“El mercado de la tecnología de la seguridad está creciendo en nuestro país. La gente empieza
a tomar conciencia de que resulta indispensable lograr un buen complemento entre la persona y los
sistemas electrónicos”, explica Eduardo Capelo, presidente de la Cámara Argentina de
Seguridad Electrónica (CASEL). Si bien los vigiladores siempre serán necesarios, hay una tendencia
mundial, que también se da en Argentina, a incorporar cada vez más tecnología a los sistemas de
seguridad.
En algunos countries ya se están instalando sistemas biométricos en los ingresos. Cada
persona debe colocar su mano sobre un dispositivo para que el lector capte su huella digital y
verifique si está autorizada. La sofisticación de las videocámaras, que permiten obtener imágenes
360 grados con sumo detalle, también son una alternativa para reforzar la seguridad.
Otro de los servicios que empieza a difundirse en los barrios cerrados es el sistema de
control de intrusión domiciliaria. Como ninguna de las casas tiene rejas ni otro tipo de
protección, se instalan sensores dentro de la propiedad, comunicados a una central de alarma,
conectada a un sistema de monitoreo del country o de una empresa exterior. Dentro de los
dispositivos más recomendados para grandes extensiones, son los controles de detección perimetral
conectados a un circuito cerrado de televisión, y a sistemas de alarmas e iluminación que se
accionan ante cualquier presencia extraña.
Y para los que consideren que ni con toda la tecnología ni los vigiladores se sienten
seguros, ya empezó a implementarse un control con helicóptero, que sigue a cada propietario desde
que sale de la autopista hasta que ingresa al country. La hora de vuelo cuesta 450 dólares.
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