Mientras la crisis energética afecta cada día más a todo el planeta, poniendo en verdadero peligro
el futuro del hombre, el poderoso empresario
George Soros critica la política de Estados Unidos de
“creerse lo bastante poderoso como para afrontar estos problemas por sí
solo”, cuando en realidad se requiere de “la cooperación internacional”.
“La crisis energética puede interpretarse como la otra cara de la globalización. En qué
grado llegue a poner en peligro nuestra civilización dependerá de cómo la afrontemos”,
sostiene Soros en su libro “Tiempos inciertos” (Debate).
El núcleo de la crisis energética global es la actual
restricción de la oferta de petróleo. El consumo supera ampliamente el
descubrimiento de nuevas reservas. Por ejemplo, en 2004 se consumieron 30.000 millones de barriles,
pero sólo se descubrieron 8.000 millones.
Un geofísico estadounidense,
M. King Hubbert, construyó un modelo teórico de la disponibilidad de las reservas
de petróleo (punto crítico de Hubbert), y basándose en dicho modelo, en 1956 predijo que la
producción petrolífera de Estados Unidos alcanzaría su punto crítico entre 1956 y 1970, mientras
que en 1971 predijo que la producción mundial haría lo propio entre 1995 y 2000.
Cuando un yacimiento ha agotado ya la mitad de sus reservas (que es cuando se considera que
alcanza su punto crítico), se hace cada vez más difícil extraer el petróleo que queda.
Otro factor a considerar es que la demanda ha sido fuerte en los últimos años como
consecuencia de la fortaleza de la economía global y, además, al auge de
China y otros países en desarrollo, que
hacen un uso de la energía menos eficiente que las economías maduras.
También influyen otras conexiones de tipo político que influyen en la crisis energética
global. Para Soros
“la amenaza real es que los terroristas, y otros – los piratas en Nigeria y
Hugo Chávez en Venezuela – podrían interrumpir la cadena de suministro de
energía”.
Una posible solución podría ser la obtención de un combustible
libre de carbono a partir del carbón, para lo que se requerirían inversiones
sustanciales en nuevas tecnologías.
En este contexto, Soros plantea que uno de los errores de Estados Unidos
“es creerse lo bastante poderoso como para afrontar estos problemas por sí
solo”, cuando en realidad se requiere de “la cooperación internacional”.
Hay varias situaciones que deberían replantearse. China es un ejemplo: hasta 1993 era un país
autosuficiente en cuanto a petróleo y en la actualidad importa casi la mitad del que consume. Sin
dudas, sería un país con un genuino interés en experimentar un desarrollo energético más armónico,
pero en su afán de buscar fuentes de energía alternativas se ha convertido en "
cliente de diversos regímenes deshonestos de Africa y Asia central".
Europa debería tomar la iniciativa en lo que a cooperación energética se refiere, ya que
actualmente tiene una fuerte dependencia del gas natural, con Rusia como principal proveedora. "
Esto hace a Europa particularmente vulnerable, ya que Rusia ha empezado a utilizar su
control sobre las reservas de gas como arma política", afirma.
George Soros ha sido uno de los hombres de negocios más influyentes del siglo XX. Nacido en
Hungría, su familia de origen judío sobrevivió a la ocupación nazi de su país para luego refugiarse
en Londres. Después de instalarse en 1956 en Estados Unidos, creó uno de los fondos de inversión
más importantes del mundo.
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