La corrupción, cuya fetidez navega como un polen enfermizo, nos hace sospechar de cualquiera. Si le va bien, es porque se porta mal. Lo cierto es que los famosos enriquecimientos ilegales de la época “ neoliberal” de Menem siguen en los tiempos “ progres” de Kirchner. Pero antes el periodismo los denunciaba con más libertad y mucha fuerza. Ahora esa libertad fue disminuida y las denuncias sólo corren de boca en boca, susurradas con miedo. Se aprendió a esquivar la farándula y no pasarse de raya con el exhibicionismo. Las ganancias sucias se disimulan con más habilidad. Pero el exceso de poder los llevará a bajar la alerta. Y entonces irán presos.
Argentina continúa siendo
mal vista en esta materia. Persevera en el
ranking de “
los países menos transparentes y más corruptos del mundo”. Duele, mi amigo,
pero es así. Los datos surgen de las conclusiones publicadas por la organización
Transparencia Internacional. Fijate en esto: de
163 naciones analizadas, la Argentina ocupa el
puesto 93, y sigue bajando, abrazada a las peores compañías, borracha de indigna
felicidad.
“
No se han observado avances en la promoción de políticas efectivas que luchen contra la
corrupción”, afirmó
Laura Alonso, directora de
Poder Ciudadano. No se trata sólo de corrupción económica. El prolijo relevamiento
menciona diversas cuestiones que ayudan a mantenernos en un puesto muy lejano del ideal; entre
ellas, algunas medidas, tomadas por el actual gobierno, de clara corrupción política. Por ejemplo,
se destaca el
debilitamiento del control del Congreso sobre el Poder Ejecutivo y el
anormal uso de facultades legislativas por parte de ese mismo Ejecutivo. También
menciona la existencia de “
fondos fiduciarios sin control”, un rubro escandalosamente cuestionado,
porque se trata de dinero público que ni huele el Parlamento.
El informe lamenta el
bajo nivel de compromiso en el sector privado y en el
movimiento sindical con respecto a la lucha contra la corrupción, además de una
creciente dependencia política del Poder Judicial en
todas las provincias. Enfatiza la
lentitud de la actuación judicial, sospechada de tener la intención disimulada de
llevar a la “
prescripción causas por corrupción”, precisamente.
Entre otros rubros lamentables, se indican “
la ausencia de una normativa específica que regule y proteja a los
denunciantes”, la “
ausencia de una ley nacional de acceso a la información pública” y la
“falta de transparencia en el financiamiento político”. Todo un
capítulo está dedicado al debilitamiento de los órganos de control. Este problema es decisivo y nos
diferencia de los países serios.
¡Cuántos laureles que supimos conseguir!, ¿no?
Las
coimas IBM-Banco Nación enlodaron la
administración menemista de los 90 y fueron objeto de una
severa condena pública, enarbolada con fiereza por los
medios de comunicación que cargaron de electricidad el sillón de jueces y
fiscales. Pero un reciente caso, bastante parecido, ahora es parcialmente amordazado. Se trata de
la compañía sueca
Skanska. Se han descubierto
pagos a empresas fantasma en la grandiosa ampliación del Gasoducto del Norte. La
intención obvia era derivar fondos para pagar
sobornos millonarios. Serían beneficiarios de esta ilegalidad
estructuras políticas y numerosos
funcionarios. La causa fue iniciada ante la sospecha de una evasión impositiva y
empezó a ser calificada de
Skanskagate. Una de las huellas que despertaron sospechas fue la casi
coincidencia entre el
monto de facturas falsas que Skanska pagó a Infinity (inexistente) y otras
veintidós firmas de ese tipo. Salta a la vista la diferencia entre lo que Transportadora de Gas del
Norte había estimado que iba a costar la obra y lo que se ha pagado. Se han
derivado fondos por servicios
nunca prestados, sobre la base de
facturas truchas, al mejor estilo de la viveza criolla. La cantidad de dinero en
cuestión es muy alta. El grupo constructor, de reconocido prestigio y solvencia económica,
enseguida despidió a siete gerentes. El director ejecutivo para América latina
presentó su renuncia y admitió haber realizado
pagos ilegítimos. Skanska ya obló millones en concepto de
impuestos y multas. El tema levanta espuma, incluso en los medios leales al
oficialismo. Hay muchos
funcionarios salpicados y puede que las manchas lleguen a la cumbre del poder.
Esas obras pertenecen a la órbita del
Ministerio de Obras Públicas dirigido por el ministro
Julio De Vido, a quien la revista
Noticias
ya instaló en los altares como el
San Julio de los Retornos.
