La tecnología es protagonista ineludible de este siglo XXI, a tal punto que ya a nadie sorprende la
difusión que puede alcanzar el mero lanzamiento de un nuevo teléfono celular. El planeta se rinde,
fascinado, a los pies de los adelantos tecnológicos, aunque muchos de ellos provoquen demasiados
“efectos colaterales”. O como sostiene
Umberto Eco, nos empujen a lamentables pasos hacia atrás. Como los
cangrejos.
“Este comienzo del tercer milenio – afirma el escritor y semiólogo italiano - ha
sido pródigo en pasos de cangrejo: después de los cincuenta años de guerra fría,
Afganistán e
Irak nos retrotraen triunfalmente a la guerra real o guerra caliente, y surge un
nuevo episodio de las
Cruzadas con el choque entre el
Islam y la
cristiandad”.
Eco plantea la paradoja que estos alarmantes retrocesos se estén multiplicando en el siglo de
los grandes avances de la humanidad en materia de comunicaciones, tecnología y ciencia.
En su nuevo trabajo “A paso de cangrejo” (Debate), destaca que la
pérdida de la privacidad es uno de los principales fenómenos que surgieron en los
últimos años, a partir de cuestionables usos de la tecnología de la televisión, internet y
teléfonos celulares.
Chismes eran los de antes. “Una de las tragedias sociales de nuestro tiempo
ha sido la transformación de esa
válvula de escape, bastante útil, que era el chisme
”, señala. Eco diferencia entre el chisme clásico, que se hacía en el pueblo
y cumplía funciones de
cohesión social, con la aparición del denominado chisme moderno, de la mano de la
prensa.
Las primeras publicaciones especializadas que se dedicaban a los chismes desnudaban la
intimidad de personas que, debido a su trabajo, se exponían voluntariamente a la observación.
“El juego era tan claro que los lectores no pedían la verdad, lo único que pedían era
justamente entretenimiento”, explica. Pero luego, la denominada prensa seria también debió
dedicarse a este tipo de información. “
Inventar una noticia – aclara -
no significa informar de un acontecimiento que no se ha producido, sino convertir en
noticia aquello que antes no lo era”. Antes, se hablaba de víctimas, pero luego ser
objeto de un chisme (público) se fue convirtiendo en signo de estatus social.
En una segunda fase, la televisión creó programas en el que las propias víctimas del chisme
se presentaban encantadas a contar sus secretos . El chisme se convirtió, sin dudas, en una
exhibición. “No hacía falta esperar a programas como
Gran Hermano, que condena justamente al
voyeurismo nacional a personajes que, por la decisión misma que han tomado,
figuran ya en la lista de quienes necesitan asistencia de un psicólogo. Mucho tiempo atrás, ya
habían aparecido ante las cámaras personajes que discutían con el cónyuge sobre traiciones
recíprocas y se abofeteaban en público”, critica Eco.
Antes, el secreto más secreto era el de confesión. Ahora, el confesionario mediático de
“Gran Hermano” se transmite en vivo y en directo.
Del talk show a internet. Otro atentado contra la intimidad lo constituyen los
talk show de la televisión. Como si fueran los antiguos tontos del pueblo, se invita a participar a
ciertos personajes – no necesariamente retardados - para que todos se diviertan y burlen de
ellos. “Antes, al tonto del pueblo se lo emborrachaba para que divirtiera a todos y luego,
alguien, lo acompañaba ebrio hasta su casa. Pero al
insipiente televisivo nadie lo cuida. Solo se lo anima para que nos divierta, como
antes se hacía con las enanos y las mujeres barbudas para que se exhibieran en el parque de
atracciones”.
Un fenómeno análogo se está produciendo en internet.
“A menudo la creación de una página obedece tan solo al deseo de exhibir la propia
normalidad, o más bien anormalidad, sórdida”, sostiene Eco después de encontrar la
página de un hombre que no tuvo mejor idea que exhibir la foto ¡de su colon!. “En estos, como
en otros casos de
renuncia voluntaria a la privacidad, nos encontramos ante
abismos de desesperación que deberían inducirnos a una indiferencia compasiva.
Pero el exhibicionista (y este es su drama) no nos permite ignorar su vergüenza”.
El último fenómeno social producto de la tecnología, que contribuye a terminar con la
privacidad, es el cada día más utilizado
teléfono celular. Para Eco, los que hablan a los gritos, para que todos se
enteran, no están comunicando nada importante, sólo están contándole al mundo que existen, que
tienen una vida pública y que no tienen la menor intención en preservar su intimidad.
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