Fue liberada tras 27 días en cautiverio  

El atroz recuerdo de una mujer secuestrada

En un duro testimonio reveló cómo la picanearon, le amputaron un dedo y abusaron de ella. Los responsables están presos y el próximo miércoles un Tribunal emitirá su veredicto. "Espero un fallo ejemplar", confesó.

Foto: Cedoc

Mirta Fernández, la mujer que fue "picaneada" y mutilada cuando estuvo secuestrada en 2003 aseguró hoy que "desde el primer día" sus captores le dijeron que le iban a cortar un dedo y aclaró que no padeció el síndrome de Estocolmo, sino que fue "violada" por su cuidador.

En una entrevista exclusiva con la agencia oficial Télam, la mujer por cuyo secuestro está siendo juzgada la banda de Sergio Leiva, alias "El Negro Sombra", afirmó que si no tenía relaciones sexuales con su cuidador, ésta la amenazaba con que iba a tener que hacerlo con el resto y que aún hoy no sabe si en realidad no la violaron todos.

A cuatro años de ese aberrante secuestro extorsivo, Fernández rompió el silencio mientras espera "un fallo ejemplar" del Tribunal Oral en lo Criminal Federal (TOF) 1 de San Martín, que el próximo miércoles dará a conocer su veredicto.

"Espero que no quede impune y se pudran en la cárcel. ¿Por qué tanto ensañamiento? Disfrutaban cuando me manoseaban, me pegaban y me torturaban. Lo que me hicieron no me lo voy a olvidar nunca más", manifestó la mujer, de 37 años, que tiene tres hijos y todavía está bajo tratamiento psicológico.

El secuestro. Mirta, que no quiso ser fotografiada, contó que su calvario comenzó la noche del 19 de agosto de 2003 cuando volvía a su casa de Don Torcuato y fue interceptada por tres autos y una moto con hombres fuertemente armados.

"Rompieron la ventanilla de mi camioneta, me sacaron de los pelos y me arrastraron hasta un auto. Tenían fusiles FAL, se tirotearon con un custodio y el que me agarró, que fue Angel Martínez, llevaba un chaleco del FBI", relató.

Explicó que cuando la introdujeron en un auto, en el asiento trasero estaba sentado "El Negro Sombra", a quien describió como "el morocho grandote de barba candado" que le dijo: "Perra, hace cinco meses que te estábamos siguiendo".

De allí la trasladaron a su primer sitio de cautiverio, que por el recorrido realizado ella sospecha que podría ser el barrio San Pablo de Talar de Pacheco, la zona donde se crió Leiva.

"Entré a una casa con los ojos vendados y me encadenaron un pie y pretendían que hiciera mis necesidades en un balde. Ahí me di cuenta de que era un secuestro ", recordó.

"El mismo que me capturó, Martínez, se puso a jugar con mis dedos y una tenaza. Desde el primer día me dijeron que si las negociaciones no iban bien, me iban a cortar un dedo o me iban a cortar en pedacitos", aseguró.

Al día siguiente, Fernández fue trasladada en una camioneta, "tapada entre dos asientos", hasta su segundo y definitivo sitio de cautiverio, donde el 25 de agosto cumplió 33 años.

El cautiverio. Se trata de la casa en la localidad platense de Villa Elisa de quien sería su cuidador y, según denunció, violador, el ex policía federal Juan Carlos Gómez, confeso en este juicio.

"Llegué atada, estuve un rato sola, entró Gómez, me hizo arrodillar y empezó la tortura psicológica, me dijo 'si llegás a verme o si me reconocés, aunque sea por la voz, te mato. El que te va a cuidar soy yo", comentó.

Mirta dijo que Gómez la obligo a desvestirse, la dejó en ropa interior, le dio ropa de hombre y la esposó a una cama.

"A pesar de lo poco que podía ver, empecé a recabar en cada detalle, incluso a la policía después le di el número identificatorio de las esposas y vi que otro secuestrado había raspado el elástico de la cama y dejó escrita la frase 'Dios, quiero estar con mi familia'", detalló.

El 19 de agosto fue la primera sesión de torturas y sus gritos fueron grabados en un casete que los secuestradores enviaron a su familia como primera prueba de vida.

La mujer dijo que quienes la torturaron fueron Leiva y Horacio "Lala" López, otro de los imputados a quien reconoció por la voz, y, según la víctima, era "el baboso" que la manoseaba "siempre" y que dos días antes de su secuestro se le acercó en un boliche de San Miguel para invitarla a bailar. 

"Me empezaron a pegar y me dijeron 'te vamos a dar una ayudita para que hables'. Pensé que me iban a cortar un dedo del pie porque me sacaron los zapatos. Pero me tiraron un balde de agua, me dijeron 'esto lo que hace la policía para que hablemos', y me dieron 220 voltios con un cable en el pie", relató.

Mirta explicó que el 7 de septiembre fue la amputación de su dedo meñique de la mano derecha cuando, según la víctima, Leiva y López la obligaron, a los golpes, a tomar un té para drogarla.

"Me dio frío y no me acuerdo más nada. Me desperté pensando que era domingo pero habían pasado unos días. Cuando me veo la mano me di cuenta de que me habían cortado un dedo. Me dejaron el hueso y los nervios para afuera", relató.

Tanto el dedo como un video en el que se mostraba la amputación, llegaron al padre de Fernández como un macabro método para presionar el pago del rescate.

Tal cual denunció al declarar en el juicio, Fernández aseguró que el ex policía Gómez la violó durante su cautiverio y que ella no padeció el "Síndrome de Estocolmo" -una patología por la cual la víctima de un secuestro puede sentir afinidad con su cuidador-, como contaron los investigadores al conocerse le caso.

"No tuve 'Síndrome de Estocolmo', eso es mentira. Fue una violación. O era con él o era con todos, lo hice porque mi vida corría peligro. Aunque a mí la duda de si no me violaron todos siempre me va a quedar. Estuve drogada", dijo.

Luego de que su padre arrojara de un tren 340 mil pesos, Mirta fue liberada tras 27 días de cautiverio el 16 de septiembre de 2003 en puente Saavedra, del lado de Vicente López.

"Me dieron una moneda para que pudiera llamar a mi familia y me dijeron que todo lo que me había pasado era culpa mía", concluyó.

Fuente: Télam

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