El
actor y conductor Mauricio Borezstein, popularmente conocido como Tato Bores,
hubiera cumplido
hoy ochenta años. Y los canales de televisión –como Crónica TV o la señal
Volver– ya preparan su batería de homenajes al genial creador de
Tato Diet y
Good Show.
Creador de incontables programas de humor político y uno de los “fiscales” más
ingeniosos de la televisión vernácula durante décadas,
Bores nació en Buenos Aires el 27 de abril de 1927, y hoy celebraría sus ochenta
años si un cáncer fulminante no se lo hubiera llevado
el 11 de enero de 1996.
Si bien antes había incurrido en el cine y el teatro de revistas, Tato fue una figura
televisiva fundamental de los domingos por la noche desde principios de la década del sesenta,
con su peluca estrafalaria, sus anteojos y su falso habano, siempre a la pesca de la
actualidad.
Aunque lo distintivo fue su imparable verborragia, que tuvo
libretos de Landrú y también de César Bruto, Aldo Cammarota, el malogrado Jordán de la
Cazuela, Juan Carlos Mesa y en sus últimos años Santiago Varela, concitaba la atención
–y el recelo– de políticos y funcionarios de turno.
Tato comenzó su carrera junto a Pepe Iglesias, “El Zorro”, en Radio Splendid, al
mismo tiempo que pisaba por primera vez los escenarios junto a Fanny Navarro en el teatro Maipo.
Desde finales de la década del cuarenta, brilló en el teatro de revistas con su humor político
inyectado de sutilezas y alejado de la chabacanería de algún colega, y a mediados de los 80 cumplió
con excelencia el rol de “esposo” del personaje de Carlos Perciavalle en la primera
versión de
La jaula de las locas (La cage aux folles).
En 1946, habría creado su personaje Igor, dentro de “La escuela humorística” que
luego tuvo programa radial propio,
Las aventuras de Igor. Once años después comenzó con chistes políticos en
La familia Gesa, por la pantalla de Canal 7.
Tato había debutado en la estación pionera con el micro
Tato y sus Monólogos dentro del ciclo “Caras y morisquetas” (1957), cuyo
protagonista era el enorme Dringue Farías y tenía libretos de Landrú. El frac, la peluca de
cabellos hirsutos y el habano nacieron durante una seria crisis en el gobierno de Arturo Frondizi,
cuando el comediante
apareció en la pequeña pantalla ofreciéndose para ocupar cualquier puesto de ministro.
Su mayor popularidad llegó con
Tato siempre en domingo (1962), en permanente peligro de las censuras oficiales, y luego
con
Dígale sí a Tato, Déle crédito a Tato, Tato vs. Tato y Tato por ciento. Uno de los últimos
programas que llevó adelante –y con los que deleitó al gran público– fue
Good Show, de 1993, un programa de sketches y chistes políticos que, según él mismo
retrató, “marcó un antes y un después en la televisión”.
Aún después de su muerte, su humor y su crítica seguían vigentes:
La Argentina de Tato (1999) y
Biografías No Autorizadas (2000) permitieron a
sus hijos Alejandro y Sebastián, y al documentalista Miguel Rodríguez Arias,
respectivamente, sacarle el jugo a recortes de sus programas.
Bores fue también un buen actor secundario en cine desde su debut en
Un pecado por mes (1949), hasta que llegaron sus protagónicos junto a Norman Briski (Disputas en la cama, 1972) y Alberto Olmedo (Departamento compartido, 1980, y
Amante para dos, 1981).
El cáncer óseo que le descubrieron los médicos de la clínica Mater Dei al operarle una simple
hernia de disco, hacia 1994, le hizo saber que no podría volver a trabajar, por lo que se recluyó
en sus casas de Buenos Aires y Punta del Este, de donde regresó días antes de su fallecimiento.
Fuente:
Télam
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