Difícilmente otro club del fútbol mundial haya podido reunir
tantos apodos a lo largo de su historia como San Lorenzo.
Santos, Cuervos, Azulgranas, Gauchos de Boedo, Matadores... una verdadera
colección de motes nacidos en diferentes épocas y por distintas razones, entre los
que acaso uno pueda destacarse como “el” apodo por excelencia:
El Ciclón
.
Y es que eso es San Lorenzo desde el fondo de los tiempos. Un ciclón de fe en sus
posibilidades, capaz de creer en sí mismo contra viento y marea, de hacerse fuerte en las
circunstancias más difíciles y de arrollar a sus rivales en base a
convicción antes que a cualquier otro atributo.
Así lo enseñaron en aquellos lejanos años del amateurismo hombres como
Luis Monti, alma y nervio del equipo que dio al club sus primeros títulos de
Primera División en en 1923, 1924 y 1927. O como
Jacobo Urso, cuya devoción por los colores azulgranas lo llevó a morir instantes
después de un partido frente a Estudiantes de Buenos Aires, que había querido seguir jugando luego
de sufrir el durísimo choque con un rival que terminó quitándole la vida.
También, ya en la era profesional, fue un “ciclón” aquel campeón de 1933 que, con
varios jugadores provincianos como los santafesinos
Gabriel Magán y
Genaro Canteli, dio al club su apelativo de “Los Gauchos de Boedo”. Y
si bien agregó un juego muy vistoso a esa base de fuerza y coraje, fue asimismo otro
“ciclón” el San Lorenzo campeón de 1946, uno de los más brillantes equipos de la
historia del fútbol argentino, que arrasó con sus rivales gracias al juego inigualable de
Farro, Pontoni, Martino y otros cracks.
No menos “ciclón” que aquellos fue el San Lorenzo que en 1959, con
José Sanfilippo como goleador implacable, dio al club una nueva estrella. O
ese glorioso conjunto de los “Matadores” que en el Metropolitano de 1968, dirigido por
el brasileño
Tim y con figuras de la talla de
Rafael Albrecht o el
“Lobo” Fischer, logró para la institución el orgullo de coronarse como
primer campeón invicto del profesionalismo.
Luego fue el turno de los “ciclones” que en 1972 dieron al club el bicampeonato,
de la mano de un equipo que, bajo la dirección técnica del “Toto”
Juan Carlos Lorenzo y con figuras como el
"Ratón" Ayala y
"Cacho" Heredia, resumió a la perfección todo el vigor físico y la fe ganadora que
desde los albores de su historia San Lorenzo hizo sentir sobre sus rivales.
Muy parecido fue el conjunto que dos años después, en el Nacional de 1974, ya con
Osvaldo Zubeldía como DT y con los "taponazos" de
Héctor Scotta como principal arma goleadora, volvió a soplar como un verdadero
“ciclón” para ganar el campeonato frente a rivales tal vez con más técnica, pero sin
ese entusiasmo a prueba de balas de los de Boedo.
Tuvieron que pasar muchos años y muchas tristezas, como la
pérdida del estadio en 1979 y el
descenso a la “B” de 1981, para que el club volviera a lograr un nuevo
título. En el medio, pasaron también muchos equipos que debieron ser “ciclones” a la
fuerza por sucesivas crisis institucionales, sin más recursos para arrasar con sus rivales que su
fe ganadora y el aliento de una hinchada que nunca dejó de acompañar ni de creer.
Pero llegó la inauguración del “Nuevo Gasómetro” en 1994 y el “Ciclón”
volvió a soplar con fuerza para llevarse el Clausura 1995, un nuevo logro que, más que a la calidad
de su juego, pareció premiar ese espíritu aguerrido y triunfador que, por supuesto, volvió a
estar presente en 2001, en ese que hasta ahora era el último campeonato obtenido por la
institución.
Hoy, con un técnico consustanciado con el fútbol de
“galera y bastón” que tradicionalmente caracteriza a River Plate y
casi con el mismo plantel que fracasara rotundamente en el campeonato anterior, San Lorenzo
nuevamente es campeón. Y en ello mucho tiene que ver esa identidad histórica que desde hace
muchísimos años define a los “azulgranas”.
Si hubiera que rescatar un atributo clave en este San Lorenzo de Ramón Díaz, efectivamente,
ese no sería otro que su fe. Esa fe para marcar, correr, presionar e ir en busca del gol
que, junto al fútbol de Ledesma y compañía, representa ya la verdadera "marca en el orillo" de un
conjunto que, como lo ordena la historia, fue un auténtico “Ciclón” tanto en la cancha
como en las tribunas. Y que, por eso, hoy vuelve a gritar “campeón”.

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