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Notas sobre nueva narrativa argentina

Generación es una palabra incómoda, resistida por casi todos los escritores. Pero tal vez sea la mejor para referirse a los narradores nacidos durante la década del 70, que de a poco comienzan a ocupar el campo literario local.

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Generación es una palabra incómoda, resistida por casi todos los escritores. Pero tal vez sea la mejor para referirse a los narradores nacidos durante la década del 70, que de a poco comienzan a ocupar el campo literario local. Dos años atrás me tocó editar un libro –La joven guardia (Editorial Norma)– que reunía a veinte de los nombres más destacados de la nueva narrativa argentina. Alguien escribió que una de sus mayores novedades fue la de ser el primer libro leído, discutido y criticado en Internet. Y puede que la definición no sea errada. Si aquel libro tuvo alguna otra virtud fue, también, la de poner en contacto a la mayoría de los autores antologados y generar desde encuentros de lecturas interprovinciales hasta algunos proyectos editoriales en común.
Algunas de esas ideas acaban de tomar cuerpo en forma de dos antologías temáticas: En celo (Mondadori), que apareció días atrás, y Buenos Aires 1:1. Los barrios por sus escritores (Entropía) que se distribuirá en agosto. Según afirman los propios editores de los libros, Diego Grillo Trubba y Juan Terranova, estas antologías –la primera: jóvenes escritores que abordan desde la ficción las diversas prácticas sexuales; la segunda, un mapa literario de la Ciudad de Buenos Aires– son, de alguna manera, desprendimientos de LJG. Pero lo cierto es que si hay, en los dos, muchos nombres que se repiten –Pedro Mairal, Washington Cucurto, Florencia Abbate, Alejandro Parisi, Gabriel Vommaro, Hernán Arias, Mariana Enriquez, Oliverio Coelho, Gisela Antonuccio–, también exceden aquel proyecto original y, en muchos sentidos, lo enriquecen, incorporando textos de escritores nacidos en la década del 80 o que desarrollan su trabajo narrativo en distintos formatos, como blogs y páginas web personales.
¿Qué rasgos, qué experiencias en común pueden rastrearse en esta nueva generación? Grillo Trubba habla, en el prólogo de En celo, de la asimilación sin conflictos de la tradición literaria argentina, de la prescindencia del gesto más habitual de inserción en el campo: el parricidio. Podemos arriesgar otra: que los conflictos históricos que influyen directamente sobre ella ya no son la guerra de Malvinas ni la dictadura militar, sino la crisis sociopolítica de 2001. Pero si hay una palabra que atraviesa a estos escritores de manera transversal es Internet. Terranova lo hace explícito en el prólogo de Buenos Aires 1:1: “Una de nuestras principales fuentes de energía –infinita, insaciable– fueron los weblogs, ellos mismos formadores de barrios con sus plazas para sentarse a descansar, sus días de sol, sus fábricas y sus autopistas. De los escritores que se agrupan aquí, la mayoría tiene un blog personal o participa de un blog colectivo, o ambas cosas. ¿Qué significa esto? No lo sé. Pero ahí están los medios digitales habilitando el intercambio con una fuerza atronadora. El paisaje se completa con el chat y el correo electrónico, herramientas a las que la organización y factura de este libro le deben prácticamente toda su logística”.
El surgimiento de estos autores corre de forma paralela a un fenómeno editorial de pequeñas proporciones pero de resultados insoslayables: la proliferación de editoriales independientes que supo trabajar los márgenes del mercado y enriquecer la oferta literaria de manera fundamental. En ese sentido, no extraña tanto que Entropía esté a cargo de Buenos Aires 1:1 como que Sudamericana haya publicado En celo, que se enmarca en una flamante colección (Mondadori-Reservoir Books) que promete extenderse este año y el siguiente, con antologías temáticas de relatos de ciencia ficción, sobre casos policiales reales y, cómo no, sobre la década del 90.


Maximiliano Tomas