"Yo te toco... un poco, un poco... y a ti te gusta”, era la frase de cabecera del italiano
seductor con el que
Juan Minujín se dio a conocer en el mundillo teatral hace
unos años. El personaje era parte de la galería de seres eróticos y extravagantes que poblaban
Hermosura, el espectáculo de danza-teatro que el grupo El
Descueve estrenó allá por 2001. Ese personaje viajó también a la pantalla chica, en
Arde
Troya, el programa que Matías Martin condujo por América.
“Al principio, yo me escribía los monólogos, como el programa tenía nada de rating –se
ríe–, podía hacer lo que quería. Cuando pasó a Telefe ya había más presiones, me pedían que
dure un minuto, todo el mundo opinaba, y ya no me dieron ganas. Así que me fui.”
Después de eso, entre otras cosas, Minujín protagonizó
Un año sin amor, la película de Anahí Berneri, donde
compuso un
gay
sadomasoquista bastante lacónico. Ahora, aunque participó
este año en algunas emisiones de
Mujeres asesinas, está abocado a su trabajo en cine y en
teatro.
Acaba de estrenar la excelente
Cuchillos en gallinas en el Teatro San
Martín, dirigido por Alejandro Tantanián.
—¿Cómo te sentís trabajando en el San Martín?
—Me resulta muy placentero por mis compañeros y Alejandro Tantanián. La estructura del
teatro es difícil, a veces los problemas institucionales interfieren en el proceso creativo. Es
distinto ensayar con unos amigos una obra en algún lado, con una plata que te dieron. Acá estás
mezclado con los problemas de maquinaria... qué sé yo. Creo que en el San Martín con un director
con el que no tenés mucha onda...
—Te la regalo...
—Sí, eso.
—¿Y tenías alguna mitología en relación con este teatro,
venías de chiquito?
—A los quince, cuando empecé a estudiar teatro con Cristina Banegas, ella estaba
haciendo acá
El padre con Alberto Ure. Vi obras buenísimas, sobre todo
las de Ure, y el
Hamlet de Bartis, que fue de lo más inspirador para mí.
—Hay algo sexual en los personajes que solés hacer. El
italiano de
El Descueve, el gay de
Un año sin amor, incluso el molinero que interpretás en C
uchillos en gallinas. ¿A qué lo atribuís?
—(Se ríe) En el molinero no lo veo tanto; es seductor, pero no tan erótico. Pero en los
otros, sí. No sé a qué se debe.
Soy tímido y retraído con estos temas. Lo que se dio con
El Descueve fue una red de confianza que me permitió
sentirme libre para improvisar. Creo que
El Descueve en sí mismo tiene una energía muy sexual, y Un
año sin amor estaba atravesada por eso. Hace poco hice una película, El cielo elegido, en la que
hacía de un cura con conflictos de fe... otra cosa. Probablemente después, viéndola aparezca algo
sexual (se ríe). Debe tener que ver conmigo, pero en el campo artístico, no es que yo sea así, hay
algo que por suerte se libera ahí...
—¿Estás con otra película?
—
Zenitram, una adaptación de un cuento de Sasturain que
dirige Luis Barone. Es sobre un superhéroe argentino. Y yo soy el superhéroe, así que estoy
ensayando con capas y arneses. Es una coproducción con España y EE.UU., la primera película
industrial en la que trabajé.
—
Y una última pregunta:Marta Minujín es tu tía, ¿qué nos podés
contar de su relación?
—Marta es mi tía. Espero que no titulen la nota “El sobrino de Marta”
porque me muero. Yo tengo buena onda con ella y todo, pero no es un pilar en mi vida, no es que yo
digo “Me abrió el camino artístico mi tía Marta”; la veo una vez por año...
—Bueno, está bien. No lo vamos a poner de título. (risas)