La Justicia inició una causa por
contrabando de armas en la que
investiga a Fabricaciones Militares, luego de que en febrero pasado la Aduana
descubriera una supuesta subfacturación en una operación de
exportación de fusiles automáticos.
En el marco de la causa se secuestraron, tres meses después
6.739 kilogramos de estas armas, que Fabricaciones Militares había embarcado
hacia Connecticut, Estados Unidos. El precio total del cargamento secuestrado era
de
sólo 2.600 dólares, y se vendía como “material de desguace”, según
informa hoy el diario
La Nación, en base a fuentes que tuvieron acceso al expediente.
La causa es instruida por el juez en lo penal económico Guillermo Tiscornia y por la fiscal Carolina Robiglio, y se encuentra bajo secreto de sumario.
Desde 2006, la Dirección General de Fabricaciones Militares se encuentra bajo la órbita del Ministerio de Planificación, que conduce Julio De Vido.
La operación de venta había sido aprobada hacía un año por una comisión integrada por los
ministerios de Economía, Defensa y Relaciones Exteriores. El embarque iba dirigido
a la
empresa JLD Enterprises, cuyo propietario es un argentino, José Luis Díaz.
El precio del cargamento llamó la atención de los inspectores de la Aduana, y llamaron al
Registro Nacional de Armas (Renar), que constató que "había
piezas con numeración limada y otras cuyas numeraciones no coincidían con lo
asentado en los remitos de exportación", según fuentes del Gobierno. Entre el material secuestrado
hay 21.000 percutores y 5246 cuerpos cerrojos
Una de las sospechas de los investigadores del caso es que el
destino final de las armas no era Estados Unidos, sino algún país sudamericano, en
el que se revenderían a
narcotraficantes y delincuentes, según las fuentes judiciales.
Por vía diplomática, los investigadores solicitaron a los Estados Unidos un informe sobre
JLD, y también se investigará si el comprador tiene
vinculación con algún funcionario o empleado de Fabricaciones Militares.
El juez ordenó allanamientos en dos dependencias de la
Dirección General de Fabricaciones Militares, donde se secuestraron documentación
y computadoras.
Un precio vil. El interventor en la DGFM,
Arturo Puricelli negó que se tratara de un caso de contrabando de armas y le restó
importancia a la denuncia, aunque admitió que el precio del embarque también lo sorprendió.
“Es verdad que
el monto de la operación llama la atención. A mí también
me pareció que era un precio vil, pero los expertos me explicaron que este
material no se puede vender a precios significativos”, dijo Puricelli.
El interventor de la DGFM quiso evitar cualquier tipo de comparación con el
contrabando de armas a Croacia y Ecuador durante el gobierno de Carlos Menem. "No
existe un caso como se ha visto en la Argentina en otras épocas”, dijo.
Esta no es la primera vez que Fabricaciones Militares se ve involucrada en un caso de este
tipo. Luis Sarlenga, el ex titular de la entidad es uno de los que estarán sentados en el banquillo
de los acusados cuando comience el juicio por el contrabando de armas a Croacia y Ecuador.
“Está bien que la Aduana y que la Justicia investiguen, pero a estas alturas no le veo
entidad a la denuncia. Puede ser que haya una
connivencia dolosa de algún funcionario de la gestión anterior o
algún hecho de corrupción", dijo Puricelli, según informa
La Nación.
Puricelli señaló que el cargamento incautado era era el tercero de una operación comercial
por un
monto total de 330.000 dólares, consistente en la venta de partes nuevas, usadas y
semielaboradas de fusiles automáticos livianos (FAL) y fusiles automáticos pesados (FAP).

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