Londres - Imposible de encasillar, el pintor, fotógrafo, escenógrafo, escritor y
artista experimental
David Hockney , quien practicó el pop art, el naturalismo y el cubismo, celebra
este lunes su 70 cumpleaños fiel a su estilo: como uno de los artistas contemporáneos más
solicitado y celebrado como superestrella tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, su
"segunda patria".
"Lo que hace a
David Hockney un artista tan grande", dijo alguna vez su colega Peter Blake, "es
que jamás deja de desarrollarse. En cuanto te acostumbras a lo que está haciendo, ya acomete un
nuevo experimento".
Bajo la influencia de Francis Bacon y Pablo Picasso,
Hockney pintó, imprimió, dibujó e hizo collages, cambió el pincel y la pluma por
la cámara, la fotocopiadora y la computadora, proyectó escenografías operísticas, pintó un auto y
diseñó la portada de una guía telefónica o etiquetas de botellas.
En una serie monumental de 96 lienzos plasmó de forma impactante el Gran Cañón del
Colorado. Pero
su obra más representativa se compone de los cuadros de piscinas, en los que reflejó con
azules fríos y colores luminosos la atmósfera del sol, el verano y el agua de California,
su patria adoptiva.
Hockney extrae sus motivos del entorno inmediato: pinta a sus amigos, su perro, su
casa, las habitaciones donde se alberga en sus viajes o los paisajes que visita. Apenas unos pocos
motivos son imaginados. Retratos, naturalezas muertas y paisajes son sus temas principales.
"Pinto lo que quiero, cuando quiero y donde quiero", repetía con placer el pintor,
uno de los artistas plásticos más ricos del mundo.
"Pinto sólo para mí". Pero todo indica que otros también disfrutan con su arte:
sus obras se subastan a millones de dólares.
En los últimos tiempos,
Hockney se mostró públicamente en Gran Bretaña, más que como artista, como apasionado
fumador. Como uno de los líderes de las protestas contra la rigurosa ley antitabaco dijo:
"Fumé toda mi vida y no dejaré que ningún gobierno me lo prohíba". Desde entonces,
Hockney sólo aparece con un cigarrillo en la boca.
Hockney se crió en Bradford, norte de Inglaterra, y estudió en el Royal College of
Art de Londres. A principios de los 60 huyó de la melancólica bruma londinense, pasó por varias
cátedras en universidades estadounidenses y terminó por asentarse en Los Angeles.
En los 80 y los 90, el pintor, conocido por su abierta homosexualidad, vio cómo el Sida
llevaba a varios de sus amigos. Casi sin audición desde hace años, se lamentaba recientemente de la
profunda obsesión de la juventud por la música y el ruido: "Ya todo gira en torno al sonido. La
gente ya no mira. Para mí, sin embargo, los ojos son mi mayor felicidad".
Fuente:
DPA
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