Bagdad/Yakarta – Los iraquíes tuvieron algo para celebrar hoy por primera
vez en mucho tiempo al obtener sorprendentemente la selección de fútbol de su país la Copa de Asia,
venciendo en la final al
tres veces campeón Arabia Saudita por
1-0.
En una muestra de unidad que sólo el fútbol parece capaz de producir hoy en día en Irak, un
millar de fanáticos se reunió frente a los televisores en todo el país para ver a una selección
que, en otro caso extraño de integración entre las habitualmente enfrentadas etnias sunita y
chiita,
contó también con jugadores de ambas comunidades.
Por su parte, las autoridades instaron a los seguidores a no congregarse en grupos muy
grandes para evitar convertirse en objetivos de atentados como el que el último miércoles, en
ocasión de las masivas celebraciones desatadas por la clasificación del equipo iraquí a las
semifinales del certamen, dejó unos
50 muertos en el barrio Mansur de Bagdad al estallar dos coches bomba.
Cuando se escuchó el pitazo final,
miles de hinchas salieron a las calles a festejar desde los cafés y demás lugares donde
habían seguido el partido por televisión. La cadena
Al Jazeera aseguró que muchos, entre ellos miembros de las fuerzas de seguridad,
desafiaron un estricto cese del fuego impuesto por el gobierno para celebrar la victoria a su
manera,
disparando tiros al aire.
La selección iraquí
nunca había alcanzado las semifinales del torneo que reúne a las federaciones
asiáticas. Luego de sus victorias ante Australia en la primera ronda y la poderosa Corea
del Sur en semifinales, sin embargo, nadie dudaba que era un rival muy peligroso para los sauditas
en la previa de la final disputada este domingo en Yakarta, capital de Indonesia.
La gran favorita, no obstante, era la selección árabe, que
confiaba en establecer una marca sin precedentes en el torneo continental logrando por
cuarta vez consecutiva el título.
Finalmente, Irak, dirigida por el brasileño
Jorvan Vieira, logró el título por primera vez en su historia con un gol que el
delantero
Khalef Younis, de 24 años, consiguió cabeceando un córner a los 27 minutos del
segundo tiempo.
En el tiempo de descuento, Arabia
podría haber igualado la final por medio de Malek Maaz, pero su remate de cabeza
se fue alto y permitió desatar el ansiado festejo a las multitudes de iraquíes congregadas en bares
y todo tipo de lugares donde, pese a los estragos de la guerra, los televisores
pudieron llevar algo de alegría y unidad a una población desgarrada por sus
enfrentamientos internos y la invasión de las fuerzas comandadas por George W. Bush.
Fuente:
DPA.
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