convencieron del asunto. Y hoy, ya persuadidos, buscan descifrar
por qué las personas deprimidas tienen más chances de tener un
infarto.
En ese sentido, en el país la
Fundación Favaloro
iniciará un relevamiento del estado psiquiátrico y cognitivo de
los pacientes que
consultan por problemas coronarios. “Será un muestreo
de unos 200 pacientes que haremos entre diciembre y marzo, y que permitirá tener una idea de su
estado de salud mental y de la exacta incidencia de las patologías”, explicó Cetkovich.
Cada encuestado deberá responder unas 200 preguntas. “La idea es hacer un seguimiento
sistemático de estos pacientes y verificar si necesitan otro tratamiento además del que ya se les
practica para el corazón”, añadió el especialista. Los resultados estarán en marzo de 2007.
Metabolismo. Según explicó el experto,
una serie de hormonas secretadas por los pacientes con depresión,
como el cortisol o la
adrenalina, lleva al “taponamiento” de arterias y
provoca hipertensión y arritmias. Esto aumenta los riesgos de muerte súbita y altera el
metabolismo lipídico y el flujo coronario.
¿Pero realmente la depresión predispone el infarto? ¿No es al revés y los problemas
coronarios causan depresión? ¿Es el huevo o la gallina? “Es el huevo y es la gallina”,
responde Fernando Taragano, titular de Psiquiatría e investigador del CEMIC.
“
Se sabe que por haberse deprimido una persona tiene riesgos
cardiovasculares y hay que estar atentos para verificar si quienes van a la consulta por
problemas coronarios no sufren también algún tipo de depresión”, añadió Taragano.
Cetkovich, por su parte, y aunque indicó que hacen falta estudios definitivos sobre el tema,
declaró que “todo indica que la depresión está antes” en el orden causal.
Lo cierto es que para los médicos ya está claro que la depresión es un factor de riesgo para
las enfermedades cardiovasculares. Incluso, agregó Cetkovich, “independientemente de que una
persona deprimida come peor, no hace ejercicios y no se relaciona con otros”.
Las investigaciones sobre estas intrincadas relaciones corazón-cerebro empiezan a
multiplicarse en todo el mundo, junto con la búsqueda de los efectos generales en términos de salud
de estados de ánimo “difíciles”, como el estrés postraumático, la ira o la ansiedad.
Ahora falta que se popularice en los consultorios de cardiología
algún tipo de pregunta para detectar déficits anímicos o cognitivos (la otra pata de la
cuestión).
Y a la inversa: que los
psiquiatras estén atentos al estado de
las arterias de sus pacientes deprimidos.
Como sea, se confirma que la depresión no es sólo un estado de ánimo, en el que abundan la
tristeza, la melancolía y el abatimiento: también afecta a las arterias y al corazón. Y no sólo
metafóricamente.
De Cleveland a Buenos Aires
El médico platense René Favaloro fue una personalidad no sólo en la Argentina. También es
recordado muy especialmente en Cleveland, ciudad de los Estados Unidos donde por primera vez aplicó
su desarrollo del bypass en una paciente de 51 años. Fue en mayo de 1967. Y los norteamericanos
tampoco lo olvidaron: en un lugar destacado del aeropuerto de esa ciudad, hay espacio para una
fotografía suya como agradecimiento.
Con ese recuerdo especial, el 13 y 14 de abril próximo se llevará a cabo en Buenos Aires el
Primer Encuentro Latinoamericano de Corazón y Cerebro, coorganizado precisamente por la Fundación
Favaloro y el Bakken Heart-Brain Institute de Cleveland.
Durante el meeting, los científicos discutirán, entre otros puntos, sobre el impacto de las
emociones en el riesgo de enfermedades coronarias, sobre la neurobiología de las emociones y sobre
las relaciones entre el estrés y los males del corazón.
La intención del encuentro será constituir un foro de discusión permanente sobre los avances
recientes en el área. Como suele suceder en este tipo de reuniones, las charlas buscarán ser un
balance entre los acercamientos de tipo clínico y de tipo básico hacia el problema. Según los
organizadores, “se busca que esto se convierta en una gran oportunidad para que los
profesionales locales puedan interactuar con los más prestigiosos científicos en este campo”.
Latidos de la mente
* Hay testimonios de que ya en el siglo XVII se creía que “los disturbios mentales y la
ansiedad se extendían al funcionamiento del corazón”.
* Recién en los ´90 se tiene la certeza de que la depresión es un factor de riesgo que puede
inducir infartos.
* Ahora, se busca conocer en detalle el mecanismo detrás de las difíciles relaciones entre el
cerebro y el corazón.
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