El arquitecto
Alvaro Arrese, director general de la Dirección General de Infraestructura, que
trabaja en el Colón, coincide: “
La restauración de la Capilla Sixtina y la de la Scala de Milán, suscitaron enormes
polémicas. Con el Colón hay distintas posiciones. No pretendemos dejar conforme a todos. Adoptamos
la dirección que nos parece correcta. Vamos a reproducir los sistemas constructivos originales. No
va a haber falsificaciones, ni molduras de telgopor”.
El presupuesto: “
Cuando empezamos dijimos que iba a costar entre 25 y 30 millones de dólares. Andamos en
esos valores, que lógicamente se van moviendo al ritmo de la inflación”, afirma
Arrese.
La acústica: Aseguran que realizarán varias mediciones con la sala vacía y luego
llena y ya refaccionada. “
Con los años hubo cambios que implicaron una gran variación acústica, como la instalación
en los 70 del aire acondicionado en la sala. La mecanización del foso fue una innovación enorme y
no faltó quien dijo que la acústica era distinta. Pero nadie puede pedir que siga subiendo a
tracción a sangre”, explica Terreno.
El telón: “
Es un elemento de gran valor ornamental. Pero no da más, no es eterno. Hay quienes dicen
que se puede restaurar, pero no saben de que se trata. Los especialistas coinciden en que si se
restaura no duraría más de tres o cuatro años. Por eso lo vamos a dejar para el museo. Hemos
manejado distintas alternativas, no es que estamos emperrados en una. Todavía estamos analizando
qué hacer”, comenta Terreno.
La fachada: “
La prueba de la que tanto hablan del Instituto del Restauro fue hecha en una área donde no
estaban los premoldeados de cemento. Nos encontramos con cosas no previstas en ese informe. Los
grupos escultóricos estaban muy deteriorados y han exigido esfuerzos muy grandes”,
advierte la arquitecta
Bettina Kropf, asesora de la Dirección de Infraestructura.
Criterios de conservación: “
La gente que venga el 25 de mayo de 2008 tendrá que reconocer que la sala no será
exactamente igual a la de 2006, ni tampoco a la de 1908. Estará en punto intermedio que permita el
reconocimiento de lo que había pero que se note lo que se hizo”, afirma Arrese. Y
Kropf coincide: “
El teatro no es un museo. Creemos que el monumento tiene que seguir vivo, no para mirarlo,
sino para usarlo. Cuando uno hace, genera ruido. Y en el Colón hubo silencio mucho tiempo. A veces
atemoriza el ruido, pero el desafío es que se está haciendo”.