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Sólo me importa Sarah Bernhardt

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Por Marcos López* | 13.06.2007

Cuando hago el ejercicio de pensar en fotografía, siempre termino escribiendo obviedades. Me arriesgo a decir que hasta Susan Sontag –la más inteligente de todos/as– caía en lugares comunes cuando escribía sobre la fotografía. Y eso que tenía el privilegio de tener al lado a Annie Leibovitz –la mejor de todos/as– haciéndole un mimo cariñoso y trayéndole té con leche en camisón y pantuflas mientras ella se concentraba en escribir. Si se trata de fotografía antigua, peor.

Es todavía más difícil ser original. Enseguida aparece el paso del tiempo como parámetro de peso en la valoración estética, el click como sonido de la muerte, la necesidad de perdurar, lo químico como hecho poético, el problema de quedar fijado en una imagen y que en ese acto se entrega una parte del alma… La diferencia con el hecho pictórico. Por ejemplo: la que está en la foto de Nadar “es” Sarah Bernhardt.

Así “era” Sarah Bernhardt. Pero no puedo afirmar que así “eran” las meninas de Velázquez. Me parece que así se le ocurrió –o así le salió– pintarlas. Me acuerdo de esa imagen cada vez que se menciona a Nadar. La que se le ven los hombros, la que sugiere su desnudez cubierta por ese mantón blanco.

La verdad, no me importan ni sus viajes en globo haciendo las primeras fotos aéreas de París, ni cómo iluminaba las catacumbas, ni lo que se dice de que inventó el reportaje fotográfico... Si lo dice Wikipedia, debe ser cierto. La investigación no es mi tema. A mí sólo me importa Sarah Bernhardt: cómo llegó al estudio de la rue Saint-Lazare, si fue sola, si tomaron algún trago para distenderse… Imagino a Sarah haciendo un petit show privado, diciendo: “Aunque usted no lo crea, me da mucha vergüenza posar para las fotos…”. Nadar acomodándole los pliegues del manto sobre su torso, y rozando –sin querer– el dorso de su mano sobre la sublime tersura de sus hombros.. No hay pintura que pueda dar fe –dar crédito– de esa tersura. No hay mejor luz que la del cielo de París para un retrato en blanco y negro. Ella existe/revive/perdura/me acompaña/se multiplica en el ciberespacio gracias a esa foto de Nadar.

*Fotógrafo.

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