Cada barrio del Conurbano bonaerense tiene sus símbolos característicos. No sólo las calles y
avenidas forman los márgenes. También hay señas inconfundibles que marcan límites no aleatorios,
pero mucho más representativos para sus habitantes. Por ejemplo
Cuartel Noveno, en
Lomas de Zamora, casi no tiene plazas, tampoco árboles, y convive con la popular
Feria La Salada. Pero el sello que los marca a fuego es que
en más de 600 manzanas no hay agua potable ni cloacas. Y eso lo comparten con
tantas otras localidades del Gran Buenos Aires, donde
las canillas parecen ser tan sólo objetos de decoración.
El mapa del agua potable, lejos de ser caprichoso, refleja en forma idéntica las
desigualdades socioeconómicas. Un informe de la
Fundación Metropolitana, elaborado según estadísticas oficiales, evidencia la
polarización: en lugares como la Ciudad de Buenos Aires o Vicente López, la totalidad de la
población accede al servicio. Pero con sólo trasladarse algunos pocos minutos fuera de la General
Paz, la mayoría se inscribe en la categoría de “no usuarios”.
En Ezeiza son casi 100 mil personas (el 85,3% de la población) y en Ituzaingó hay 140 mil
personas (90%) en la misma situación. En suma, en la región metropolitana 3 millones de habitantes
están fuera del sistema.
Vivir sin agua. Los vecinos de Cuartel Noveno son parte de las
96.000 personas sin agua potable en Lomas de Zamora. No faltaron, en sus más de 20
años de historia, promesas de todo tipo para instalar el sistema de cañerías. Pero todas resultaron
falsas.
Julio Canale, un maestro de la zona que hoy encabeza una lucha popular, ilustra la
situación: “
Sabemos que el Gobierno nacional distribuyó el presupuesto para hacer las obras, pero todo
está muy atrasado y no hay ningún avance”. El 13 de febrero, Julio y sus vecinos se
manifestaron en las puertas de AySA para exigir una solución inmediata.
¿Cómo se vive sin agua? La misma pregunta está en la mente de cada habitante. No es fácil.
Nada fácil. La primera regla es estar atento y vigilante a la llegada del camión cisterna de la
empresa que recorre en días predeterminados cada manzana del barrio. “
Cargamos bidones, tachos y baldes en cada casa, pero el sector es muy grande y no
alcanza”, explica Fidel, uno de los repartidores, y agrega que es muy común que los
vecinos se peleen entre ellos por el agua.
A la vez, como en toda situación de necesidad extrema, hay quienes intentan aprovecharse.
En general, como la ración no llega a cubrir lo necesario, aparecen la compra y venta
ilegales.
Un poco movidos por las irregularidades, entre los mismos habitantes organizaron el reparto.
Aparte de los camiones, hay algunas “
canillas comunitarias”.
Marisol Mamani es una de las “cuidadoras” de estos tanques y cuenta su
trabajo cotidiano: “
Hay gente que me pide cargar más de lo permitido, pero no puedo porque el agua no alcanza.
Al final nos peleamos entre nosotros y es una vergüenza”.
Una vez que se cargan los tachos, baldes o cuanto recipiente se encuentre, comienza otra
odisea. Uno de los problemas es cuidarse de los mosquitos que se juntan alrededor del líquido. Y
ahí la furia vuelve:
“¿Cómo puede ser que el Gobierno nos diga que nos cuidemos del dengue cuando nosotros
estamos obligados a juntar agua?”, se pregunta una vecina.
Tampoco saben cómo mantener una higiene adecuada para sus hijos. “
Lamentablemente nos bañamos una o dos veces por semana, mojándonos con una jarrita. A veces
les tengo que decir a los chicos que no se echen más porque no alcanza”, cuenta,
angustiada, Marisol.
Los más pequeños, que no conocen lo que es una ducha, se llevan la peor parte.
Las diarreas y otras enfermedades relacionadas con la falta de aseo son comunes en el
barrio. Según un relevamiento general de la Asociación por los Derechos Civiles,
la hepatitis A está latente “debido a las condiciones sanitarias en las que vive una
gran parte de niños del Conurbano, especialmente por la deficiente calidad de los desagües
cloacales y del servicio de agua para consumo”.
Los adultos también sufren en su cuerpo las marcas por la sobrecarga que implica llevar un
balde de, por ejemplo, 20 litros de agua varias cuadras.
Recurso fundamental. Hoy el agua es considerada un derecho humano. Forma parte de
una calidad de vida indispensable
y es función del Estado garantizar el acceso universal. A mitad del siglo pasado,
la Argentina se encontraba entre los primeros países en cuanto a cobertura y prestación del
servicio sanitario. Pero el tiempo pasa y hoy ocupa puestos muy lejanos.
Los mismos vecinos de Cuartel Noveno sienten que viven como en otra época. “
En el siglo XXI, que acá no haya agua, es una cosa increíble. Es como decir que estamos en
el desierto o como en el 1800, que había que esperar al aguatero. Nosotros queremos pagar el
servicio, como pagamos la luz y los otros impuestos”, señala
Juan Portillo, un trabajador de la zona.
La Organización Mundial de la Salud aseguró que sólo con una base de entre 50 y 100 litros
diarios por persona se cubren los requerimientos mínimos esenciales de uso con riesgos
relativamente bajos para la salud. Algo muy lejos del promedio en Cuartel Noveno, donde por ejemplouna familia con 8 integrantes recibe alrededor de 400 litros día por medio (salvo
cuando llueve y el camión no puede ingresar).
Esa misma agua, conservada en bidones, es la que toman todos los vecinos. Los
tachos, en general, están sucios de sarro o pintura. “
Otra no nos queda, lamentablemente. Si no tenemos agua para bañarnos, menos para lavar el
balde”, se quejan. Y aquí entran en juego distintas formas y recursos de
“hacer durar” el agua hasta la última gota. En cuanto a la ropa, se lava sólo lo
indispensable, y con el líquido que queda se limpian los pisos o se tira en el inodoro. Cocinar
fideos, por ejemplo, es una tarea que muchos postergan por la escasez.
Ausencia. Ironía o contradicción, la falta de agua no sólo complica a los
habitantes, sino que también choca con proyectos propios del Estado. Por ejemplo,
la flamante Unidad Penitenciaria Nº 10 en Lomas de Zamora no puede utilizarse
(aunque ya está terminada) por esa razón.
Lo mismo sucede con un barrio nuevo, al que sólo le falta el agua. Y los maestros
de la escuela de la zona también deben hacer malabarismos para poder abastecerse con un tanque que
lograron instalar.
El agua potable es un problema mundial, al punto de que hay quienes ya la llaman el
“oro azul”. Tres millones de personas del Conurbano bonaerense saben bien de qué se
trata el asunto: cada gota, para ellos, es invalorable. “
Es como el petróleo que tenés que cuidar –asegura Marisol Mamani
– o como el oro.”
Todo muestra que la cuenta es inversamente proporcional: a mayor cantidad de hogares con
necesidades básicas insatisfechas, se corresponde una menor cantidad de usuarios de servicios de
agua potable y cloacas. Esto lleva consigo la imposibilidad de lograr una mejora en las condiciones
de vida. Todo parece increíble si se compara con un solo dato:
esto sucede en el área metropolitana, una región que se apoya en uno de los estuarios de
agua dulce más grandes del planeta.