El decorado que recibía a la gente en el estadio River Plate era interesante, aunque parecía no estar a la altura de semejante visita: una antigua radio, un vaso de whisky, un cenicero y un avión de juguete se podían ver desde cualquier punto del estadio. Cinco minutos después de la hora pactada para el comienzo del show, un brazo gigante levantó el vaso de whisky y lo sacó de escena, para volver a dejarlo en su lugar unos segundos mas tarde.
¿Es una pantalla?, fue la pregunta generalizada. Sí, y de altísima definición, dando por equivocada la primera impresión que tuvo este cronista del decorado. Luego de algunos movimientos con un cigarrillo y cambios de estaciones en la radio (que reproducía viejas canciones), se apagaron todas las luces del estadio, y el dial se clavó en un lugar cualquiera para dejar al público con el corazón helado escuchando a los “martillos marchantes” de “The Wall” y dando rienda suelta a “In The Flesh”.
Roger Waters salió al escenario saludando al público con el bajo colgando y dando pie a lo que sería un show memorable y lleno de sorpresas. E l sonido impecable, un sistema de parlantes repartido por todo el estadio (inclusive detrás del público), la pantalla, los efectos especiales y la iluminación integraron un show audiovisual pocas veces visto en nuestro país.
Luego de la ovación de rigor, el show continuó con “Mother”, presentando a Carol Kenyon en la voz, junto a Waters, y dejando al público estático, disfrutando del conjunto de estímulos auditivos y visuales perfectamente sincronizados.
El show continuó ante el delirio del público; en la pantalla se sucedieron fotos de Pink Floyd en blanco y negro, mientras sonaba “Set the Controls for the Heart of de Sun”.
A lo largo de la noche sonaron varios éxitos tanto de Pink Floyd como de sus trabajos solistas, y los más aplaudidos fueron, como era de esperar y sumándose a los tres de apertura, “Wish You Were Here”, “Leaving Beirut”: un pedido de paz contado en formato de historieta en la enorme pantalla, y “Sheep”, con la suelta de un gigantesco globo con forma de cerdo donde se leían graffitis que aludían a la grandeza del escritor Franz Kafka y de connotación política como: “Encierren a Bush antes de que nos mate a todos”; “Videla, Galtieri, Thatcher y Bush: Todos dan asco”; “basta de desaparecidos”; “¿Dónde está Julio López?” y “el miedo crea paredes”, todos escritos en español. A estas imágenes se agregaron pequeñas llamas en el escenario, sincronizadas con la batería, y dos inmensas llamas a los laterales, que marcaban junto a la música, el final de los estribillos y el cierre de un primer segmento del show.
Roger Waters se retiró del escenario anunciando su regreso en 15 minutos con “The Dark Side Of The Moon” y en la pantalla apareció una pequeña Luna que se acercaría lentamente durante el intervalo hasta lograr un tamaño considerable. Ante un nuevo apagón y cumpliendo su promesa, el legendario ex lider de Pink Floyd ingresó nuevamente interpretando “Speak to me” para continuar con “Breathe”, “On the Run”, “Time”, “Breathe (reprise)”, y “The Great Gig in the Sky”, durante el que volvió a compartir la voz principal junto a Carol Kenyon, quien asombró nuevamente al público con sus agudas notas en un solo vocal sin desperdicios.
E l sistema de sonido se aprovechó al máximo con los ruidos que emergían de todos los rincones del estadio, de antiguas cajas registradoras y que daban por sentado que “Money” estaba comenzando. Luego sonarían “Us and Them”, “Any Colour You Like”, “Brain Damage” y el cierre, antes de los bises, con “Eclipse”, momento en el que un set de lasers encima del escenario, formarían el famoso prisma que remite a la tapa del disco y que bañaba con colores las tribunas del estadio.
El set de bises arrancó con “The Happiest Days of Our Lives” y la locura del público se iría incrementando durante los últimos minutos del show. Cuando parecía que esta locura había alcanzado el pico más alto, Waters presentó ante el público a los niños del “Instituto River Plate”, entre aplausos. Era evidente que los chicos estaban en el escenario por un motivo, y al agregarse los sonidos de helicópteros en el estadio, era evidente que “Another Brick in the Wall, Part II” comenzaba a sonar.
Terminado el hit, saludó uno por uno a los aproximadamente 20 chicos que se
alejaban del escenario y los éxitos continuaron con “Vera”, “Bring the Boys Back
Home” para finalizar con un cierre inolvidable con “Comfortably Numb”.
Waters se mostró muy amable y saludó varias veces durante el show a sus fans esforzándose en hacer entendible su español y Dave Kilminster interpretó con gran prolijidad su guitarra a lo largo del show y también demostró sus dotes de vocalista en “Money” y “Breath”.
Los 14 músicos se despidieron del público dejaron al barrio de Núñez un enjambre de personas y autos que se alejarían silbando o cantando, rememorando un show lleno de emoción y momentos lisérgicos.
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