P: Afín a Chávez, tras asumir la presidencia en Ecuador Rafael
Correa ratificó su intención de llevar adelante una Asamblea Constituyente para redactar una nueva
Carta Magna. Usted había afirmado que no se trataba de una "fórmula mágica para la transformación
latinoamericana". ¿Qué opinión le merece el proceso en Venezuela y cómo considera, si fuera
posible, que se podría implementar en Ecuador?
HDS: El proceso en Venezuela fue y sigue siendo genuino, al
igual que el de Cuba. La mimesis no-dialéctica de estos procesos en otros entornos nunca es una
buena idea. Creo que la Constituyente en Ecuador es muy arriesgada y no estoy seguro de que sirva
como frente de batalla idóneo para el gobierno. Por otra parte, como fue elemento integral del
proceso electoral de Rafael Correa, es difícil, no digo, imposible, pero sí difícil, desprenderse
de esta propuesta. Espero que el apoyo de Venezuela y Bolivia y la dinámica actual latinoamericana
puedan compensar los enormes riesgos que implica seguir con la Constituyente. Sin embargo, tengo
mis dudas.
P: Otro actor importante en la América Latina es el presidente de
Bolivia, Evo Morales, quien enfrenta una profunda crisis con los gobernadores de la oposición. ¿Es
su propuesta de revocatoria de mandatos a gobernantes elegidos en las urnas una salida posible al
conflicto?
HDS: Sí, lo es, siempre que se haga dentro de la
institucionalidad existente, lo que es el caso, y siempre que se gane la batalla en la Asamblea
Constituyente. La renovación de la Carta Magna refleja una nueva configuración del poder real que
necesita ratificación por elección y esto incluye a los operadores del sistema. "Let the people
decide" es el axioma de la democracia burguesa, desde 1776.
P: Son muchos los rumores que circulan sobre la salud del
presidente cubano Fidel Castro pero lo inevitable del caso es el proceso de transición que deberá
enfrentar Cuba. ¿Cómo considera que se debería plantear ese debate y hacia donde se encaminará el
gobierno de la isla con la figura de Castro ausente del poder?
HDS: El primer hecho es que la transición en Cuba está en
marcha y nadie la puede parar. Por lo tanto, la única pregunta es: ¿hacia donde va a evolucionar?
La respuesta se deriva de dos variables principales: los caminos objetivos de desarrollo que tiene
y las fuerzas hegemónicas dentro del principal sistema de poder, el Partido Comunista de Cuba.
Lo primero es sencillo, porque las opciones son claras: 1) mantener el socialismo histórico,
tal cual. Esto no tendría futuro, y 2) la estrategia de desarrollismo estatal que utilizan China y
Venezuela, que con matices, es la misma estrategia de acumulación. Es obvio, que se optará por el
desarrollismo, probablemente con el apoyo de China y Venezuela, y una creciente integración al
Bloque Regional de Poder Latinoamericano. Esa creciente integración en la economía de mercado
latinoamericana y mundial reforzará los elementos de la economía de mercado que hoy día ya son los
determinantes en el sistema económico cubano.
De ahí se genera la siguiente contradicción. La evidencia histórica sobre el desenlace final
de la vía desarrollista es muy clara, desde Alemania hasta los Tigres asiáticos y los
acontecimientos en la Plaza de Tiananmen en Beijing: termina, tarde o temprano, en un clásico
sistema burgués. Obligado por razones prácticas a seguir la vía desarrollista, ¿cómo podrá evitar
Cuba el regreso al capitalismo? Se trata de lo que Fidel llamó la posible "reversibilidad del
proceso socialista" cubano, después de su muerte. Es evidente, que medidas subjetivas como la
apelación a la moral revolucionaria y al "hombre nuevo", no podrán conjurar este peligro. La única
salida que queda, en consecuencia, es la combinación del desarrollismo con la introducción de los
primeros elementos de la institucionalidad del Socialismo del Siglo XXI, que son los que mencioné
arriba: economía de valor y democracia participativa.
Venezuela y Cuba se encuentran, en este sentido, en la misma situación: o emprenden el doble
camino hacia la sociedad postcapitalista o no lograrán superar a la civilización burguesa. 2007 es
el año de la verdad para ambas vanguardias. Cuba está más avanzada en la educación, la salud,
etcétera, para dar los pasos socialistas. Pero su vanguardia, el Partido Comunista, está mucho más
institucionalizada que la vanguardia venezolana. Y si (Gabriel) García Márquez tenía razón cuando
dijo que la dialéctica en Cuba era Fidel, habrá que ver si el Partido logrará crear un sistema de
dialéctica institucional, que pueda sustituir al de la dialéctica personalizada, y que posiblemente
tendrá que ser más cibernético que el histórico, sin perder su cohesión. A mi juicio, la estrategia
dual de Desarrollismo Regional-Socialismo del siglo XXI es la única vía posible para mantener la
esencia humanística y los grandes logros del socialismo histórico en Cuba.