El
Ente Nacional de Regulación del Gas (Enargas), que también depende de ese
ministerio, demostró una
total ineficiencia en sus tareas. O, al revés, ¡
mucha eficiencia para encubrir las irregularidades! Además, los funcionarios
encargados de controlar
no han sido designados por concurso, sino sobre la base de
lealtades políticas que, como es inevitable, llevan a
otras lealtades menos éticas. No deja de asombrar la
desprolijidad suprema cometida desde el comienzo de esta administración: una de
las principales autoridades de la
Sindicatura General es
la esposa del ministro Julio De Vido. Debe ser muy patriota esa mujer, y seguro
que le haremos un monumento porque bloqueará cualquier tentación ilegal de su marido.
Joyas a buen resguardo. Un tema que se trata de hacer olvidar (el culto a la
memoria no se ocupa de nimiedades crematísticas) son los
cientos de millones de dólares que el
gobernador Kirchner envió al exterior en 1993 y se niega a regresar (o no los
puede regresar porque los colocó mal o no los quiere regresar porque son un fortuuuunón, como se
diría en cordobés básico). A ese dinero siempre lo
empaquetó la niebla de misterio, como en las novelas policiales. ¿Transparencia
republicana? ¿Desde la lejana Santa Cruz? ¿Qué es eso? No. Esa transferencia monumental en los
tiempos en que el gobernador era
amigo entusiasta de Menem y de Cavallo se realizó en forma
recoleta, casi nadie lo sabía, y los que sabían
cerraban la boca por miedo
o complicidad. Cuando el asunto saltó al ruedo, provocó perplejidad y fueron
lanzados argumentos que cambiaban de color según las circunstancias. Primero
el oficialismo exigió un aplauso a Kirchner, por haber tenido la perspicacia de
salvar ese monto
enorme del corralito (un montón de años antes que se produjese la crisis). Después
aseguró que
regresaría cuando se estabilizara la economía del país. Más adelante, que vendría
cuando terminase el conflicto de la deuda externa. Después... ya ni me acuerdo de las siguientes
mentiras, la vergüenza me bloquea.
Los diarios informaron, eso sí, en agosto de 2005, durante la campaña electoral, que Kirchner
repatriaba
552 millones de dólares (algunos sostienen que la cifra llegaba al doble). Se
explicó que los había mandado a hibernar afuera para
protegerlos, pero sin dar detalles de dónde, porque esos detalles los daría a
conocer en el momento que quisiera (como si fuese el dueño de los fondos). Ha trascendido que la colosal fortuna fue
invertida en bonos:
405 millones en el banco Credit Suisse y que sólo
125,4 millones regresaron a la Argentina, a una cuenta en la Caja de Valores SA.
El temazo desencadenó una
inesperada tensión entre el Presidente y el gobernador Acevedo, de Santa Cruz, que
ansiaba recuperar esa plata para su propia gestión. El gobernador, algo díscolo,
tuvo que renunciar por presiones de la Casa Rosada y en su sitio
atornillaron al kirchnerista
Carlos Sancho (dicen que no se parece al del Quijote, por suerte o desgracia).
Según el jefe de la bancada radical de esa provincia,
el grueso de los fondos sigue en Suiza, saboreando chocolate o mandándose alguna
patinada en los campos de esquí. Para “resolver” el conflicto, la Provincia designó un
comité de control muy ecuánime. Tan ecuánime que
lo componen el lamebotas del gobernador y sus leales ministros de Economía y de
Hacienda, tres muñecos de Kirchner que “se van a controlar entre ellos mismos y
decidirán qué hacer con la plata”. ¡Para sacar balcones!
El diputado radical
Omar Husain Hallar señaló que hasta 2003
nadie sabía dónde estaba ese mar de dólares. Tampoco
nadie preguntaba. El fideicomiso creado por Sancho permite seguir reteniendo esa
fortuna en el exterior –como desea la pareja presidencial–, en lugar de traerla e
invertirla en el desarrollo de la Provincia. Entretanto,
se pide a los demás ciudadanos que tienen dólares afuera que dejen de ser
mezquinos o
temerosos y
los inviertan aquí. Gran coherencia moral. Como cereza del postre, la Justicia
(¡independiente!) se ha
desentendido del tema. Increíble, pero es así, ante la indiferencia cómplice de
una sociedad que parece estupidizada. Primero lo hizo el fuero federal y luego el juzgado penal de
Santa Cruz.
Guillermo Montenegro –un juez federal designado por K–
se declaró incompetente y remitió la causa a la Provincia. El 1° de junio de 2005,
Santiago María Lozada, juez de Instrucción Nº 1 de Río Gallegos, mandó las actuaciones al archivo.
¡Qué tal!
Lotes del Paraíso. La
Patagonia está siendo descubierta por el mundo. Sus atractivos son fabulosos.
Llegan masas de turistas y
los precios de las tierras aumentan rápidamente. El Calafate es una encandiladora
maravilla. Ya
van desapareciendo las tierras fiscales, que son compradas a buen precio. Pero
algunas son vendidas a un
monto vil (es decir, casi regaladas como favor y por decreto).
