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El violento temporal del sábado 16 de este mes, además de generar destrozos e inundaciones también
se llevó la vida de cuatro exploradores urbanos adeptos a la filosofía del ningunismo. Se trata de
Rodrigo Sierra (25), Alberto Cardazzo (24), Sebastián García (27) y Joaquín Prieto (17), quienes
recorrían el desagüe pluvial de Olazábal y Superí, que canaliza el arroyo Vega, en el barrio de
Belgrano.
La exploración urbana es una de las herramientas más importantes del ningunismo, una
filosofía que busca la percepción autárquica de la realidad social. Desde el anonimato, sin
jerarquías y como células que trabajan dispersas, el “ningunismo” trata de generar una
ruptura a la vida en ciudad a través de la experimentación en el espacio urbano. Rodrigo Sierra
(ideólogo del movimiento) y Alberto Cardazzo, conocidos como Roy Khalidbahn y Bob, eran las voces
más fuertes del “ningunismo” y ésta, la última entrevista que dieron en vida, desnuda
su filosofía y su particular mirada de la vida y la sociedad.
—¿Cómo comenzó?
RK: En el 2001 armamos la formación RIOT trabajando de un modo absolutamente clandestino. La
idea era hacer movimientos inconexos como pequeñas células terroristas-artísticas, que vayan
generando choques e intervenciones en el espacio público sin previo aviso y sin publicitarse. Como
creemos que la única constante es el cambio, dimos por disuelto RIOT y convocamos a nuevos
interesados para renacer bajo el nombre de ningunistas. Porque somos “anti todo ismo”.
B: Nos basamos en el situacionismo, el dadaísmo, los movimientos antiglobalización y artistas
geniales como Banksy.
—¿Cuál es el fin del ningunismo?
B: La vida urbana induce a la alienación y a la soledad. Nos oponemos a eso. Buscamos
redescubrir nuestro propio espacio urbano.
RK: La base es alcanzar la percepción autárquica de la realidad social, o sea, salir de la
cotidianidad y empezar a entender cómo funcionan las cosas sin la distorsión de patrones culturales
y miedos. El ningunismo acepta que su base es la reformulación, el entender, el profundizar y el
cambio. Eso nunca va a ser vendible, es algo puramente humano, que toca la fibra de una persona, y
ahí no hay marketing que llegue: nadie te puede vender como persona.
—¿Además del estencil y el graffiti, cuáles son las herramientas del
ningunismo?
RK: Creemos que debemos cambiar las cosas con la insurrección y no con la revolución.
Insurrección: molestar y desaparecer. La gran base del ningunismo es llevar la filosofía a la
práctica. Muchos de nosotros pasamos varios días viviendo en la calle, ésa es una práctica muy
común. También conozco mucha gente que vive en la calle y los he invitado a confiterías muy caras a
tomar algo, para demostrar que no es menos persona por su condición social. Ahí te das cuenta de
que hay leyes no escritas. Porque si fuera una ley federal, te digo: “Bueno, luchemos contra
el Gobierno para cambiar esa ley”. Pero si el enemigo es etéreo, ¿cómo hacés? La única manera
es que pierda el poder adentro de tu cabeza.
—¿Tuvieron problemas con la Policía alguna vez?
RK: No, somos muy cuidadosos, aunque algunas de las actividades que hacemos son
legalmente cuestionadas, como ataques a la propiedad privada. Mismo el stencil y hacer graffiti no
está muy bien visto por la ley. Tratamos de no ser una banda de delincuentes para que no nos
definan como vándalos. Además, tenemos entrenamiento: sabemos cómo hablar con policías.
—¿El anonimato los beneficia?
RK: Nunca nos importó figurar, de esa manera nos volvimos más prófugos. La idea es ser
totalmente invisibles. Yo trabajé un tiempo en el Senado y he hecho varios desbandes. Como darles
de tomar a importantes políticos una buena cantidad de mi pis. O poner petardos en los pasillos y
que salgan todos corriendo. Allí hay gente a la que se llama Planta Permanente, son como ñoquis
cuya función es ir a leer el diario y escuchar a Pergolini. Entonces con un grupo de ningunistas
armamos unos afiches con la foto de un potus y le poníamos “planta permanente”.
—¿Cómo encaja el factor lúdico en el proyecto?
RK: Para liberarse hay que salir a jugar, experimentar. Todos lo ningunistas somos como
“pendejos” cuando salimos a realizar alguna acción. Nos cagamos de risa, somos como
nenes y eso es lo mejor que tenemos. Los chicos, cuando ven algo, lo ven nuevo. Los adultos no, y
de ese modo matan un montón de posibilidades.
—¿Planes para el futuro?
RK: Ninguna herramienta es estable en el ningunismo, por eso ninguna tipología nos puede
definir. No nos queremos encasillar. A fin de año, quienes entren a la página web van a encontrar
un proyecto que no es el mismo que encontrás hoy. Está bueno, porque la base es la misma, salir de
la cotidianidad para empezar a entender cómo funcionan las cosas. No importa cómo se llame ni dónde
estemos, el ningunismo va a seguir siendo lo mismo.
La ciudad como patio de juego. Alberto Cardazzo llevaba adelante la organización
Desperdigar la Idea. Un grupo de jóvenes aficionados a la exploración urbana influenciados
por Guy Debord y grupos como el Cave Clan, nacido en Australia en 1986, dedicado a explorar tubos
de tormenta y otras cuevas. Todos ellos
buscan experimentar la vida en ciudad de otra manera, apropiándose del espacio urbano,
viviéndolo como “un patio de juegos sin jerarquías”.
Con este fin utilizaban los esténciles, graffiti, flash mobs (multitudes
instantáneas, disrruptivas, sin un fin en sí mismas más que el absurdo, como la guerra de almohadas
realizada frente al planetario el último 18 de noviembre) y el parkour: el arte del desplazamiento,
que consiste en recorrer el medio urbano superando los obstáculos que se presenten en el camino
(vallas, muros, vacío) con las únicas posibilidades del cuerpo humano.