Durante el mediodía, sólo el 25 por ciento de los porteños que figuran en padrón había emitido su
sufragio. Es que
el domingo –con cielo despejado y temperaturas otoñales– invitó a los
habitantes de la Ciudad de Buenos Aires a disfrutar de la jornada y recién emitir su voto al entrar
la tarde, donde algunas mesas debieron extender su horario por la presencia de los
votantes aún después de las seis de la tarde.
La ola de frío polar que se extendió sobre Buenos Aires y el conurbano bonaerense en las
últimas semanas dejó paso a un domingo cálido y soleado, por lo que la concurrencia se incrementó
sólo a partir del mediodía en
las 663 escuelas habilitadas para la ocasión. La tarde se vio así sobrecargada por
los votantes y debieron sufrir algunas demoras. Sin embargo, las autoridades electorales
comunicaron que
las mesas cerrarían después de la hora prevista, las 18, en los casos en que quedaran
votantes por sufragar.
En una escuela del barrio de San Cristóbal, una mujer exhibió orgullosa su emparchada libreta
cívica, con el registro de 30 votaciones.
“Tiene el sello de la primera elección en la que las mujeres tuvimos derecho al
voto”, aseguró en alusión a los comicios de 1951, en los que Juan Perón obtuvo un
segundo mandato presidencial.
Hacia el mediodía,
el presidente del Superior Tribunal de Justicia (TSJ), José Osvaldo Casás, sostuvo
que los comicios porteños se realizaban con “normalidad” y que “a las 10.15
estaban habilitadas el 99 por ciento de las mesas electorales”. Para esa hora habían quedado
atrás las demoras matutinas como la que padeció Elisa Carrió en la Universidad del Salvador, en
Callao 835, donde quiso sufragar a las 8.30, pero debió esperar una hora y se retiró convencida que
esta elección marcará “el comienzo de algo”, según auguró en declaraciones a la prensa.
Pese a la “normalidad” general invocada por Casás, el mismo funcionario relató
como excepción el caso de una mujer que pidió entrar al cuarto oscuro con su hija, menor de edad, y
que al salir pretendió colocar dos sobres en vez de uno en la urna. En infinidad de otros casos
los padres votaron acompañados por sus hijos, algunos de los cuales, para poder
ingresar a las aulas donde se escogía y ensobrara la boleta electoral, debieron dejar las mochilas
bajo la custodia de las autoridades de mesa.
El
ministro de Trabajo, Carlos Tomada, votó pasadas las 13 en el Centro Educativo
Arquidiosesano Espíritu Santo, en Almagro, después de superar un momento de desconcierto: al llegar
a la mesa no había votantes, pero tampoco autoridades ni fiscales. Estos últimos habían ingresado
al cuarto oscuro para una verificación, después de lo cual Tomada pudo sufragar.
Lo siguió un hombre con su hijo de menos de dos años, quien portaba el DNI del padre forrado
con los colores de River. “Quiere ganar algo antes de diciembre”, ironizó un testigo.
La ironía también emergió cuando votó
Jorge Telerman, aspirante a la reelección como jefe de Gobierno de la ciudad y un
periodista le preguntó si lo había hecho por “el licenciado”. De respuesta rápida, el
candidato replicó: “No, voté por el licencioso”.
Telerman fue además protagonista indirecto de la orden del Tribunal Superior de Justicia
porteño de cesar la entrega de volantes y folletería del Incucai en lugares de votación, debido a
que llevan impresa la leyenda “Actitud Buenos Aires”, con la que el funcionario divulga
su gestión.
El lema había sido objetado por apoderados de los partidos pero la decisión no afectó la
continuidad de la tarea de reclutar donantes de órganos en los lugares de votación, una iniciativa
que “aportó más de 200 mil nuevos inscriptos en los últimos cuatro actos
eleccionarios”, según informó el mismo organismo nacional.
Por su parte, f
amiliares de víctimas de Cromañón hostilizaron a Aníbal Ibarra y miembros de Quebracho
arrojaron harina al ministro y candidato a diputado Ginés González García, cuando las
cabezas de las dos listas para legisladores que respaldaron a
Daniel Filmus para la jefatura de Gobierno porteña acudieron a votar.
Al propio Filmus, militantes de Quebracho lo recibieron en el lugar de votación con consignas
de “libertad a los presos” de la agrupación, pero en el mismo lugar, el colegio Santa
Catherine, un grupo de docentes homenajeó al ministro de Educación con una torta por ser hoy el día
de su cumpleaños número 52. Un caso excepcional fue la amenaza telefónica de bomba en una escuela
de Federico Lacroze al 3900, que resultó falsa pero obligó a una suspensión momentánea de los
comicios.
Mauricio Macri debió también sortear algunas dificultades para poder votar, aunque provocadas
por medio centenar de cronistas y fotógrafos que lo acompañaron hasta la Escuela Técnica Osvaldo
Magnasco, en la avenida Santa Fe al 3700, donde sufragó. Su compañera de fórmula,
Gabriela Michetti, votó en la mañana en una escuela de la calle Chile al 2.000, en
una mesa de la planta baja a la que llegó con ayuda en su silla de ruedas, dado que el
establecimiento no contaba con rampa de acceso para discapacitados.
Fuente:
Télam
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