El mercado de la soledad  

Detrás de algunas líneas de encuentros "hot" se esconden trucos para engañar a los usuarios

Cambian la voz, inventan historias y se transforman en diosas de frases sexies y erotizantes. Pero mientras hablan con aquellos hombres que se comunican a las líneas de “encuentros”, ellas estudian, juegan al solitario o se liman las uñas a la vez que responden a escabrosas insinuaciones. Lo que en su momento fue un trabajo divertido, se tornó sórdido y ahora, con la liberalización del sistema, las 0-600 se reconvirtieron. Un largo adiós a la telefonista “hot”.

AMOR Y DESEO A DISTANCIA. A las líneas hot suele llamar gente común, pero existen muchos con obsesiones prohibidas. | Foto: Cedoc

“Quiero ser tu esclavo”. Ese es el mensaje que deja grabado Abet, un turco sadomasoquista, a modo de presentación. El sistema lo comunica con Muriel, la única mujer en línea, y él le suplica que le dé una orden. Ella está trabajando, tiene que hacerles creer a los clientes que también discó ese 0-600 para tener una charla caliente. Le sugiere que se desnude, se ponga de rodillas y entonces... se corta. Pero Abet ya cayó en la trampa y vuelve a llamar.

La tal Muriel en realidad se llama Danisa y aceptó ese trabajo porque durante el día cursaba la carrera de Comunicación y aprovechaba las noches para estudiar, mientras se ganaba unos pesos “escuchando chanchadas”, dice. Se reserva el apellido porque actualmente, ya recibida, “es poco prolijo laboralmente que se sepa de esta changuita exótica”.

Claudio (“quiero una persona sexy”), Raúl (“soy peluquero, remisero y bisexual”) y Oscar (“busco un romance apasionado y hermoso”) eran de los que llamaban seguido y terminaron descubriendo el truco: Griselda, Sol, Vanina, Marcela, Marisa y cada nombre de mujer que escucharon en línea eran la misma chica, una que trabajaba de eso. Igualmente, la situación no arruinó el negocio que explotó en 1997 y después, poco a poco, fue cayendo en el olvido.

Hoy, con el sistema de Revenue Share (o comisión de ventas), los 0-600 caducaron y una nueva diva copa las autopistas digitales de la comunicación: prometen charlas, potenciales parejas, posibilidades de sexo y todo al mismo costo de una llamada común que no te manda al frente en la factura de teléfono y te ahorra tantos pesos como dolores de cabeza.

Amantes, de profesión. Natalia Pasik y Mariana García estaban buscando un modo fácil y divertido de ganarse la vida. Entonces comenzaron a trabajar en Calling S.A., una empresa que tenía un 0-600 erótico promocionado en el candente rubro 59 como una línea de encuentros hot.

Los ratones masculinos se encendían y discaban el número mágico, pero en la trastienda nada más lejos de la fantasía: muchas chicas se rotaban los turnos mañana, tarde y noche y con sus auriculares siempre puestos jugaban al solitario en la PC, se limaban las uñas, dormían siestas. Un tono monocorde las mantenía en espera hasta que entraba un mensaje (“busco a una diosa del sexo “, “quiero encontrar una mujer que se anime a conocerme”) y entonces sí, empezaba el juego.

“Al principio fue divertido, pero a las dos semanas me empezó a resultar sórdido. Salía de trabajar tan asqueada que si me decían un piropo por la calle, me daban ganas de asesinar. Inventaba personajes y cambiaba de nombre... Cuando usé el de mi mamá me di cuenta de que la cosa se estaba poniendo bizarra y perversa”, cuenta Natalia, que actualmente es productora de teatro y eventos culturales.

Mariana, hoy artista plástica y diseñadora de tatuajes, recuerda: “De las que pasaron por ahí fui la que más duré. Cinco meses. Se ganaba mal y realmente no valía la pena el sacrificio. Pero como yo hacía el turno tarde, la gente que llamaba era más tranqui y aguanté bastante”.

El cuento detrás de un negocio reinventado. En principio, las líneas 0-600 se dividían en tres categorías: las de donación (que tiene un costo fijo de $3 más IVA y hay que discar 0-609); las de conferencia (que eran una suerte de chat telefónico que se manejaba por medio de mensajes grabados y desapareció con la llegada de Internet) y las de gran público (entre las cuales estaban incluidas las de encuentro y/o sexo). Estas últimas dos costaban 0,80 centavos más IVA el minuto.

Telecom y Telefónica tenían dividido al país, pero el Plan de Liberalización de las Telecomunicaciones abrió la competencia y desde el año 2000 (cuando dejaron de tener exclusividad), otras empresas como Telmex, Iplan, Techtel entraron a jugar y eso cambió el escenario. “Los 0-600 ya no son negocio. Económicamente, rinden más las líneas de encuentro, que salen igual que una llamada local”, explica Lucas Aznar, director de empresa de Telecomunicaciones Xara S.A.

¿Y dónde está la ganancia? En que se sustentan por fuera de Telefónica y Telecom, que se siguen usando en las casas particulares. Entonces, al hacer una de estas llamadas, su compañía le paga un porcentaje a la otra (la que sustenta la línea de encuentros, que en general se usa para empresas) y a la vez, ésta comparte ese porcentaje con el dueño de la idea.

“Son centavos, exactamente dos, por eso el chiste está en que llame mucha gente y cuanto más tiempo hablen, mejor... Pero al salir sólo 0,20 centavos el pulso, se dan charlas de horas y ahí es donde empieza a dar plata”, explica Aznar.

Antes, los que se comunicaban eran mayormente hombres y eso hacía que falten mujeres en línea, pero ahora que sale lo mismo que una llamada local creció el público.

El trabajo de operadora hot ya no es necesario. Las Revenue Share terminaron de borrar del mapa a las 0-600 y hoy la señorita del otro lado de la línea también está buscando un encuentro.

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