Dio el “si” otra vez, porque
José Saramago, de 85 años y su amada, la periodista española Pilar del Río, de 57, ya se
habían casado hace 20 años en Lisboa. Pero además de esta feliz unión que viene a
reafirmar el amor que ambos se tienen –amigos de la pareja sostienen que desde que se
conocieron son prácticamente inseparables-,
el Premio Nobel de literatura es noticia por unas declaraciones que ofreció al
medio español
Diario de Noticias el domingo, donde aseguró que
Portugal acabará siendo una comunidad
autónoma de España, y que lo dos Estados formarán una nación nueva que
“probablemente” se llamará Iberia, para que no predomine un nombre sobre otro.
El escritor afirmó que
los portugueses aceptarían la "integración territorial, administrativa e estructural" con
España si fuese bien explicada:
"Con diez millones de habitantes, (Portugal) tendría todo que ganar en cuanto a desarrollo,
y no sería una cesión ni acabar con el país, continuaría de otra manera. No se dejaría de hablar,
de pensar y de sentir en portugués, (...) y no seríamos gobernados por españoles, habría
representantes de los partidos de ambos países en un parlamento único con todas las fuerzas
políticas de Iberia", declaró Saramago y se desató en vendaval.
Las críticas, los chistes, las adhesiones y las ironías comenzaron a llover en las webs y
blogs de los diarios de Portugal y de España, que con mayor o menor seriedad se
pronunciaron sobre la propuesta del escritor. “No tiene nada que ver unir España y Portugal
(Saramago y su demencia senil), con esta fiebre de la Confederación Ibérica donde coexistirían
"naciones" como Cataluña, Euskadi, Galicia, Andalucía, Portugal y ¿Castilla? Portugal es un país,
con una identidad definida y marcada, y España es otro país, con identidad también definida, aunque
les duela a esos nacionalistas que hacen titánicos esfuerzos para transformar esa identidad
española”, escribió en
Elpaís.com, un lector de nombre Bosco.
En cambio Enrique, otro español, se sumó a la idea de Saramago: “Me encanta Portugal.
¡Para qué quiere Portugal hacerse española! ¡Hagámonos nosotros portugueses! En serio, con fusión o
sin ella, creo que tenemos mucho que aprender los unos de los otros”.
El nacionalismo portugués también desató su bandera más reaccionaria:
“Más vale ser portugués un minuto que Castellano toda la
vida”, dijo JJ en un portal de ese país.
Hasta un argentino se sumó a la discusión en otro diario español, proponiendo que ambos
países se sumen a la Argentina: “Podríamos compartir a Messi como bien común, y quién dice
por ahí nos va un poco mejor en la próxima Copa América”.
Pero además se hicieron oir algunas voces oficiales, como por ejemplo la del ministro
de Asuntos Exteriores portugués,
Luís Amado, que dijo desde Bruselas que tiene una
"perspectiva completamente diferente" a la de Saramago, de las relaciones entre
los dos países. "Respeto mucho la figura del escritor José Saramago", dijo Amado a los periodistas,
"tiene todo el derecho a hacer esas declaraciones, es un pensador libre, pero tengo una visión
completamente diferente sobre la dialéctica de las relaciones entre Portugal e España para las
próximas décadas".
La utopía iberista de Saramago es un tema recurrente de su pensamiento desde que esbozó ese
pensamiento en su novela
La balsa
de piedra, de 1986. En ese libro, la península ibérica se desgaja de Europa por los
Pirineos y navega a la deriva por el Atlántico, aunque los dos pueblos siguen viviendo de espaldas.
Mientras los portugueses miran a América, los españoles añoran Europa. Al final, la balsa sigue
viajando hacia el Sur.
Mientras las repercuciones de los dichos de Saramago se expandían traspasando las fronteras,
el escritor contraía matrimonio, en estricta intimidad con la periodista y traductora de su
obra al español, Pilar del Río.
Según publicó hoy el diario
El País, la ceremonia comenzó ayer con un emotivo discurso de una periodista y amiga
personal de Pilar del Río quien, en alusión a cómo se conoció la pareja, dijo que "se encontraron
sin buscarse en las páginas de un libro -
Memorial del Convento, de Saramago-, ella untó de saliva su dedo y, al pasar la última
página, borró el punto y final". Es que
Saramago y Pilar se conocieron cuando ella, tras leer esa obra y quedar imprecionada con la
fuerza y el coraje del personaje feminino, Blimunda, fue a entrevistar al escritor y a parir de
allí no se separaron más.
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