Una entrevista antológica de
Jorge Lanata a
Néstor Méndez, curtido
intendente kirchnerista de El Calafate, por
AM del Plata, deja atónito.
El diálogo fue extenso y desopilante. Me limito a unos tramos.
—
Yo, como intendente, ¿qué quiero? Que el Presidente invierta acá, que todos los
argentinos inviertan acá; bienvenidos, que vengan y que compren…
—
¿Le puedo preguntar, Méndez?
—
¿Qué quiere preguntarme? ¿Que la Municipalidad vendió la tierra a 4 pesos?
Después… Bueno, ¡ojalá después que compren, que la tierra valga 120, 130!
—
¿Le puedo hacer una pregunta, Méndez?
—
Los precios varían –sigue hablando sin escuchar–, aquí la gente no sólo tiene
el terreno, sino obligaciones que cumplir. Tiene que hacer mensura, alambrado, forestar; tiene que
hacer alguna inversión de mínima y, obviamente, después se valoriza más. Se le dio tierra a todo el
mundo, Jorge. Cuando viniste en el año ’97 estabas en El Mirador del Lago; si me hubieses
pedido un terreno, te lo hubiese dado y baratísimo, porque en ese momento tampoco valían tanto los
terrenos, por lo menos en las inmobiliarias.
—
¿Puedo preguntar, Méndez?
—
Bueno... sí, preguntá.
—
Le voy a leer una lista y quiero que usted me la confirme, simplemente.
—
Mirá, yo tanta memoria no tengo, les di terrenos a más de diez mil tipos.
—
No se preocupe, escuche la lista, nada más… Perdón, ¿quién le sopla al lado?
Escucho una voz.
Silencio de Mendez.
—
No, no, mirá, estoy solo.
—
Ah, ¿está solo? ¿Es usted ventrílocuo? Por favor, escúcheme, le quiero hacer una pregunta.
¿Usted les dio tierras a...?
Y Jorge Lanata se despachó con una lista de nombres que incluía al
Presidente,
su esposa,
su hermana,
sobrinos,
su ex chofer,
el actual gobernador,
asesores, i
ntendentes,
ministros,
jueces,
legisladores,
empresarios amigos,
escribanos,
testaferros,
administrador de la Aduana y otras figuras importantes de las áreas provincial y
nacional, que hicieron temblar a los oyentes y aumentar el volumen de la radio. Entre los
beneficiarios también estaba incluido, por cierto, el mismo intendente, quien reaccionó indignado.
—
Jorge, ¡estás diciendo boludeces!
—
Si todo esto es una boludez, le leo los números de trámites y cuántos metros le dio a
cada uno.
—
Pero… Jorge, Jorge, escuchame una cosa, ¡es una boludez que toda esa gente esté
proscripta para invertir en El Calafate! ¿Yo me tengo que ir de El Calafate? ¿No me puedo quedar a
vivir en El Calafate porque soy intendente? Esta es una proscripción absurda de parte tuya.
—
No, Méndez, si hay alguien que no está proscripto es usted, que fue cuatro veces
intendente de El Calafate, o sea que tuvo cuatro reelecciones. Proscripto no está, no se
preocupe.
—
Jorge, que a vos no te guste es una cosa, pero vos no estás acá. Vení y votá acá, y
empezá a votar en contra.
— ¿Cuánta gente hay esperando tierras fiscales en El Calafate?
—
Jorge, escuchame: ¿no podés ser intendente de tu pueblo porque hayas sido un laburante
común? ¿O tenés que ser profesional para que tus padres te puedan bancar la facultad, y si no podés
ser profesional tenés que ir a la pala y el pico? No entiendo.
— Yo no entiendo lo que usted me está hablando, realmente. Me habla de algo
incomprensible, Méndez.
— Hablo de lo que escribiste en el diario
PERFIL, lo escribiste vos y lo firmaste vos.
— Lo escribí yo, lo firmé yo y me recontra hago cargo de lo que dije.
—¡Ah, bueno! Pero, ¡qué te vas a hacer cargo! Si en este país nadie se hace cargo de
las boludeces que habla.
—Háblelo con el Presidente. ¿Usted lo conoce, no? ¿Por qué no licitaron las tierras?
—
Yo las licité, pero…
— ¡No, no las licitó Méndez! ¡Usted las entregó por decreto!
- Jorge, escuchame bien… Vos no conocés ni la mitad del país, recién viniste a
descubrir la Patagonia. Hay mucha gente que tiene tierras en El Calafate, incluso los que nombraste
vos, que están pagando cuota por cuota.
—Sí, el Presidente les pidió refinanciación para las tierras, ¿no?
— ¡Pero está perfecto!
— ¿Hay tres mil personas esperando tierras fiscales en El Calafate?
—No, tantos no son…
—Gracias, buenas tardes. Adiós.
—Muchas gracias a vos, Jorge.
Fragmento de
El atroz encanto de ser argentinos 2.
Gentileza editorial Planeta.


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